ELA

Uno no es nadie este verano sin montarse su propio numerito de lanzarse un caldero de agua por la cabeza en solidaridad, al parecer, con los enfermos de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Vaya por delante que a un servidor le parece una pijada de gran calibre esta cadena humana de gente que se remoja a voluntad con agua helada. Aparte de que hacerlo en verano tiene muy poco mérito y que donde mejor está el hielo es en un gin tonic, a uno se le escapa ya donde está a estas alturas el presunto fin humanitario de esta charlotada en la que lo accesorio, el espectáculo y la anécdota han dejado atrás a lo que era, al parecer, una nueva demostración urbi et orbe de que el mundo no es tan cruel como parece. Uno que es un cabrón con pintas tiene, además, serias dudas de que la mitad de los que se someten a estas duchas de impresión tengan idea alguna de lo que es la esclerosis lateral. Ustedes dirán, y con razón, que no hace falta saber nada de la enfermedad porque la clave del calderazo es que se haga en público, lo de menos es el fondo y lo que importa es la forma. El objetivo es que todo el mundo se entere de que uno está comiendo un torrezno, pensando en James Joyce o siendo solidario con el ELA, los perritos o los gatitos. Se ha terminado la privacidad, el anonimato, el vivir según aquello de que “no sepa tu mano derecha lo que hace tu mano izquierda”. (Esto de las manos les pasa a los del PSOE, pero esa es otra historia). En fin que nada tiene valor real si no sale en la televisión o en las redes sociales. Amador Mohedano es un caso un poco extremo de este afán por socializar actividades privadas, tal vez siguiendo aquel verso apócrifo atribuido por la tradición oral al bueno de Francisco de Quevedo cuando fue sorprendido haciendo sus necesidades en público: “hasta por el culo me conocen”, dicen que dijo el poeta. Mohedano ha hecho caca en un pedreru y de su desahogo hay testimonio audiovisual. Bastará que alguien convierta en un “reto” de internet cagarse en la playa y “nomine” a sus colegas para que toda la Red se llene de zurullos solidarios con, pongamos por caso, los enfermos de colitis ulcerosa. A uno le parece que estamos presenciando una epidemia de otro tipo de ELA, la Estupidez Lamentable Aguda, una dolencia que se extiende ante nuestros ojos más rápido  que la gripe y de la que, al tiempo, nadie está a salvo.

 

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