Veraneos 5

Parece ser que la confianza del empresariado español en la recuperación económica comienza a crecer. La noticia publicada de forma muy destacada en un diario de los de color salmón venía ilustrada con unos diagramas muy serios y líneas quebradas que daban solvencia científica a algo tan etéreo como la confianza. Si le preguntasen a él cual era en este momento su nivel de confianza en la economía nacional e internacional no sabría expresarlo con un diagrama de barras. En su manera de entender las cosas la confianza es un sentimiento, una cuestión de fe que tiene poco que ver con la aritmética, como si un teólogo pudiera demostrar la existencia de Dios a base de hacer números. A pesar de todas estas reflexiones que a él le parecían bastante sensatas, la noticia sobre la confianza del empresariado era comentada exahustivamente y en términos muy favorables por varios expertos en análisis de coyuntura que posaban en las fotos cuidadosamente despeinados, luciendo gafas de diseño y trajes de Emidio Tucci. Todos ellos coincidían en opinar que un empresariado confiado es fundamental para mirar al futuro con fe. Junto a sus opiniones autorizadas y las gráficas de marras aparecían frases entrecomilladas de varios banqueros clásicos, presidentes de consejos de administración nombrados por este Gobierno o anteriores y, en general, tipos muy bragados, capitanes de la industria y las finanzas que siempre salían de las crisis con más millones de los que tenían al entrar. En fin. Se limpió el culo con la página del diario económico que le había ilustrado durante su deposición y tiró de la cadena. En el váter del albergue municipal en el que comía a diario ese verano desde que quedó en paro se había terminado el papel higiénico hacía varios días y solo quedaba la opción de limpiarse el esfínter con papel de prensa. Se subió los pantalones y salió raudo hacia la cola del comedor de caridad en la que pudo constatar un día más que el grado de confianza en la economía de los empresarios españoles no tiene nada que ver con la de quienes esperaban allí su bocadillo de mortadela rellena de desesperanza.

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