Reinventarse

Con la pila de trienios que me ha llevado saber quién soy, resulta que ahora todo el mundo me recomienda reinventarme. Como si todo consistiera en darse a uno mismo una mano de chapa y pintura para salir del paso de los años y escapar de las garras del tiempo y de las del espejo. Casi toda la gente de mi edad va a al gimnasio, corre por ahí o se tumba en la consulta del coaching para tratar de seguir pasando las iteuves de la vida. Algunos mueren de un infarto en pleno esfuerzo de rejuvenecimiento, otros terminan con las rodillas destrozadas en una caleya, y los más se pasan el día dando la barrila en las redes sociales publicitando cuántos kilómetros han corrido, caminado o pedaleado. El caso es reinventarse. La gente no para de contarle al mundo donde ha comido el último cachopo o en que puerto de montaña ha perdido el bofe para sentirse algo menos viejos y en fase de reinvención. La cuestión es reinventarse teniendo cuidado de no reventarse, ser una persona nueva que escape como sea de esa otra que nos acompaña desde siempre y que comienza a pesar cada vez más y a ser una cara cada vez menos conocida cuando nos mira desde el espejo. Reinventarse es un consejo muy repetido aunque cuando uno se lo brinda a sus amigos como último recurso o se lo repite a sí mismo en momentos de crisis no sabe muy bien de qué coño está hablando. ¿Y si el yo reinventado sale todavía peor que el modelo actual? Pasa a veces con los coches, que la versión nueva es peor que la de antes y la agente dice eso de que los experimentos hay que hacerlos gaseosa, no con champán del caro. Yo pienso cada lunes es reinventarme o, al menos, en ponerme a dieta pero no suelo conseguir ninguna de las dos cosas. Temo al ser vivo que pueda aparecer en el mundo tras una reinvención de mí mismo. Miren la chapuza que le salió a Dios con la Humanidad pese a contar con mucho más tiempo y medios que cualquiera de nosotros y tener la ventaja de empezar desde cero. Y si hace años que no tengo dinero para ir al dentista no tiene sentido pensar que lo tendré para ir a un coaching de esos que tratan de hacerte creer que eres un líder, que tienes en tus manos un poder impresionante para transformar tu entorno, para dejar de ser un parado de larga duración, para publicar esa novela que llevas dentro con solapas y todo, para hacerte emprendedor y terminar con tus penurias. Es imposible liderar nada cuando se le están cayendo los dientes y el pelo por mucho gurú que trate de convencerte de lo contrario. En fin que es lunes otra vez. Ustedes disculpen.

Ojos

Aunque solo sea por lo acertado de su título la película española candidata al Oscar de este año debería ganar el premio por aclamación: “Vivir es fácil con los ojos cerrados”. En efecto, la única manera posible de vivir en España con cierta facilidad de un tiempo a esta parte es hacerlo con los ojos cerrados. Mariano Rajoy gobierna así desde hace más de tres años y cada día se le ve más rollizo y optimista. Cuando abre sus ojitos de vez en cuando solo ve brotes verdes. La ministra de Sanidad, Ana Mato, descubrió un día un coche de lujo en el garaje de su casa en el que jamás había reparado antes. Esperanza Aguirre no vió a unos policías municipales que iban a multarla por infringir la ley. Es lo que tiene andar por ahí con los ojos cerrados. La familia Pujol lleva casi 40 años robando a manos llenas con un ojo cerrado y el otro abierto para que no se le pierda ningún billete de 500 euros, mientras toda la clase política catalana cerraba los ojos con fuerza para no ver el desfile de las furgonetas camino de Andorra. Una buena cantidad de obispos españoles cierran los ojos en pose mística y contemplativa haciendo que rezan para no ver los verdaderos problemas de las mujeres, para no ver a las mujeres en general, para condenar el aborto y bendecir todo lo demás. Hace muchos años que los banqueros no abren los ojos a otra realidad que no sea la de sus balances, y llevamos casi cuarenta años de democracia mandados por una clase política que, en general, padece una ceguera voluntaria y total frente a los verdaderos problemas de España. Vivir es fácil con los ojos cerrados es, en efecto, una frase que resume a la perfección el estado de cosas que nos ha llevado a este punto en el que estamos y del que no parece fácil que vayamos a salir. Y la consecuencia de que todo esté dirigido por ciegos de conveniencia es este sentimiento generalizado de que vamos a tientas un mes tras otro, entre tinieblas, teniendo que seguir el camino marcado por unos lazarillos tullidos que han elegido perder de vista lo que no quieren ver con el fin de intentar convencernos a todos de que en España no hay pobres, ni parados, ni viejos abandonados, ni discapacitados sin medios, ni millonarios impunes. Ellos no los ven y los demás ya empezamos a estar cansados de lo difícil que es vivir con los ojos abiertos.

