Cachopos

Sandoval ha sido al Sporting de Gijón lo que el cachopo es la gastronomía: una simpleza. Ninguno de los dos aporta nada nuevo a sus respectivas disciplinas, pero ambos han conseguido mantenerse en el candelero a base de hacer de la necesidad virtud y de la repetición y la falta de originalidad sus señas de identidad. Sandoval lo ha conseguido a base de un discurso más propio de un vendedor de quincalla del Rastro que de un entrenador formado y con criterio. No hace falta ser un faltosu como Mourinho o un filósofo cursi y redicho como Valdano, pero entre ambas cumbres de manierismo futbolístico hay un término medio de normalidad al que el señor Sandoval no llegó nunca. La receta del sandovalismo dialéctico ha sido el discurso repetido, el discurso-cachopo muy rebozado, sazonado y relleno con el surtido clásico de disculpas, populismo, colores, malditos árbitros, guiños a la afición, victimismo y menciones a las glorias pasadas en las que él no tuvo arte ni parte. De la misma forma que la única originalidad que el cachopo puede aportar a la gastronomía es un tamaño descomunal y grotesco, propio de una dieta de hombres de las cavernas, Sandoval hizo que su discurso post-partido fuera cada fin de semana más torrencial y repetitivo, tan enorme como un cachopo de circo, consiguiendo que el creciente tamaño de sus disculpas y las bondadosas casualidades de algunos marcadores ocultasen la total inconsistencia de su receta futbolística. Ya que el ex entrenador sabe de hostelería, no es previsible que el restaurante de la familia Sandoval en Humanes haya sido merecedor de una estrella Michelín a base de cocinar platos tan elementales como el cachopo. Algo más refinado habrá en la carta de ese establecimiento que haya servido para ganarse los galones internacionales. El Molinon y los gourmets franceses tienen mejor paladar que el que se les supone, por eso Sandoval y el cachopo tienen una trayectoria limitada. La receta del cachopo es tan básica como la del fútbol de Sandoval, por eso ambos son platos secundarios, muy celebrados de tarde en tarde para forrar con los amigos, pero cargantes como dieta única, cotidiana y repetida. De momento, el cachopo sobrevive a Sandoval y Sandoval puede que se dedique una temporada a preparar cachopos.

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