Veraneos 14

Alaska canta el Cara al Sol con la silicona nueva en toda la Escalerona acompañada por Lina Morgan, Carlos Rubiera y los de la cabra. Es la Semana Grande y el espectáculo debe continuar a ritmo del ébola que es la canción del verano. Llegan de Andorra unos gaiteros con barretina que llevan los maletines de Jordi Pujol. El Yoda sodomiza a España subido a un taburete mientras grita Más y Más. Donald Draper me ofrece un culín de sidra que va escanciado mientras cae con suma elegancia desde el ático del Bankunion Building por cuya fachada, a la sazón, asciende el Sporting de segunda división a primera depresión. Le siguen hordas de inmigrantes que trepan desde Melilla para conocer a Fátima Báñez y los milagros que hace con la Virgen del Rocío. Se suma al exorcismo el arzobispo de Oviedo que dona un riñón a la Virgen de Begoña con motivo de las fiestas patronales. Lo hace a riesgo de padecer la venganza de la Santina que siente unos celos pequeñinos y galanos mientras, despechada, aprende a cantar tangos papales con letra de Rouco Varela y Homero Manzi. Los arzobispos siempre hacen sus cálculos, aunque sean renales, y las vírgenes están ahí para aguantar lo que sea: bodas de luto, ofrendas florales, forales o foristas y bautizos con champán. Jovellanos se bajó de la peana el 6 de agosto por ser alérgico a las coronas y pasea en albornoz por el Muro pidiendo un polígrafo y un bolígrafo, buscando un digno e ilustrado sucesor y pillando sitio de preferencia para ver los fuegos. Pablo Iglesias se suelta la coleta y se convierte en Mario Vaquerizo y ríe como una hiena analfabeta al tiempo que  devora los despojos de los toros tullidos y descabellados del Bibio. Los toros mansos se suicidan a la vez que Robin Williams y se largan haciendo una peineta al respetable. “Si no aguantan bromas que se vayan del mundo”, declara Ruiz Gallardón apartando los muertos no nasciturus de la semana mientras se coloca la mantilla española bajo la que esconde a su hijo borracho. Se dice que el presidente silente, Javier Fernández, ha participado en el descenso del Sella de incógnito. Lo ha hecho buceando para acallar las voces de esos que dicen que aún no ha hecho nada digno de mención. “Llevo tres años aguantando la respiración. Ahora verán de lo que soy capaz”, declaró Fernández a un grupo de periodistas sordomudos que tomaban nota en cuadernos sin papel con bolígrafos sin tinta. Todos ellos son mancos. Se abre la puerta del ascensor y aparecen Jorge Javier y una ex novia de Paquirrín que me dicen “llevas la bragueta abierta”. Despierto con taquicardia bañado en sudor frío. Las siestas de verano son muy peligrosas.

 

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