Rajoyistán

Lo del salto de la valla en Ceuta y Melilla va a ser una broma al lado del problema que se va suscitar en toda España después de escuchar el monólogo de Rajoy en el presunto debate sobre la nación. Nosotros creíamos que la nación estaba en mal estado, pero el presidente nos ha descubierto que España está en perfecto estado de revista y es envidiada por toda la Europa occidental. Lo que va a pasar a partir de ahora es que millones de españoles vamos a querer colarnos como sea en esa España que va como una locomotora, en esa España rayo de esperanza, España prometida, imaginada, narrada y desvelada en sede parlamentaria por Mariano el presidente. Mariano es ya un Moisés que tiene la obligación moral de llevarnos a esa España situada al otro lado  del espejo. No vale ir a la Parlamento a decir que el paraíso está aquí y hacerse luego el loco sin explicar cómo se llega a él. Todos queremos desde ya saltar la valla, sortear las concertinas, nadar como un pez, ignorar el tiro al blanco de los picoletos con tal de  vivir como dioses en ese territorio del que mana leche y miel,  en el que los banqueros regalan el dinero, en el que todo el mundo desayuna ensaladas de brotes verdes. Queremos pedir asilo en la república de Rajoyistán. Todos los españoles queremos saber por dónde se entra a esa España de Rajoy en la que los comedores escolares tienen estrellas Michelín, donde los pensionistas pilotan un Maseratti, donde los únicos parados que se conocen son los que se quedan mirando escaparates o esperando que cambie la luz del semáforo. Queremos entrar a saco, aunque sea de ilegales, en esa tierra prometida en la que los hospitales disponen de camas y médicos de sobra como para operarte antes de que enfermes y las listas de espera son unas chicas muy espabiladas que están pendientes de que tus necesidades a la puerta de las mejores güisquerías de la localidad. Escuchar a Mariano Rajoy hablar de ese país de Jauja que él y otros pocos conocen, deja pálida la posibilidad de vivir en Suiza y hace que Alemania parezca un suburbio de Calcuta. En este memo debate hemos aprendido que hay otros países, pero están en este. Y Mariano sabe dónde está la puerta de entrada y tiene la llave que la abre. A ver cuándo la usa.

Bonasera

 Bonasera.
Bonasera.
Torre

 Torre

Es muy conocido el monólogo con que se inicia la primera parte de “El Padrino”. Hagan memoria. Un atribulado y ojeroso funerario siciliano de nombre Bonasera, mira a la cámara y se confiesa persona de orden, un buen americano (“creo en América”, afirma) que confió siempre en la justicia y las instituciones. Lo hizo incluso cuando su hija fue violada y maltratada por unos desaprensivos. Él, se lamenta, la dejaba salir por la noche, ir al cine con chicos, le daba libertad. Todo para acabar de mala manera. Para colmo, toda la fe y el civismo de Bonasera se fueron por el sumidero cuando los tipos que agredieron a su hija salieron de rositas porque el juez dejó en suspenso la condena. El funerario abjura entonces de la civilización, el orden moral y los cauces legales. Pide al capo Vito Corleone, con quien nunca quiso saber nada por si las moscas, que ajuste las cuentas a los agresores. Bonasera ya no pide justicia y solo quiere que los violadores sufran. “Quiero que sufran”, reitera. Uno no ha podido evitar ver el paralelismo que hay entre esta escena y la del consejero de Economía del Principado, Graciano Torre, sentenciando ante las cámaras de la televisión que “Coca Cola debe sufrir” como justo pago a sus recortes laborales en Colloto. Graciano, que luce también un bigote algo siciliano y que forma parte de uno de los gobiernos más fúnebres de Asturias, parece disculparse, como Bonasera, de haber sido siempre un socialista que creyó en las bondades del capitalismo, que jaleó a las multinacionales y que abrazó sin temor el orden económico emanado de Suzuki, Tenneco, Coca Cola y toda la peña. Nunca fue el consejero un rojo desconfiado, por eso los gobiernos de los que formó parte jamás tomaron medidas preventivas para evitar canalladas con la de Coca Cola, Suzuki o Tenneco. Asturias, como la hija de Bonasera, se educó en la libertad de mercado, salía de copas con los chicos malotes y extranjeros el barrio hasta que llegó a tener por ahí fama de facilona. Luego pasó lo que pasó, llegaron la deshonra y el chasco, el maltrato y todo lo demás. Graciano, el padre de la rapaza, anda ahora por ahí clamando venganza para que los cocacoleros sufran por sus crímenes, para que alguien les haga una oferta que no puedan rechazar. A buenas horas, Bonasera.

