Eternidad

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Si el Más Allá existe y su aspecto y mobiliario se parecen en algo a la iconografía tradicional que nos mostraron el catecismo y a los grabados de Gustavo Doré, estaría bien saber si en el momento de morir Emilio Botín el sonido que se escuchó en las bóvedas de la eternidad fue un tañido de campanas o de cajas registradoras. No se equivocan quienes dicen que todos tenemos una deuda con Botín. Algunos tenemos varias. Lo que sí podemos afirmar es que la muerte de un banquero es una de las pocas que puede ser seguida hasta más allá de la vida. Hasta la fecha nadie ha vuelto del otro lado a decirnos qué pasa cuando la espichamos. Solo el alma de un banquero como Botín tiene energía suficiente para seguir emitiendo señales desde ese lugar que desconocemos. Si se muere el Papa de Roma no hay prodigios, no hay terremotos, ni meteoritos que cruzan el cielo, ni unos majestuosos acordes de Bach bajando de la estratosfera para dar la bienvenida al espíritu de un elegido hijo de Dios que acaba de entregar el equipo. Nada de nada. No hay manera de saber a donde va a parar el alma de los santos padres. Sin embargo, sabemos con casi total certeza que el alma de Botín saltó directamente desde su cuerpo mortal al Ibex 35 y desde allí sigue enviando mensajes a los vivos en forma de fluctuaciones de los mercados, subidas y bajadas de intensidad variable que son observadas por los brokers, los especuladores, los demás banqueros y los rentistas con el mismo fervor y el mismo temor reverencial con el que los peregrinos más sencillos van a  Alba de Tormes a venerar el brazo incorrupto de Santa teresa. Las almas de quienes han sido capaces de amasar fortunas al tiempo que arruinaban a millares de familias no van al cielo ni al infierno sino que vagan eternamente en el Ibex 35 . Podemos suponer que los papas Borgia pasaron del Vaticano al infierno o que Juan XXIII tiene un puesto de preferencia en los palcos del cielo católico, pero no dejan de ser conjeturas. Ahora bien, si nos preguntan que ha pasado con el espíritu del banquero santanderino podremos decir con escaso miedo a equivocarnos que se ha ido de cabeza al Ibex y que su memoria se perpetuará en cada crédito hipotecario, en cada desahucio y en cada latido de los mercados. El alma de Botín será inmortal en cada subida de los tipos de interés y pronto veremos cómo se organizan peregrinaciones a la Bolsa para que los más devotos hagan una genuflexión ante el índice bursátil de la mañana desde cuya altura nos observará el severo ojo de Botín, inmortal y eterno como el capitalismo, única verdad inmutable, ajena a los dioses, los cielos y los infiernos y autor de su propia y privada eternidad.

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