 

Referéndum

Si el abad de Covadonga fuera el de abad Montserrat, si en el Niemeyer de Avilés se hubiera distraído tanta pasta como en el Liceo de Barcelona, si el caso “Marea” fuera el agujero de Banca Catalana, si la inexpresividad institucional de Javier Fernández tuviera tanto eco en Madrid y los pusiera a todos tan nerviosos como lo hace la grisalla mortecina de Artur Màs, y si en vez de haber sido el hazmerreir de España por un timo tan vulgar como el del ‘petromocho’ nos hubiera gobernado durante 34 años un presidente que se lo llevaba crudo a Andorra con su banda de golfos apandadores en plan Blancanieves y sus siete enanitos-hijos defraudadores, Asturias sería sencillamente Cataluña y aquí se nos habrían quitado de un plumazo muchos complejos de aldeanez e inferioridad que arrastramos desde hace años. Hay mañanas que uno se levanta con ganas de ser catalán aunque sospecho que la barretina me sentaría como un tiro. Solo quiero ser catalán para tener la sensación de que mis problemas y los de la comunidad en la que vivo tienen la misma trascendencia que si hubiera yo nacido en Castelldefels. Si Joaquín Pixán fuera Serrat, si Maxi Rodríguez fuera Albert Boadella, si el “Asturias patria querida” fuera “Els segadors”, si el 8 de septiembre no hubiese quedado reducido a una procesión doméstica y folclórica con homilía en la que la teocracia domina a la democracia y la rogativa se superpone a cualquier reivindicación, y si, digo más,  el asturiano fuera idioma subtitulado como lo es el catalán cada vez que un político catalán sale en un telediario, los asturianos no tendríamos que andar por ahí pidiendo perdón por existir y explicando que con más de veinte siglos de historia propia documentada ya se es una nacionalidad histórica sin necesidad de mayores justificaciones. Y no digamos nada de lo que pasaría si la Variante de Pajares estuviera en el Tibidabo,  el Musel fuera el puerto del Barcelona o la autopista del mar que nos acaban de birlar de Gijón tuviera salida desde algún puerto de la Costa Brava. No habría indignación bastante para contener las airadas protestas de nuestros representantes en todos los foros nacionales e internacionales en los que deberían ser escuchados en inglés y catalán con subtítulos. Así las cosas yo pido un referéndum para Asturias en el que la pregunta no sea si queremos dejar de ser españoles, sino si desearíamos ser catalanes. Igual hay sorpresas.