Palabras

No sabemos qué deciros. Ni a los vivos, ni a los muertos. Y no será porque la muerte no nos saque la vena adjetivadora: brutal, dantesco, horrible, dramático, desgarrador. Contar lo que ha hecho la muerte nos lleva del reporterismo descarnado a la poesía macabra dando pinceladas de ciego, pero nada sirve para contar lo que ha pasado este fin de semana en un pueblo de Burgos y se ha llevado por delante a seis personas de las que teníamos noticias, a quienes conocíamos de lejos o de cerca. Nada hay que decir, no se puede decir por más que uno busque palabras ajustadas al duelo; no se puede decir porque la muerte es sustantiva y adjetiva al mismo tiempo. Su rotundidad no deja margen a explicaciones ni a añadidos. Su modus operandi es variado, pero el resultado es siempre el crimen perfecto. Por eso es inútil querer deciros algo ante quien ya os lo ha dicho todo. No vale de nada decir que lo vuestro ha sido prematuro, desgarrador, salvaje o cruel. Con leer vuestros nombres y edades, los adjetivos son ociosos. Palabras ociosas. Y eso que la muerte nos hace hablar de la vida como nunca antes lo habíamos hecho, arrepentidos de dejar abierto el grifo de los minutos como si el agua no se acabase nunca. De pronto hemos caído en la cuenta de que cualquier día de estos puede ser el último y pegamos el culo contra la pared para no caer por el barranco, casi pidiendo disculpas por hablar a veces de la vida con tanta ligereza y despilfarro. Y tampoco sabemos qué decir a los supervivientes porque intuimos que la vida es para ellos un castigo desde ahora, porque habrían preferido no salir a flote del naufragio, porque no hay vida capaz de llenar el vacío de tanta muerte junta. Vivir no es siempre el mejor plan y en eso la muerte también nos lleva la delantera porque enseña todas sus cartas, hasta las que no ha llegado a jugar. Los supervivientes sois náufragos, por eso no sabemos qué deciros tampoco a los vivos. Ahora la esperanza es un lujo, una ingenuidad o un simple placebo, una medicina falsa porque, como está escrito, solo somos el tiempo que nos queda.

Lección

Los alumnos y alumnas del colegio Montedeva de Gijón (antes Ursulinas) son gente bien educada. Uno no sabe qué índice de suspensos y repetidores tendrá este centro concertado, pero sí me ha quedado claro en los últimos días que en educación para la ciudadanía, la solidaridad y el saber estar, este alumnado saca un notable alto. Y se lo han ganado cuando han puesto pie en pared y se han manifestado contra lo que han entendido como el despido injusto y salvaje de uno de sus profesores. Por si no lo saben, y resumiendo, este señor denunció que la empresa propietaria del centro había hecho unas obras sin licencia y que esas obras habrían provocado grietas en la estructura del edificio, precisamente en un comedor. Así que el maestro entendió que las lecciones más válidas se dan con el ejemplo, y procedió a denunciar lo que consideraba un grave riesgo para sus alumnos y para el resto de esa comunidad educativa. La empresa ha considerado esta actitud del docente como injuriosa y perjudicial para los intereses del centro y le ha puesto de patitas en la calle. Resulta que lo perjudicial para el centro no es hacer chapuzas, sino denunciarlas. Uno no gana para sorpresas. La empresa, muy en la línea general del empresariado más montaraz, convirtió este despido en un aviso a navegantes y un escarmiento en cabeza ajena dirigido a cualquier otro profesor que tuviera en mente sacar los pies del tiesto en el futuro. Pero, por suerte, quedaban los alumnos. Esos adolescentes que han dejado de ser niños para ir a la cárcel pero no para votar, esos aprendices de todo a quienes a veces tratamos como a idiotas porque ni hablan ni piensan como nosotros, los presuntos adultos, esos que parecen no enterarse de nada salvo de lo que pasa en su teléfono móvil, salieron a la calle en defensa de su profesor porque así se lo pidieron sus tripas, su sentido de la justicia más elemental y, paradójicamente, la educación que hasta ahora han recibido en el mismo colegio en el que vieron como, de pronto, se castiga a quien dice la verdad y se alienta el miedo a la vedad. Educar en valores es algo más que quitar o poner asignaturas de un currículo. Educar en valores es estimular a hacer en cada momento lo que uno cree justo en conciencia. En esta difícil disciplina de manejar la justicia y la verdad la lección magistral la han dado los alumnos. Tomenos nota.

