Veraneos 11

Buscando el ocio veraniego y el aire acondicionado del cine soportó muy tardíamente el visionado de “Ocho apellidos vascos”, un bodrio con pretensiones sociológicas muy jaleado por el buenrollismo mediático nacional tan dispuesto a tapar las vergüenzas a Rajoy y Botín como a defender cualquier mierda como producto señero de la presunta #marcaEspaña. Tratando de darle otra oportunidad al segundo vicio solitario que más le gustaba, aprovechó las reposiciones veraniegas para ver “Noé”, inducido seguramente por una deficiente formación religioso-cinematográfica conformada a partes desiguales por películas tan dispares como “Ben-Hur” o “La aventura del Poseidón”. “Noé” era, en efecto, una mezcla bastarda de “Los Diez Mandamientos”, “El coloso en Llamas” y “Transformers”, o sea un pastiche audiovisual en el que a Russell Crowe solo le falta acabar abriendo un hotel rural con bodega propia, ambiente hippie, menú vegano y nombre pacifista en el monte Ararat, el sitio en el que, al parecer, varó el arca (de Noé, claro) con su zoológico portátil a bordo cuando escampó. Así que nada de cine. Es obligatorio el aire libre. Venga veranito, solecito, terracita, no seas ranciu chaval. Pero para quienes deciden que las playas serían maravillosas en caso de estar asfaltadas y vacías, el verano es una época dura para pasarla en una ciudad costera de provincias. Los turistas están muy bien para que los políticos hagan estadísticas y los hosteleros hagan caja, pero él formaba parte de quienes no soportaban la invasión y “postalización” veraniega de cualquier calle de su pueblo, y mucho menos formar parte de las exhibiciones en las terrazas vespertinas de pantorrilas y escotes requemados por sesiones de bronceado a tres turnos. Imposible tomar vinos donde el resto del año sin riesgo de ser pisoteado por el público o ninguneado por el camarero  No digamos nada de darse una vuelta por la Feria de Muestras sorteando comitivas de airadas autoridades, capitanes de la industria regional con cara de galleta revenida y fotógrafos que sudan la misma foto que el año pasado. Tal vez por todo esto cada mes de agosto sentía una extraña nostalgia del otoño, del frío y de las calles mojadas. En fin, un tipo raro.

 

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