Alcántara

El adulterio, separación y demás actividades amorosas de Antonio Alcántara en la serie ”Cuéntame” están proporcionando a la televisión pública española todas las cotas de audiencia que pierden sus telediarios. Los cuernos de los modélicos señores de Alcántara están siendo mucho más adictivos para el público que las ruedas de prensa de Montoro. La gente se desgañita en las redes sociales llamando sinvergüenza a Antonio Alcántara. Es normal. La actualidad de ahora mismo es una bazofia escrita por unos canallas, de manera que el pasado nos parece mucho más actual que el presente, al menos tiene un el sabor de lo conocido frente a lo extraño y ajeno que es el mundo de ahora tal como nos lo cuentan. Lo más actual que emite TVE ahora mismo es algo que pasó hace treinta años, igual que la muerte de Suárez consiguió ser mucho más apasionante que la crónica parlamentaria del tiempo presente. Cuando Alcántara le ponía los cuernos a su santa esposa, en España ardían los postes arzobispales si alguien osaba hablar de una ley del divorcio. Rouco y los suyos ya andaban por los ministerios/monasterios imponiendo su ley. Sin embargo, los ciudadanos hacían de su capa un sayo y tenían queridas, hijos inconfesables, y vivían locas aventuras extra conyugales, mucho más apasionantes y menos casposas que las que cine de entonces permitía mostrar en las magras carnes de Pepe Sacristán y Fiorella Faltoyano, que retozaban en un austero parador nacional de muebles castellanos para salir luego a comer cochinillo por Segovia mientras trataban de aprobar sus asignaturas pendientes.

Aunque se haya tomado su tiempo y lo haga con treinta años de retraso, RTVE cuenta a los ciudadanos la realidad de lo que fue este país y la gente se lo toma tan a pecho y con tanta pasión como si todo aquello estuviese ocurriendo ahora ya que está contado con mucho más lujo de detalles que lo que pasa en la España de este tiempo. Tal vez dentro de treinta años sea posible ver en “Cuéntame” un detallado informe de como se gestaron las grandes estafas de la Gürtel o la burbuja inmobiliaria, que pasó realmente en las manifestaciones del 22M, que hubo en Bankia, cuántos del PP se lo llevaron crudo y que pasa realmente en el palacio de la Zarzuela. Aunque lleguemos treinta años tarde a nuestras propias vidas, alguna vez cogeremos el tren de la historia en el vagón de tercera clase. Solo hace falta seguir la vida de Antonio Alcántara y algún día llegaremos al punto que nos interesaba conocer. Tómense su tiempo porque la realidad y la ficción son términos relativos que la televisión sabe manejar mejor que nosotros contando el pasado como si fuera el presente, el presente como si no existiera y el futuro como el lugar desde que entenderemos el pasado.

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