Extracto

La lectura detallada del extracto de gastos de la tarjeta black de Rodrigo Rato en Bankia me reconcilia un poco con el personaje. Ya no me parece un tipo tan elitista y tan chorizo como me pareció al principio de todo este asunto. Las cosas como son. En primer lugar descubro que nos gustan los mismos restaurantes: la Zamorana, la Pondala, Casa Yoli… El ex ministro es un tipo de buen pico, de paladar bien educado y, fíjate, pese a haber sido director nada más y nada menos que del Fondo Monetario Internacional y de haberse paseado seguramente por las mejores mesas de reputados chefs internacionales, sigue apegado a su tierrina y a los productos sencillos. A ver si Christine Lagarde se da alguna vez una vuelta por Deva a comer una tortilla de patata de Casa Yoli. Ni de coña. Esa no pasa de la tortilla francesa escuálida. Rodrigo Rato sigue prefiriendo los huevos de aldea, bien grandes, como los que hacen falta para pulirse una tarjeta de crédito opaca con esa contundencia y esa contumacia. Don Rodrigo ha dejado en Asturias muchos miles de euros procedentes de la rapiña organizada en la que tomó parte durante años y eso, quieras que no, es un detalle que le honra. Mira a Fernández Villa, todo el día presumiendo de defender los intereses de Asturias y resulta que ahora se descubre que tenía la pasta escondida en el extranjero. El mundo al revés. Va ser verdad que el capitalismo salvaje es una única alternativa que nos queda para salir de la crisis. La hostelería asturiana debe mucho más a Rodrigo Rato que a Fernández de Villa, eso para empezar, y se lo debe además en cantidades abultadas porque algunas de las facturas abonadas a tarjetazos por el ex ministro no eran moco de pavo. ¿No dicen que los asturianos somos grandones? Pues él señor Rato el que más. Haciendo patria. Ese es otro detalle que ayuda a perdonarle estos deslices financieros que hemos pagado entre todos para rescatar Bankia. Cuando se defrauda pero se hace con la finalidad de comer marisco del Cantábrico en reputados establecimientos de Asturias y a lo grande, tenemos que ser indulgentes. Así que dejen ya de pedir que le retiren a Rato el título de Hijo Adoptivo de Gijón. Lo que hay que hacer es que sea ratificado en el primer honor y ,además, nombrarle Embajador de la Hostelería, Pregonero del Marisco o Padrino de la Tortilla de Patata. Hay que rechazar el pecado y compadecer al pecador, aunque si los centollos son del Cantábrico parece que da menos pena.

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