Baizán

Cuando a los periodistas de mi generación nos explicaron que la mayor parte de las noticias se encuentran en los bares, nuestra vida cambió porque aquella fue una de las lecciones más útiles sobre el periodismo. Fue entonces cuando unos cuantos nos tomamos en serio la tarea de encontrar los mejores bares con las mejores noticias o, en su defecto y por lo menos, los mejores bares. En ese proceso de periodismo de investigación descubrimos Casa Baizán hace ya casi treinta años. La razón social Baizán viene de Julio Cesáreo Baizán, un “roju de Proaza” como él se proclama, y Flor Morán, langreana de estirpe llanisca y descendiente de las enérgicas mujeres que regentaron y regentan las posadas y bares que fueron postas de caballos y hoy lo son de turistas. Julio y Flor abrieron sus puertas en la calle Linares Rivas hace ya 27 años, momento en que unos cuantos nos metimos en casa Baizán y aún no hemos salido porque allí tenemos conspirado, bebido y vivido lo que no está en los escritos ni en Facebook, gracias a Dios. Hemos pasado muchos años en el viejo Baizán que, merced a cumplir la vieja tradición gijonesa de los bares con dos puertas, fue refugio de pecadores, paso de borrachos, soportal de caraduras, vía de escape para huir de pelmazos y pufistas, y rincón siempre acogedor. Allí tumbó uno en compañía de otros varias botellas de orujo la noche en la que decidió cambiar de un periódico a otro para corroborar que todos son lo mismo. Allí en el Baizán estuvimos a punto de hacernos millonarios justo el día que no llegamos a tiempo de comprar el cupón premiado de la ONCE. Allí en el Baizán tenemos cantadas habaneras al amor de uno de los mejores bonitos a la plancha que se hacen en Gijón y su contorno. Allí en el Baizán hemos aprendido de vinos y poesía, nos han dado las tantas y las cuantas, hemos celebrado vidas y muertes y puesto a prueba el ingenio de Julio y la paciencia de Flor, o viceversa. Ahora el Baizán está en la calle Corrida que tiene quizá demasiado lustre para rojos y periodistas, pero que sigue manteniendo la sagrada tradición de las dos puertas, una inmensa y profunda colección de vinos y a Flor y Julio oficiando en este templo con el que tantos fieles han comulgado bajo todas especies en todos estos años. Que sea por muchos más, queridos, y que nosotros lo veamos. Y lo bebamos.

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