Negro

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Tal vez el africano de color negro que fue acusado de hacer falsas traducciones en lenguaje de signos durante el funeral de Nelson Mandela sea el único hombre en el mundo capaz de explicarnos lo que pasa en la realidad asturiana, la española y la internacional. Es falso que a este tipo lo hayan despedido por no traducir la verdad. Lo han puesto en la picota porque sus movimientos manuales eran capaces de narrar con absoluta precisión lo que pasaba por la cabeza de cada uno de los intervinientes y el contenido de esos pensamientos era justo lo contrario de lo que salía de sus bocas. Lo que hacia era, en realidad, trasmitir a los espectadores lo que los oradores querían decir cuando decían lo que decían. Era un solo hombre haciendo gestos ante una multitud a la que no trataba de engañar, sino de salvarla de las mentiras de Obama, del jefe de la ONU o de Raúl Castro. Ese hombre es un héroe porque fue capaz de jugarse el tipo y el empleo para desmentir en tiempo real lo que decían los líderes mundiales. 

Por primera vez en la historia de las relaciones internacionales el traductor no ha sido un traidor, sino un lector privilegiado de las mentiras que se esconden entre las impecables frases escritas para los funerales de estado por los asesores de imagen de los mandatarios. Esos “negros” virtuales que escribieron los discursos de los jefes de estado quedaron en evidencia, con el culo al aire, ante la fina sensibilidad de un negro auténtico. Ya no hace falta esperar a que un presidente o un jefe de Estado empiece a gobernar para constatar que miente. El negro del funeral de Mandela es capaz de subtitular con sus manos el verdadero contenido de las palabras con las que se nos trata de engatusar por todo lo alto. Los labios de los líderes mundiales que usaron el funeral de Mandela para hablar con lengua de serpiente, fueron desmentidos por las manos hábiles del traductor que quiso dejar constancia, al menos para los sordomudos, de que todo lo que se decía en aquel campo de fútbol era un montón de mentiras. Esta es la prueba de que no hay peor sordo que el que no quiere oír.

Yo propongo que el negro que pasó a limpio los oscuros mensajes que se perpetraron en el funeral de Nelson Mandela sea la persona contratada por la Junta General del Principado para que haga de intérprete con capacidad para desentrañar lo que se dice realmente en el parlamento asturiano cada vez que sale a la palestra uno de los oradores a explicar lo que va a pasar con los presupuestos autonómicos de 2014. Ya ha quedado claro que ninguno de ellos es lo que parece y dice lo que piensa. Tal vez todo se deba a que ninguno de ellos piensa en nada que no sea su propio interés, su sueldo, sus dietas fijas, su cuatrienios, su lugar en la próxima lista electoral y las fidelidades que ha mantener intactas para que no le muevan la silla antes de tiempo. Sólo ese arrojado intérprete de signos sudafricano con capacidad para husmear el aroma de la verdad que se esconde bajo una parva de  palabras con olor a cucho, solo un chamán de la comunicación capaz de jugarse el tipo ante lo más florido de la política mundial puede tener el valor de internarse en la sebe sin podar y llena de escayos que es desde hace años la oratoria política astur. Sólo alguien con esa pericia para escuchar en medio del ruido será capaz de subtitular con los signos la verdad de tanta comedia representada desde hace años por un mal grupo universitario de actores aficionados. Quién si no va a poder leer en el hermetismo de esfinge del presidente Fernández, administrador concursal de Asturias; quién le dará el significado preciso a las logradas imitaciones que hace de Esperanza Aguirre y Dolores de Cospedal nuestra Cherines Fernández, malograda líder del PP astur. Y no digamos nada de la tremenda entereza digestiva que  hace falta para tragar, digerir e interpretar los monólogos escritos a un tiempo por sus siete asesores para el pretencioso Prendes, hasta hace nada novio formal del socialismo y ahora alcahuete de Rosa Díez en su acercamiento por vía falangista a la derecha. Qué venga el negro de Mandela a tragarse la verborrea en FAC menor de Cristina Coto y sus jefes, y a subtitular a Angelín el de IU, el portavoz que vive con un pie en los juzgados y el otro en la nada. 

Cuando el horizonte de Asturias amenaza con un nuevo fundido en negro, solo el africano que susurraba la verdad con sus manos en el funeral de Mandela puede ser capaz de hacer lo mismo en el funeral de Asturias.

 

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