Amnésicos

La chica francesa aparecida en La Ñora con una profunda amnesia podría quedarse aquí y trabajar como concejala de Foro Asturias. La mala memoria o la ausencia de ella es, además de una garantía de larga vida, una de las condiciones fundamentales para el ejercicio de la política. Se me ha ocurrido esto viendo con asombro la expedición de concejales de Foro Asturias que vinieron a Gijón a tomar nota de lo bien que funciona el transporte público en esta ciudad, a elogiar la gestión del mismo y a pedir que el modelo gijonés se traslade a Oviedo. Uno que aún tiene memoria, llega a llega a la conclusión de que muchos de los integrantes de este grupo de excursionistas sufren una amnesia tan destructiva como la diagnosticada a la francesa hallada en la Ñora, ya que cuando esos políticos del FAC estaban afiliados al PP (cantera inagotable de Foro en sus inicios), su partido calificaba el transporte público de Gijón como desastroso, ruinoso, corrupto y otras lindezas por el estilo. Muchos de aquellos antiguos ediles populares que hoy son forofos del forismo, eran partidarios de privatizar ese servicio municipal (como en Oviedo), poniendo en tela de juicio la rentabilidad social y económica de la empresa Municipal de Transportes Urbanos de Gijón (Emtusa). Si lo que se pretende con esta excursión es  elogiar la gestión de la alcaldesa Moriyón, es que su amnesia les ha hecho borrar también el dato de que han sido el PSOE e IU quienes han dado siempre la cara por Emtusa. En este caso la famosa “herencia” socialista de la que tanto se queja la derecha parece no ser tan mala. Ahora les vale para hacer méritos. Entre la amnesia y la cara dura hay en este caso una delgada línea que en política se traspasa con gran desfachatez y de un lado a otro del espectro. Cualquier día encontraremos La Ñora llena de concejales con amnesia dispuestos a apuntarse a cualquier partido a conveniencia, pero es seguro que no llevarán el mismo tatuaje de la joven francesa con esa sincera frase “perdóname, he fallado”. Ellos nunca se acuerdan de su pasado, ni piden perdón por sus fallos. Se les olvidan.

Lacrimógeno

El energúmeno lanzó un bote de gases lacrimógenos en un campo de fútbol este fin de semana ha conseguido hacer la metáfora perfecta de un país con una acusada tendencia al lagrimeo y la irritación permanente de sus mucosas. En España cualquiera tiene un arsenal de gases con los que noquear al contrario o crear una nube de camuflaje para esconder sus miserias. El loco del campo de fútbol es un aprendiz de brujo al lado de quienes usan sus mayorías políticas para hacernos llorar a diario. Saber que las revistas pornográficas soportan un IVA del cuatro por ciento mientras la luz, el gas o el material escolar y los libros de texto están gravados con el 21 por ciento, es algo que hace saltar las lágrimas de cualquiera. Y tan irritante como el gas lanzado por el forofo desquiciado es saber que gobierno de Navarra protege su culo de la investigación de una caso de corrupción atechandose en Bildu. Segun la muy irritante Maria Dolores de Cospedal, lo grave es que el PSOE pueda pactar con los abertzales para censurar a un gobierno corrupto. Que el gobierno sea corrupto es lo de menos. Bien está que el PP y mucha gente más exijan a los terroristas que pidan perdón por sus crímenes, aunque quedaría mucho más coherente si se hiciera lo propio con quienes roban al Estado, esos terroristas con chequera a quienes Suiza no pone traba alguna para circulación. El terrtorismo financiero noi hay derramamiento de sangre, pero sí hay una hemorragia fiscal y ética de grandes proporciones que tiene a todo un pais en estado de irritación general. Los terroristas no pueden devolver la vida a sus víctimas, pero los estafadores pueden devolver sus cargos públicos y el dinero que han robado a nosostros, sus víctimas. El terrorismo no desaparecrá nunca de este pais porque sus sola mención resulta muy efectiva para tapar otro tipo de agresiones. Ahora que Vox arrebata al PP la exclusiva de las víctimas de ETA, como muy bien explica el profesor Enrique del Teso en su artículo ¨Vox y el tuétano del PP¨, cabe esperar una lanzamiento masivo de argumentos lacrimógenos desde las gradas de la derecha para disolver cualquier amago de crítica en el terreno de juego. No importa ofender nuestras mucosas, nuestros ojos, ni nuestra inteligencia con este lacrimógeno juego de política tóxica practicado por quienes nos siguen considerando un rebaño de que huye asustado mientras el humo ciega sus ojos.