Marcos

Marcos Muñiz quiere hacerle el boca a boca por enésima vez a IU, de nuevo al borde de la muerte política merced a sus propias miserias, a sus desamores apasionados, a quienes la utilizaron de  muleta, de babero o de jubilación y a los que la dejaron usar y tirar, a los que nunca entendieron del todo el filón sociológico que tenían entre manos, a la peña que se niega a retirar la momia de Lenin del salón y a quienes preferían votar sobre seguro aunque en la barra del bar se daban golpes de pecho en defensa de la clase obrera. Marcos pudo haberse conformado con mantenerse dentro del carril marcado desde su nacimiento por el hecho de ser hijo de un mito de la izquierda asturiana. Un mito prematuro e involuntario pero cuya memoria fue perfectamente administrada por aquella izquierda apaleada de la Transición que se agarraba a un muerto ardiendo para reivindicar su papel en la historia, para sacar la cabeza y respirar en medio de toda aquella grisalla de uniformes, bigotitos fascistas y tecnócratas de misa y comunión diaria. Pero parece que Marcos Muñiz ha sobrevivido bastante bien a su propia historia, ha dejado de ser el “el fiu de Juanín” a secas y busca su propio estilo político al margen de quiénes lo mismo esperaban hacer de él una reliquia para enseñar a las visitas en los desfiles de la Plaza Roja. Marcos Muñiz opta a la reelección como coordinador de IU en Gijón en medio de una nueva operación rescate de una organización que ha vuelto a ser el escenario del enésimo duelo en “Ok corral” después tres años de hacer el ridículo en el Ayuntamiento de Gijón con un grupo municipal demasiado parecido al camarote de los hermanos Marx aunque sin gracia. Rota la cuerda, callados los tenores de opereta y desaparecidos los trapecistas, IU necesita ponerse en orden antes de que se la coman por la izquierda y por la derecha. IU inventó “Podemos” hace veinte años pero no se dio cuenta, no fue capaz de patentar la marca y desarrollar el modelo. Lo que ellos no hicieron otros lo han sabido capitalizar. Lo que le queda ahora es ser capaz de volver a las raíces para no convertirse en “No pudimos”. Marcos Muñiz, con un perfil demasiado complaciente y pactista para sus detractores, tiene a su favor un consenso amplio, un compromiso con IU que otros no pueden acreditar con su misma intensidad y un perfil político y humano que ha resistido con igual entereza la tentación de vivir a costa de ser un niño prodigio de la clase obrera y la de sucumbir a las calumnias de quienes han querido acabar con él por la vía de la difamación. Los militantes de IU tienen la palabra y Marcos Muñiz una posibilidad de demostrar que aún es posible hacer política en serio.

Animales

La carnicería del toro de la Vega y la televisión charcutera que se hace en España tienen la misma raíz cultural por no meternos en honduras con Wert y Gallardón y sus conceptos de educación, cultura o igualdad. Presenciar como unos tipos corren pìca en ristre por una campa de Tordesillas persiguiendo hasta la muerte a un bicho noble e inocente, o ver como hacen lo propio Paz Padilla y sus lanceros, o Toñi Moreno y Mariló Montero con su desahogo poligonero permite concluir que este país está construido parcialmente sobre una serie de ritos que comparten una misma base filosófica que emana del intestino grueso, el palillo en la boca, el desprecio por el débil y el garrotazo como pieza más sutil del argumentario almorranero que manejan los matarifes varios. “Y si no aguantan las bromas que se vayan del pueblo”, añadirán todos a uno los cabestros de Tordesillas o los de Telecinco ante los que protestan porque el espectáculo da asco. Y lo dirán para defenderse con la arrogancia desdentada y salvaje de aquel paleto que parodiaba Gila y cuyo sentido del humor consistía en poner petardos en la boca de la gente mientras dormía la siesta y ver como estallaban. “Si no aguantan bromas que se vayan del pueblo”, sentenciaba el tipo. Cualquiera ve el hilo conductor de esta procesión: sangre, acoso, bronca, voces, gente sudada y algo bebida que maneja la grosería y la brutalidad con soltura pero, eso sí, todo ello envuelto para regalo en una apelación constante a este “buen fondo” que, al parecer, tenemos los españoles a pesar de las apariencias brutales y, por supuesto, a la “tradición” que todo lo justifica. Lo del toro de la Vega, lo de la televisión casposa y todo lo demás forma parte de una manera peligrosa de entender España que no solo atañe a los animales. Una maestra y escritora en asturiano que se llama Iris Díaz Tueru lo explicó mejor que yo  el martes en su Facebook. Tomo prestadas sus palabras. “La cosa ye: ¿Queremos una sociedá que ría, insulte y escorra a pedraes al que piensa diferente? ¿Una sociedá que persiga en masa a un animal solu y disfrute cuando muerre desangráu? Paezme qu’esto va más p’allá de la protección animal”. Suscribo porque en esta cacería contra el sentido común todos somos piezas potenciales, todos somos animales necesitados de protección contra la barbarie. Cuanto más tardemos en entenderlo, peor para todos.

