Brujería

Las brujas fueron personajes peculiares e incomprendidos, situados al margen de la sociedad, dotados de una capacidad poco común para relacionarse con la naturaleza, dotes de adivinación, manipulación y alcahuetería. La Celestina fue una de nuestras brujas de manual. En este grupo de iniciados en la nigromancia y las artes oscuras, de los que se sienten perseguidos sin razón, presa de una caza de brujas, quiere incluirse ahora don Ángel González, portavoz de IU en la Junta General del Principado que acaba de ser condenado a siete años de inhabilitación acusado de practicar malas artes de alquimia administrativa con la adjudicación de ciertos contratos para colocar monolitos en homenaje de las víctimas de la represión franquista. González insiste en su inocencia y se aferra al escaño como las brujas se aferraban a su escoba para salir volando si llegaba el Santo Oficio. Cada cual tiene sus amuletos de la suerte y el del portavoz de IU es el aforamiento, ese estupendo invento legal que, por arte de magia, hace que no todos seamos iguales ante la justicia. Tal vez Ángel González no pase de ser un aprendiz de brujo muy torpe y confiado o, por el contrario, sea un chamán muy sobrado al que han pillado con las manos en la masa antes de que el truco estuviera perfectamente disimulado. Tal vez don Ángel era un brujo novato cuando se hicieron aquellos discutidos contratos que se puso a celestinear porque se sintió a salvo de cualquier peligro protegido por ese manto de seguridad que da el poder. Sea lo que sea lo cierto es que su caso ha pasado por los tribunales con abogados, jueces y fiscales que han dictado una sentencia argumentada. Responder a esa condena con la cantinela de que el juez y el fiscal son oscuros representantes de la moderna Inquisición es caer en el mismo error que está dejando la Justicia española hecha unos zorros a fuerza de desacreditar a sus representantes cada vez que condenan a un político. Poner pie en pared, agarrarse al escaño y defenderse a manotazos invocando oscuras conspiraciones y hasta de la memoria de los muertos enterrados bajo los monolitos es un gran error de táctica y de estrategia. Si el diputado quiere defenderse deje su cargo, déjese de trucos y trabalenguas y dé ejemplo de actuar como un paisano que no tiene nada que ocultar. Si finalmente es exonerado, su valor cívico y político se habrá multiplicado y ganarán todos. Algunos pensamos que la izquierda era otra cosa, no un grupo más de participantes en este aquelarre cotidiano de caraduras. Lo mismo vivíamos hechizados.

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