Lunes

Los lunes han de ser tenidos como días peligrosos por los que hay que transitar a cubierto y con cuidado. Uno siempre lo ha visto así y hasta este lunes nadie me ha hecho cambiar de opinión. Los optimistas que aseguran eso tan manido de el que el lunes es un día como los demás, no saben de qué están hablando. De la misma forma que un pesimista es un optimista bien informado, un optimista es un ignorante voluntario o forzoso. Quienes pasan por alto el peligro de un lunes se exponen a una desgracia a sí mismos y a los ilusos que siguen sus enseñanzas. Decir por ahí que hay que tomarse el lunes a la ligera, como si tal cosa, es igual que sugerir a un niño de tres años que cruce las vías del tren. Por eso la mayoría salimos al lunes con el alma encogida y el cuerpo a la defensiva, con el mismo temor que el torero espera de rodillas a porta gayola la salida de un toro que embestirá la misma potencia ciega que un tren de mercancías. A base de observar miles de lunes en su vida, uno piensa que su dureza y acritud para con nosotros proceden del hecho de que el lunes es un día acomplejado, con muy mala prensa y encuestas a la contra. El lunes siempre está de lunes, juega siempre contra pronóstico, nadie espera nada bueno de él, es un día deseado por muy pocas personas y siempre hace sentir su personalidad desabrida de lunes aunque uno esté de vacaciones. Un lunes siempre es un lunes, aquí o en una isla tropical, nunca consigue disimular del todo su papel de aguafiestas. Un lunes siempre lleva una carga de plomo adicional, un maleficio que le han adjudicado los siglos, la costumbre, o la superstición. Pero no queda más remedio que aceptarlo. Igual este lunes es el último de todo o el primero del resto de nuestra vida. Ya se verá.

Bandera

Un concejal del PP de Gijón ha pedido que esta ciudad disponga de un espacio adecuado para rendir homenaje a la bandera de España. No gana uno para sorpresas con políticos que exhiben una sensibilidad tan aguda para saber qué cosas hacen falta en una ciudad. En la enorme variedad de necesidades que tenemos los gijoneses no se nos había ocurrido incluir hasta la fecha la demanda de un lugar para honrar a la bandera. Pero que no cunda el pánico porque nuestra necesidad de patriotismo nos la viene a satisfacer el PP, el partido que, casualmente, es incapaz de cubrir las necesidades básicas de muchos ciudadanos: trabajo, vivienda, sanidad, seguridad, honestidad, libertad, derechos fundamentales… El PP nos ha dado también muestras de una viril españolidad en la frontera de Ceuta defendiendo los límites de la patria y la limpieza de nuestra bandera disparando sobre inmigrantes desesperados que intentaban a duras penas no ahogarse para colarse en nuestro próspero país. Viva España. El PP de Gijón, los que proponen colocar el palo de la bandera en lugar prominente, es un partido en descomposición desde hace mucho tiempo cuya única bandera de los últimos dos años ha sido la de Foro Asturias. Le prestan homenaje a diario sosteniendo con una mayoría insostenible a un gobierno municipal cuyos aciertos se cuentan por rectificaciones y sus aportaciones a la mejora de esta ciudad son nulas hasta la fecha. El PP y Foro son habitantes de su patria particular y pese a fingir enfados y amagos de ruptura de opereta, tienen el objetivo común de defender un modelo de ciudad y de sociedad en el que las necesidades urgentes de los ciudadanos cuentan muy poco. Es muy conocida la contundente frase de Samuel Jonhson en la que sentencia que “el patriotismo es el último refugio de los canallas”, una afirmación que la historia nos ha mostrado muy cierta. En Gijón, por lo que se ha visto hasta ahora, el patriotismo es el último refugio de los concejales ociosos, miembros de un partido que nos ofrece una bandera de España como única muestra de su preocupación por las necesidades de esta ciudad.

