Plátano

Comerse un plátano contra el racismo parece haber sido gesto suficiente para que medio país esté convencido de que hemos conseguido sacudirnos la caspa intolerante que aún cubre nuestras espaldas. Nada de hablar de monos, negritos, chinitos, moros o sudacas cuando nos cruzamos con seres humanos de otros continentes. Se acabaron esas expresiones despectivas y xenófobas. La dieta contra la intolerancia incluye desde ahora y todos los días un plátano contra el racismo, alimento completo que además de aportar vitaminas y minerales, tiene la virtud de borrar nuestros prejuicios raciales. Claro que todo este despliegue publicitario de buen rollo, toda esta viralidad, todos estos famosos zampando bananas en la televisión y en las redes sociales se deben a que el plátano insultante se lo han lanzado a un futbolista no a un inmigrante cualquiera, y es fácil sacar pecho defendiendo a una estrella de deporte porque se supone que ese no nos quitará el empleo. Supongo que nadie aceptará la propuesta de pegarse un tajo con la cuchilla de una concertina de Melilla en solidaridad con los subsaharianos que saltan a diario la valla de Marruecos. La política de gestos está muy bien siempre y cuando no implique más que el esfuerzo justo. Así que aquí seguimos poniendo negros en la puta calle mientras nos forramos a comer plátanos. Enhorabuena a la industria platanera canaria. En el PP el gesto progre de la semana  ha sido comerse a Aznar con piel y todo para que los espectadores pensemos que ese señor cabreado, broncas, almorranero y sieso metido después de los 60 a vigoréxico y políglota con acento de Texas, ya no forma parte del denso menú ultraderechista con el que los populares se presentan a las elecciones. Aznar, tantas veces lanzado contra los españoles con la misma saña y mala idea que el que lanza cacahuetes a los monos o a los jugadores de fútbol oscuros, es ahora un alimento que debe ser devorado por Rajoy  y compañía para dar sensación de que los tiempos han cambiado y que este PP ya no admite en sus filas a extremistas bananeros. Nos siguen tratando como a simios aunque nos llamen de usted.

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