Zapeo

Nos metimos en las vidas de otros. Gente desconocida, aburrida, que llevaba ropa barata o de marca, olía bien o mal, vivía en pisos de cincuenta metros o en chalés señoriales, gente que parecía importante o anodina. Nos metimos en sus vidas porque nos pagaban por ello. Nos pagaban por hacer que aquellas personas parecieran noticias. Un día, tal vez dos. De aquello solo queda un ardor de estómago crónico y mucha indiferencia.

Ya no tienes la paz de los niños dormidos. Ni la que hay en los ojos de los perros o de los caballos. Los años causan imparables hemorragias de paz.

Ya sabes que los diarios personales no tienen sentido. Son falsos, son puras recreaciones  amañadas de recuerdos pasados por el colador de la memoria y la conveniencia. Un verdadero diario es esto: me duele la cabeza, el perro come pienso, hay una mosca en mi brazo, la tele emite películas para idiotas. ¿A quién interesa esto? Ni a mí.

Te lo advierto: eres incapaz de imaginar la persona que serás de dentro de veinte años. Si te cruzas contigo mismo por la calle dentro de veinte años es probable que no te reconozcas, es posible que ni siquiera te ayudes a cruzar a tí mismo la calle en un paso de peatones.

A Felipe González se le ha puesto la misma cara que a los gatos obesos y resentidos que viven bajo las faldas de señoras viejas y algo sordas que los malcrían a base de latas de paté caro para gatos.

Ojalá se pudiera cambiar de memoria cada 10.000 recuerdos como se cambia el aceite del coche cada 10.000 kilómetros.

Me dices que bebes para superar el miedo de estar sobrio. Me dices que beber es una afición tan respetable como coleccionar sellos o mariposas y que tu prefieres coleccionar resacas y ácido úrico. Dices que siempre has bebido para poder vomitar luego todas las sandeces que oyes a los sobrios. El alcohol es purgante. Brindemos por eso.

Javier Fernández no parece un presidente. No parece nada. Isidoro Álvarez tampoco parecía nada y era dueño de casi todo. A lo mejor lo que conviene es no parecer nada para ser de todo.

 

Biblia

Con motivo de la celebración en Gijón de Expobilia, la ciudad ha comenzado a ser escenario de algunas apariciones sobrenaturales dignas de haber sido consignadas en las sagradas escrituras. Santiago Martínez Argüelles, conocido en otra época como Santi 2011, salió de su sepulcro político a la manera en la que Lázaro resucitó de entre los muertos. Al igual que el ilustre enchufado bíblico, Santi ya empezaba a desprender mal olor cuando fue obligado a salir de su caverna. Es lo que tienen los cuerpos humanos y los quesos asturianos, que si se dejan curar demasiado tiempo terminan por agusanarse. Argüelles llegó a la cabeza de lista del PSOE cuando quizás estaba demasiado verde para el consumo. Aunque ganó en concejales se tuvo que ir al banquillo, volvió a la cueva a madurar como si se tratara de un queso de Cabrales, pero ha terminado por transitar de verde a podre en poco más de tres años dejando a la izquierda de esta ciudad ayuna de una oposición a la altura de las circunstancias. Lo mismo trataba de imitar al presidente Fernández en esa pose tan suya de hacer el don Tancredo y le ha salido mal porque Santi no sabe disimular. A Fernández hay que reconocerle mucha más pericia que a Martínez Argüelles en parodiar la inexpresividad calculada de Buster Keaton. De modo que Santi 2011 ya no será Santi 2015. Argüelles ha reaparecido para desaparecer y dejar paso a José María Pérez, un socialista adelantado a Pedro Sánchez en el uso y lucimiento de camisas entalladas. José María Pérez fue elegido concejal en 2011, pero la idea de no tocar pelo de poder le provocó un miedo cerval y puso pies en polvorosa hacia el parlamentín de Oviedo. La ascensión de Pérez a las alturas de la política astur hizo pensar a algunos que la eterna joven promesa había muerto para el municipalismo. Pero vemos ahora que no estaba muerto, que solo estaba de parranda, como Blanco Herrera aquel amigo del difunto Peret, y que vuelve de su retiro en el monte Sinaí para liberar al pueblo de la esclavitud. José María dispone de un surtido fondo de armario, buena planta y buen discurso, aunque aún está por demostrar su capacidad para ganarse los puestos en primera línea de fuego y por su propia mano. Hasta ahora solo ha sido un aplicado segundón. Y en plena semana bíblica hemos asistido también a la anunciación por parte de la alcaldesa Moriyón de su deseo de relevarse a sí misma. Lo ha hecho con su habitual hilo de voz, una pose tan seráfica y una modestia tan contenida e inocente que tal parece que vaya a ser designada directamente por el Espíritu Santo. Ella se ha limitado a decir “he aquí la esclava del Señor”. Va ser verdad que todo está en la Biblia.

