Ramírez

Malo es que los periodistas sean noticia. Nos lo dijeron toda la vida, que lo nuestro era estar detrás de la cortina para contar lo que veíamos y que la firma que se colocaba al principio de cada pieza informativa no era para lucirse, sino para responsabilizarse de todo lo que se contaba a continuación. Lo que pasa que cambian los tiempos y las costumbres y fuimos viendo como ciertos periodistas se convertían en vedettes de la televisión, expertos en todo, opinadores absolutos, seres polémicos, inalcanzables y en posesión de todas las verdades por estar presentes en todas las pomadas. A esa raza de periodistas pertenecían solo algunos elegidos, entre ellos Pedro Jota Ramírez, ese hombre odiado y amado sin términos medios, que siempre quiso ser noticia que, aún digo más, llegó a pensar que él mismo era la noticia, que sin él de por medio no había noticia. Pedro Jota ha salido por donde el humo, chamuscado por los propios fuegos que él encendió, fuegos que en otros tiempos calentaron a la misma derecha española que, según él, es la que ahora ha propiciado e instigado su incineración, quemado en sus propias verdades. Pedro Jota ha hecho un discurso de despedida encendido, muy americano, muy Woodward y Bernstein, muy Watergate, sin recodar cuando ponía su periódico a disposición del PP.

El problema de Pedro Jota es que España no es los USA y el periodismo español no es el estadounidense, y el valor que se da a las noticias y los periodistas a ambos lados del Atlántico no es el mismo, entre otras cosas porque en España ha habido demasiados pedrojotas que usaron el periodismo y la “verdad” con fines cortoplacistas, bastardos, exhibicionistas o para la simple conspiración, medro y enriquecimiento personal de una casta de periodistas oportunistas. Esas malas costumbres convirtieron el periodismo en un erial gobernado por filibusteros y la verdad en una sospecha permanente, las redacciones en lugares de autocensura o dirigismo ideológico, y las empresas periodísticas en máquinas de producir noticias según el criterio de los contables, no de los periodistas. Pedro Jota reveló miserias de la democracia, sacó mucha mierda oculta bajo las alfombras de los grandes partidos políticos, pero ha sido también uno de los padres fundadores de un modelo empresarial-periodístico demasiado expuesto y rendido a jugar  a los caprichos y bajezas del poder político, que ensalza a quienes lo apoyan y tritura a los que lo desafían. Ramírez ha jugado con fuego y ha terminado por quemarse.

Por suerte Ramirez, Pedro Jota, no es la verdad, ni es el periodismo, ni es la democracia. Otros mejores cayeron antes que él sin poder despedirse, sin ser noticia como Ramírez.

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