Bonasera

 Bonasera.
Bonasera.
Torre

 Torre

Es muy conocido el monólogo con que se inicia la primera parte de “El Padrino”. Hagan memoria. Un atribulado y ojeroso funerario siciliano de nombre Bonasera, mira a la cámara y se confiesa persona de orden, un buen americano (“creo en América”, afirma) que confió siempre en la justicia y las instituciones. Lo hizo incluso cuando su hija fue violada y maltratada por unos desaprensivos. Él, se lamenta, la dejaba salir por la noche, ir al cine con chicos, le daba libertad. Todo para acabar de mala manera. Para colmo, toda la fe y el civismo de Bonasera se fueron por el sumidero cuando los tipos que agredieron a su hija salieron de rositas porque el juez dejó en suspenso la condena. El funerario abjura entonces de la civilización, el orden moral y los cauces legales. Pide al capo Vito Corleone, con quien nunca quiso saber nada por si las moscas, que ajuste las cuentas a los agresores. Bonasera ya no pide justicia y solo quiere que los violadores sufran. “Quiero que sufran”, reitera. Uno no ha podido evitar ver el paralelismo que hay entre esta escena y la del consejero de Economía del Principado, Graciano Torre, sentenciando ante las cámaras de la televisión que “Coca Cola debe sufrir” como justo pago a sus recortes laborales en Colloto. Graciano, que luce también un bigote algo siciliano y que forma parte de uno de los gobiernos más fúnebres de Asturias, parece disculparse, como Bonasera, de haber sido siempre un socialista que creyó en las bondades del capitalismo, que jaleó a las multinacionales y que abrazó sin temor el orden económico emanado de Suzuki, Tenneco, Coca Cola y toda la peña. Nunca fue el consejero un rojo desconfiado, por eso los gobiernos de los que formó parte jamás tomaron medidas preventivas para evitar canalladas con la de Coca Cola, Suzuki o Tenneco. Asturias, como la hija de Bonasera, se educó en la libertad de mercado, salía de copas con los chicos malotes y extranjeros el barrio hasta que llegó a tener por ahí fama de facilona. Luego pasó lo que pasó, llegaron la deshonra y el chasco, el maltrato y todo lo demás. Graciano, el padre de la rapaza, anda ahora por ahí clamando venganza para que los cocacoleros sufran por sus crímenes, para que alguien les haga una oferta que no puedan rechazar. A buenas horas, Bonasera.

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