Monasterio

No sabe uno si es más obsceno blasfemar contra la Virgen o ponerle una medalla al mérito policial. Se lo tendré que preguntar al ministro del Interior cuando me lo encuentre en misa de doce, que es el que sabe de estas finuras de la compleja relación entre el nacional catolicismo y la Policía Nacional. Mezclar la seguridad ciudadana con la teología es un asunto peligroso porque el resultado suele ser muy inflamable como la historia nos enseña. Al hijo de Dios, sin ir más lejos, terminaron por ejecutarle sumariamente a partir de un juicio muy irregular en el que se aliaron sin rebozo los fanatismos religiosos con los temas de orden público. Pero nadie parece haber querido aprender nada en veinte siglos de historia del catolicismo porque aunque la cristiandad entera ha sido aleccionada para repudiar el juicio a Jesucristo como una chapuza y un ejemplo de manipulación interesada y oportunista, no hay manera de conseguir que la Iglesia y el poder civil tengan vidas con intereses separados. No escarmientan. La Inquisición fue un ejemplo claro de que pegar porrazos en nombre de Dios llevó a cometer excesos muy notables y a organizar espectáculos muy desagradables. La gente del Ku Klux Klan tiene también mucha costumbre de politizar los crucifijos o usarlos como combustible para churruscar negros, católicos y gentes así. En una España que ya creíamos lejana pero sigue aquí, como el dinosaurio de la pesadilla, las vírgenes eran nombradas alcaldesas honorarias de los pueblos, falleras de honor, hijas predilectas de tal o cual capital del provincia o socias de número de ciertos casinos, clubes de fútbol o asociaciones de cazadores de perdices. La Guardia Civil sigue custodiando procesiones con el pistolón a la funerala y no hay arma del ejército español que no haya sido encomendada a alguna de las advocaciones marianas. Por si esto fuera poco, el ministro del Interior le pone a la Virgen la medalla al mérito policial, como si la humilde y abnegada madre de Dios, la que vio a su hijo molido a palos acusado de terrorista y blasfemo a partes iguales, se hubiera convertido de pronto en uno de los ángeles del Charlie y saliera a patrullar las calles o a vigilar fronteras. Hay ridiculeces con pretensión de solemnidad que son más ofensivas que una blasfemia, y ministerios que se empeñan en ser monasterios gobernados por unos viva la virgen que condecoran estatuas de escayola y dejar ahogarse a inmigrantes de carne y hueso.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s