Futbolín

140109 FUTBOLIN

El espectáculo diario de la política me recuerda talmente al de una partida de futbolín jugada por gente torpe, cansada y previsible. Los diputados, ministros, portavoces o lo que sea de los gobiernos y las oposiciones, del PSOE, el PP y demás partidos, se mueven con la misma sincronía robotizada que lo hacen los jugadores de un futbolín, todos a la vez, sin personalidad propia, todos soldados por la cintura a una barra de acero llamada disciplina de partido que no deja opción alguna al virtuosismo en el campo. El futbolín nacional lo protagonizan estos días las huestes del PP en torno a la ley del aborto. Mariano y la Cospedal empuñan la manija con fuerza para que las líneas de ataque y defensa giren a la voz de “ya” y todas en la misma dirección. Salvo algunos presuntos díscolos que han dado un poco de color al debate, los jugadores se atienen a la coreografía diseñada. A Mercedes Fernández, presidenta del PP asturiano, se le ha ido un poco la mano en su muestra de adhesión inquebrantable al decir que esta ley del aborto “es lo más progresista que ha hecho Gallardón”. Espanta pensar qué será lo más conservador que ha perpetrado el ministro de Justicia, pero a Cherines no le importa hacer el ridículo porque sabe que su futuro político depende de sus virtudes como diputada-futbolín, no de lo que opinan los votantes que tantas veces le han dado la espalda.

Por su parte, el PSOE va moviendo a sus efectivos al ritmo de su progresía recién reconquistada gracias al hediondo ultraconservadurismo del equipo contrario. Nadie de los vestidos y vestidas con el uniforme del puño y la rosa sacan ahora a relucir que ese partido suyo gobernó durante muchos años y tuvo ocasiones y mayorías sobradas para hacer una ley del aborto mucho más abierta y progresista que la que ahora pretende cepillarse la tropa de Gallardón.

La disciplina de partido ofrece este efecto futbolín en el que los ciudadanos somos convidados de piedra que bostezan ante la enésima partida protagonizada por los hombrecillos uniformados y amarrados a sus escaños merced a una disciplina oxidada, injusta, irreal y torpe que les obliga a dejar cada mañana la conciencia propia metida en el cajón de la mesita. A cambio, la aceptación de ser parte de un futbolín parlamentario asegura mucho la posibilidad de tener un nuevo puesto en la próxima candidatura con listas cerradas y, pase lo que pase, disfrutar de las enormes ventajas de ser un padre o madre de la patria con sueldo, dietas y prebendas de alta calidad. El que se mueve no sale en la foto, ya se sabe, y el jugador del futbolín que se desengancha del barrote disciplinario común de su partido es sustituido por una nueva pieza, flamante, bien soldada y a prueba de balonazos y bruscos meneos.

Este efecto futbolín de los parlamentos es el mismo que impide a Asturias contar con unos presupuestos autonómicos para este año. Los partidos juegan al dogmatismo con el dinero ajeno, pero encantados de haberse conocido y muy orgullosos de mantener prietas las filas y todos los jugadores atados y bien atados a unas presuntas rancias esencias que les incapacitan para poner los intereses generales por encima de los suyos propios. Cada bancada del parlamento es una fila de hieráticos y amaestrados jugadores que votan, hablan o callan según sea el movimiento que imprima en el extremo de la barra engrasada el jefe de filas de turno. En el Gobierno astur ordena dar las vueltas el entrañable Fernández, uno de los muñecos del futbolín socialista asturiano que más y mejor partido le ha sacado en su vida a ser un tipo bien mandado, a decir a todo que amén y a bailar al son que tocan. Su última hazaña política es haber conseguido figurar entre los candidatos a concursar en las primarias del PSOE. Mal van las cosas si Fernández es el regenerador de la izquierda. Para alguien que todavía no se sabe qué hace como presidente y que tiene en el ensimismamiento su principal seña de identidad política, es un logro que confirma una vez más el triunfo de la mediocridad parlamentaria uniformada y de una clase política escayolada que se garantiza el cocido a base de mantener la formación y moverse solo cuando el que mueve la palanca lo decide.

Los ciudadanos seremos llamados a meter peseta cada cuatro años para que no se acaben las partidas en este grotesco futbolín en el que nadie nos deja jamás mover a los jugadores.

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Un pensamiento en “Futbolín

  1. Supremo. Se advierte al autor que, algunas de sus, pienso, notabilísimas expresiones, ya sea de ésta u otra ¿columna? ,serán incorporadas al argumentario de caleyina con el que el que lo presente escribe se expresa cuando se puede meter algún comentariu de cantu al margen del futboleo y les tribulaciones al uso del panorama patrio . Si se cobra, avisa antes . El caxón nun va más allá que pa un par de botelles de sidra . Y no toes les semanes .

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