Descorazonar

A un hombre que se llama José Antonio Fra le han dicho en el Seguro que su corazón puede durarle dos o tres meses, pero que va a ser imposible operarle antes de nueve meses porque hay mucho enfermo y poco médico. Se dice que nadie muere la víspera, aunque a este señor le han puesto el finiquito delante de la cara con una antelación y una crudeza que a uno se le antoja mortal de necesidad. La vida y la muerte suelen llevar agendas incompatibles y hay veces en las que el sistema sanitario púbico parece empeñado en colaborar con esta danza macabra haciendo que su propia agenda de quirófanos no coincida con la de los enfermos a quienes está obligado a preservar la salud y prolongar la existencia.  O sea que a este señor le ponen en la lista de espera para morirse, porque la lista de espera para curarse está demasiado llena de aspirantes a cadáver que no desean serlo, y él y su corazón cansado llegaron tarde al reparto de gasas y bisturíes. Desde los tiempos de Larra, la Administración española se ha tomado al pie de la letra aquello de “vuelva usted mañana”. Ahora bien, una cosa es volver mañana a la ventanilla a que te pongan una póliza y otra muy distinta es no poder volver nunca porque el colapso administrativo te ha matado. Lo del ciudadano Fra parece una broma de mal gusto o un cuento kafkiano, pero es simple y llanamente un escándalo que nos permite comprobar en su justa medida en qué país vivimos, gobernado por gente muy capaz de rescatar bancos, indultar mangantes, maquillar chorizadas principescas, cumplir el objetivo de déficit que han fijado los ricos para los pobres y, con la misma, decirle a un ciudadano que su corazón no funciona y que se han acabado las piezas de repuesto porque nos hemos gastado el dinero en indemnizar banqueros. Deseo mucha suerte a José Antonio Fra y deseo también que alguien tenga corazón suficiente en la maraña burocrática de esta autonomía de chichinabo para que ni este señor ni ningún otro queden descorazonados en todos los sentidos de la palabra.

Enfermedad

No diré como el pelmazo Albert Plá que me da asco ser español, pero sí digo que ser español me produce malestar creciente, me cansa, me desgasta, me deja sin defensas. No puede ser sano vivir en un país donde hay que manejar la actualidad diaria con la misma precaución que se emplea apartando la basura con un palo buscando en ella algo aprovechable. Ser español es como haber sido diagnosticado de una enfermedad crónica cuya gravedad se manifiesta en ciclos, pero que jamás remite del todo. Uno sabe de su dolencia, sabe que morirá de español, o sea que morirá de esa enfermedad extraña e incurable que le contagiaron al nacer y que ningún tratamiento paliativo ha conseguido mitigar. El día que no se nos indigesta la monarquía produciéndonos flato, mal aliento y ardor de estómago, padecemos cólicos de corrupción de tal virulencia, intensidad y frecuencia que nos dejan el cuerpo deshidratado, dolorido y sin gracia para nada. Ser español es padecer en las cuatro estaciones del año los ataques despiadados de las diversas cepas de falsedad política, mercantil, documental y de todo tipo, cepas que se cobran miles de contagios de sur a norte y de norte a sur y para las que no parece posible descubrir vacuna. Son cepas mutantes y cada vez tienen más potencia, no saben de grupos de riesgo, todos somos grupos de riesgo, y dejan nuestro sistema inmunológico en la fase anterior a la autopsia. Cada cuatro años vienen unos tipos que dicen ser doctores en casi todo. Publican nuestras radiografías, encefalogramas y análisis de sangre en un formato llamado encuestas, nos toman el pulso en las urnas y nos recetan remedios genéricos para los cuatro años siguientes que no mejoran nuestra enfermedad, si acaso la agravan. Ser español es perjudicial para la salud. Deberían ponerlo con un crespón negro en nuestra partida de nacimiento.