Perros

Si pisar una mierda de perro es desagradable y engorroso, pero aún es pisar la mierda de tu propio perro. No puedes culpar a nadie de la incívica cerdada de la que has sido causante y víctima al mismo tiempo, tienes que recoger el cagallón y, además, deberás limpiarte la suela del zapato con la misma intensidad y detalle que si el zurullo lo hubiese soltado el perro del vecino. En esas circunstancias se descubre también que la mierda del perro de uno huele tan mal como la del chucho de cualquiera, aunque el excremento tiene un componente invisible que, además de afectar al olfato, afecta mucho más al amor propio. Resumiendo: el perro, la mierda y el error son todos propiedad de la misma persona, así como la jodida tarea de limpiar el zapato enmierdado.

PP y PSOE llevan años pisando la mierda de sus propias mascotas, unos perros que, pese a que se nos asegura que son de la pura raza de los guardianes de las esencias de la democracia, estuvieron atados con longanizas durante años y, ya sin control, tienden a depositar sus corruptelas en todas las aceras del estado de derecho por las que circula el personal. La primera reacción de socialistas y populares fue negar que el perro cagón fuera suyo aunque el microchip y la tarjeta del animal dejaban en evidencia al perrito que, además, movía el rabo muy contento cada vez que veía a sus amos. Los jefes de los grandes partidos fueron evitando como pudieron pisar las cacas de sus mascotas. Pero cuando los que mandaban pisaron mierda algunos de los perros fueron sacrificados de noche para que dejaran de cagarla y para que los amos tuvieran tiempo a limpiar la suela de los zapatos.

El problema es que la proliferación de zurullos es tan grande que ya no hay manera de disimular. Los grandes pisan a diario sus propias mierdas sin poder negar que el perro que las dejó es de su propiedad y sin que les dé tiempo a limpiarse los zapatos. Las huellas marrones van todas en la misma dirección, los perros son siempre los mismos aunque sus collares puedan variar. Los dueños ya no pueden ocultar el olor ni la su responsabilidad, se deshacen en disculpas con el vecindario asegurando que van a cambiar de perro, que lo sacarán de paseo a otra hora o que recogerán sus caquitas con esmero. Ya nadie se lo cree, claro está, porque cada mañana nos encontramos con una nueva historia de otro político, sindicalista o lo que sea que ha pisado su propia mierda y trata de limpiar el rastro y el olor sin conseguirlo.

El único candidato creíble desde ahora será aquel que tenga los zapatos siempre limpios, el perro bien educado y sea capaz de baldear las calles para retirar de nuestra vista toda la mierda que ya no deja dar un paso ni a quienes la han dejado ahí.

Anuncios

Un pensamiento en “Perros

  1. Pingback: Cinismo | Demasiadas palabras

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s