Fiarse

Si no fuera porque he visto esta mañana el saldo de mi cuenta corriente antes de leer los periódicos  pensaría que Gijón es una ciudad de fábula en la que todo va viento en popa. Hoteles llenos, Feria de Muestras a reventar y un carril bici de ensueño que permite apreciar en toda su densidad los atascos que debemos agradecer al turismo, no afear a la imprevisión de nuestro inútil equipo de gobierno municipal. Y no hablemos de España, un lugar al que la prosperidad ha venido a  quedarse o tal vez a jubilarse como los alemanes de Benidorm. Las noticias que publica mi cajero automático y el de mis amigos, los titulares que se escriben cada mes en nuestras nóminas cada vez tienen menos que ver con los que ofrecen los periódicos, radios y televisiones. Las noticias cotidianas no paran de contradecir a la realidad, aunque puede que todo se deba a nuestra falta de perspectiva y que lo que está pasando es que la realidad no es lo que vemos nosotros sino lo que sale por la tele. Por ejemplo, yo creo que esta es una democracia adulta, con todas las tetas como diría Miguel Ángel Rodríguez, y resulta que vienen los del ‘Hola’ y sacan en portada a todos los Franco que en el mundo quedan veraneando en el Pazo de Meirás. Solo queda reflotar el ‘Azor’ y salir a la pesca de subsaharianos con potera. Los descendientes de Franco se ríen a cámara batiente en la medida que el botox se lo permite, mostrando que la dentadura de la dictadura sigue teniendo piezas suficientes con las que devorar lo que le echen. Y me atoro aún más cuando veo que la madurez solidaria de nuestra sociedad con los enfermos de ELA se manifiesta mediante el lanzamiento de cubos de agua helada. El horror se completa cuando leo que cierto tenorín anuncia que cambiará la letra del himno de Asturias, canción de borrachos que puede acabar siendo adaptada por idiotas con ínfulas de poeta . O me engañan mis ojos, o me engaña todo lo demás. Este es un conflicto que Groucho Marx resolvió con maestría cuando lanzó una pregunta que debemos hacernos cada día ante lo que nos cuentan: ¿de quién va a fiarse usted, de mi o de sus propios ojos? Pues eso.

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