Estados fallidos

Los politólogos y comentaristas de la actualidad hablan de “estados fallidos” para referirse a esos países africanos situados en los confines de la miseria y en los que cualquier poder civil o administración pública es inexistente y los ciudadanos quedan abandonados a su suerte. No hay mimbres. Gobiernan allí clanes mafiosos, bandas de delincuentes, hordas de bandoleros y personajes sin escrúpulos que se dedican básicamente a enriquecerse y enriquecer a sus amigos, jefes o vasallos a cambio de su servidumbre o del poder. No importa quien caiga por el camino ni las tropelías que haya que cometer para conseguir el botín. El pillaje es la filosofía de vida, la supervivencia del fuerte es la estrategia y el avasallamiento constante es la táctica.

Desde Europa es fácil y entretenido crear categorías para divertir tertulianos,  instaurar teorías políticas de salón y diagnosticar sobre el caos que viven esos países de cabreros, piratas famélicos que asaltan mercantes en balsas de goma y toman rehenes a decenas armados con un Kalashnikov de segunda mano. Se sentencia que esos son estados fallidos desde estos estados de aquí en los que, por ejemplo,  la decisión de una opulenta compañía eléctrica y la racanería de una multinacional especuladora son suficientes para cerrar una fábrica como Alcoa y mandar a la calle a 600 familias. El muy sólido Estado español se lava las manos. Nada puede ni quiere hacer el insípido, atildado y espeso ministro Soria, imitador de Aznar, gran protector de los piratas de la flota de Repsol y amigo de muchos de los honorables miembros de los consejos de administración de las muy sobradas empresas eléctricas españolas. Nada puede hacer el gobiernín asturiano, una pulga en el culo de un elefante. Nada puede hacer ninguno de todos estos capitanes de la patria porque hace tiempo que ha quedado claro que ni gobiernos, ni parlamentos, ni jueces, ni fiscales, ni sindicatos pueden darle la vuelta a la decisión del mercado, a la dictadura de la “competitividad” sin paliativos.

Los piratas de esta parte del mundo no son desarrapados adoradores de Alá. Son tipos con tres o cuatro papadas que manejan flotas de barcos, consejos de ministros y unos teléfonos móviles en cuyas memorias están almacenados los números justos a los que hay que llamar para que todo siga en su sitio. De manera que toda España y media Europa son estados tan fallidos como Somalia o Eritrea. La única diferencia es que los piratas de aquí van mejor vestidos y no actúan por hambre.

El ébola comenzó a ser alarmante cuando se contagiaron los europeos. Los estados fallidos son otra epidemia presuntamente africana que igual nos ha infectado ya sin remedio. El Cuerno de África limita con España.

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2 pensamientos en “Estados fallidos

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