 

Eternidad

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Si el Más Allá existe y su aspecto y mobiliario se parecen en algo a la iconografía tradicional que nos mostraron el catecismo y a los grabados de Gustavo Doré, estaría bien saber si en el momento de morir Emilio Botín el sonido que se escuchó en las bóvedas de la eternidad fue un tañido de campanas o de cajas registradoras. No se equivocan quienes dicen que todos tenemos una deuda con Botín. Algunos tenemos varias. Lo que sí podemos afirmar es que la muerte de un banquero es una de las pocas que puede ser seguida hasta más allá de la vida. Hasta la fecha nadie ha vuelto del otro lado a decirnos qué pasa cuando la espichamos. Solo el alma de un banquero como Botín tiene energía suficiente para seguir emitiendo señales desde ese lugar que desconocemos. Si se muere el Papa de Roma no hay prodigios, no hay terremotos, ni meteoritos que cruzan el cielo, ni unos majestuosos acordes de Bach bajando de la estratosfera para dar la bienvenida al espíritu de un elegido hijo de Dios que acaba de entregar el equipo. Nada de nada. No hay manera de saber a donde va a parar el alma de los santos padres. Sin embargo, sabemos con casi total certeza que el alma de Botín saltó directamente desde su cuerpo mortal al Ibex 35 y desde allí sigue enviando mensajes a los vivos en forma de fluctuaciones de los mercados, subidas y bajadas de intensidad variable que son observadas por los brokers, los especuladores, los demás banqueros y los rentistas con el mismo fervor y el mismo temor reverencial con el que los peregrinos más sencillos van a  Alba de Tormes a venerar el brazo incorrupto de Santa teresa. Las almas de quienes han sido capaces de amasar fortunas al tiempo que arruinaban a millares de familias no van al cielo ni al infierno sino que vagan eternamente en el Ibex 35 . Podemos suponer que los papas Borgia pasaron del Vaticano al infierno o que Juan XXIII tiene un puesto de preferencia en los palcos del cielo católico, pero no dejan de ser conjeturas. Ahora bien, si nos preguntan que ha pasado con el espíritu del banquero santanderino podremos decir con escaso miedo a equivocarnos que se ha ido de cabeza al Ibex y que su memoria se perpetuará en cada crédito hipotecario, en cada desahucio y en cada latido de los mercados. El alma de Botín será inmortal en cada subida de los tipos de interés y pronto veremos cómo se organizan peregrinaciones a la Bolsa para que los más devotos hagan una genuflexión ante el índice bursátil de la mañana desde cuya altura nos observará el severo ojo de Botín, inmortal y eterno como el capitalismo, única verdad inmutable, ajena a los dioses, los cielos y los infiernos y autor de su propia y privada eternidad.

