Diócesis

El arzobispo de Oviedo ha pedido a quienes apoyan la secesión de Cataluña que “pasen a confesarse”. En realidad no lo ha pedido, lo ha exigido porque los obispos nunca piden nada, lo ordenan. No ha aclarado monseñor Sanz si el separatismo es pecado mortal o solo venial, pero con sus órdenes de pasar por taquilla penitencial parece venir a indicarnos que hay una línea trazada, como en la copla;  los que están fuera de la Iglesia irán al infierno, eso ya lo sabíamos, y los que estén fuera de España, lo mismo. Esto es nuevo, porque poner a la misma altura las ofensas a Dios y a la Constitución no se había visto nunca. Es más, a los obispos en su mayoría no les ha gustado nunca la Constitución, pero se conoce que ahora que mandan los suyos y aunque se les ha escapado lo de la reforma de la ley del aborto siguen viendo en la Carta Magna un filón para meter baza en las cosas del Estado, que es lo que siempre les ha puesto muy cachondos desde que Franco entraba bajo palio en las catedrales. No sabemos si el arzobispo de Oviedo y otros más de sus colegas propondrán que los clásicos 10 mandamientos de la ley de Dios pasen a ser 11 incluyendo el de “no te independizarás” como novedad, o si la unidad del Estado será asimilable a la de la Santísima Trinidad: 17 territorios y una sola persona. Lo que ya ha dejado claro monseñor Sanz es que los independentistas tienen que confesarse de su pecado porque, al parecer, se entiende que España es algo asimilable al cielo y todo aquel que reniegue de la patria reniega también de valores eternos y, por tanto,  peca lo suficiente como para tener que rendir cuentas a las autoridades, a las civiles y a las religiosas. Este país vuelve a ir camino de la teocracia y ahora los obispos no solo se meten en la moralidad de lo que pasa de cintura para abajo sino que también lo hacen en el diseño del Estado. No han dicho nada aún sobre si el uso de tarjetas de crédito opacas también es pecado. Si alguna vez se reforma la Constitución Española es posible que en el grupo de expertos haya media docena de cardenales u obispos metidos a valorar el alcance teológico de las decisiones civiles. Hasta ahora habíamos conocido a los ponentes de la Constitución de 1978 como “los padres” de la Constitución. Los redactores de la próxima serán sin duda llamados los “santos padres”. España no es un país, es una diócesis. Amén.

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