Poncela, Luis

La familia es ese grupo de personas que uno lleva adheridas a la vida por una mezcla extraña de genes, azar, coincidencias, acuerdos y desacuerdos. La familia no se elige: se admite, se rechaza o se disfruta. Y uno tiene la suerte de contar con una familia en la que abundan seres humanos de los que presumir y entre ellos está mi primo Luis Poncela. Hace unos meses recibió Luis fuera de Asturias un homenaje al cumplir 40 años de dedicación profesional al periodismo deportivo especializado en la hípica. No quise escribir nada entonces por no parecer oportunista y, sobre todo, por no apabullar a mi buen primo con lo que daba por sentado que iba a ser un torrente de elogios y homenajes procedentes de sus colegas de profesión en Asturias, eso sin contar con los halagos y tal vez alguna espicha, o medalla al mérito procedentes de las diversas asociaciones profesionales que cuidan de nuestro oficio. Pero se conoce que la información deportiva se colapsa a diario con los terremotos que se producen en Mareo, el Molinón o el Requexón y el reconocimiento periodístico de los colegas de la tierrina se hace esperar o se ha hecho con tanta sordina que uno no se ha enterado. De natural discreto y flemático como procede a un descendiente de Manolín “el inglés”, Luis Poncela no habrá perdido un segundo en estas consideraciones mías porque trabaja demasiado y demasiado bien para dedicar tiempo a sacar brillo al medallero. Uno solo quiere dejar aquí constancia de una carrera periodística hecha a mano, con mucho esfuerzo, miles de kilómetros a la espaldas, ilusión, criterio, personalidad y rigor. Es muy difícil resistir 40 años dedicado al periodismo y seguir manteniendo credibilidad, ganas y oficio. Es difícil plantar cara al incierto futuro de esta profesión, a los vaivenes editoriales, al cansancio o a las desilusiones. Es difícil pero ahí está Luis Poncela para corroborar que puede hacerse. Ahora que la información deportiva está pilotada por seres que parecen más dedicados a hacer noticia de sí mismos que a contar las noticias de verdad, las cuatro décadas de Luis explicando lo que pasa en la hípica nacional e internacional tienen un valor que ejemplifica lo que decimos cuando hablamos de periodistas de raza, de profesionales discretos, tenaces y serios. La prueba que disputa Luis es de potencia y comenzó en aquellos lejanos inicios adolescentes de tardes en Las Mestas pasando por los archivos con miles fotos en papel, los viajes interminables, el trabajo concienzudo, las fuentes informativas conseguidas y cuidadas, la opinión solvente mantenida con personalidad aunque resqueme y la bonhomía personal. Todo ello suma cuarenta años de un buen paisano y un excelente profesional de Gijón. Que sea por muchos años más, don Luis.

 

Amigos

Resulta que Mariano Rajoy tiene 160.000 seguidores falsos en las redes sociales, amigos de mentira creados un robot. Nuestro extraño presidente vive como hacía aquel personaje de “Familia”, la película de León de Aranoa, un tipo que contrataba a un grupo de actores que fingían ser sus parientes. Luego se meten con los que se van de putas: al fin y al cabo ellos también contratan gente para sentirse queridos como hace Mariano inflando su Twitter y sabe Dios qué más cosas. La trola que nos ha querido meter Mariano Rajoy era de esperar porque alguien que tiene la barba blanca y el pelo negro no es de fiar. Quien se engaña ante el espejo tiñendo las canas burdamente tiene todas las papeletas para acabar por falsificar el resto de las cosas que pasan en su vida, empezando por el Twitter y terminando por la declaración de la renta. Como hemos comprobado en los últimos tiempos Mariano y los suyos tienen mucha afición a jugar con lo números a su favor y, además, lo hacen dando por hecho que los demás somos todos idiotas y no nos damos cuenta. No hay más que oírles interpretar las listas del paro, calcular nuestros desgastes salariales, contar los millones fugados a Suiza o los que se han dedicado al rescate de los bancos, y no hablemos nada de los informes de la Unidad de Delitos Fiscales en los que la Policía dice que el PP ha pagado con dinero negro algunos arreglos en sus sedes de Pontevedra, Madrid y Logroño. En este último caso no hay comentarios marianos. La política es un oficio en el que los mentirosos han tenido por lo general un plus de ventaja sobre quienes no lo son. La mentira siempre se ha dado por descontada del mensaje político, pero los niveles de zafiedad a los que estamos llegando en los últimos tiempos hacen que los viejos trileros que timan a incautos en las calles con tres cubiletes y un garbanzo sean todos unos caballeros si se les compara con toda esta pandilla de abogados del Estado y registradores de la propiedad metidos a joder un país. Si rascamos un poco más en las estadísticas cocinadas que manejan el presidente del Gobierno y sus asesores, puede que acabemos descubriendo que el PP tiene tres o cuatro millones de votantes falsos y que las próximas elecciones se convocarán por Twitter. Atentos.