Mierda

Desear un feliz año nuevo es un riesgo. Desear a la gente que tenga un feliz año puede parecer un insulto si se tiene en cuenta que llevamos haciendo lo mismo durante las últimas cinco nochesviejas y que nuestros deseos de las uvas se han alejado cada vez más de la realidad. Cuanta más felicidad propia y ajena deseábamos, peor se portaba el tiempo en los 365 días siguientes. Un desastre. Los antiguos usaban una fórmula cada vez menos empleada: “feliz entrada y salida de año”. A mi siempre me ha parecido una manera prudente de expresar buenos deseos a la gente, aunque con mucho tiento, sin marcarse demasiado, ya que nuestra buena voluntad para con el prójimo empieza con la primera uva y termina con la última, justo lo que es la entrada y la salida del año, sin meternos en más dibujos. O sea que viene a ser lo mismo que desear “no te atragantes con las uvas, chato y que sea lo que Dios quiera”, ya que lo que suceda de ahí en adelante durante los doce meses restantes es algo que supera con mucho nuestras posibilidades de intervención. Tal como están las cosas, con la enorme lista de personas que conocemos dispuestas a desgraciar nuestra vida de enero a diciembre, y demostrada nuestra incapacidad para atraer felicidad en las últimas celebraciones de fin de año, no conviene esperar del año nuevo más clemencia que la que se da en el lapso de tiempo que duran las doce campanadas. Uno solo se atreve a desear felicidad durante esa tregua de apenas un minuto. Los tiempos se han puesto muy complicados hasta para los adivinos profesionales del futuro. No digo nada para nosotros, unos aficionados con algo de buena voluntad que no somos capaces de entender ni el recibo de la luz, que estamos empezando a no entender ni el pasado y que vivimos agobiados por el presente. Los actores han solucionado el problema de no meterse en jardines con los buenos deseos. Dicen “mucha mierda” antes de iniciar una función. Se supone que se desean mucha suerte aunque lo hacen con malas palabras, como para disimular y no tentar a la suerte con excesos de optimismo. Desear el bien en tiempos de tanto mal es un deporte de riesgo que termina por pasar factura con unos índices de frustración más dañinos que los del colesterol. Yo optaré este año por desearle a todo el mundo “mucha mierda”. A ver lo que pasa.

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Chinos

En China han dimitido 500 concejales acusados de soborno. Sabiendo como se las gastan en China a la hora de dar escarmientos, falta saber si estos 500 ediles se van a quedar sin cabeza además de quedarse sin cargo. En todo caso, que alguien dimita en cualquier parte del mundo nos sigue pareciendo a los españoles un espectáculo tan exótico como ver a la mujer barbuda. Ya sé que en China viven cientos de millones de personas y que, al cambio, quinientos concejales en China vienen a ser como uno en Cudillero. Proporcionalmente no es gran cosa, pero a uno le llama la atención que aún haya lugares en los que el que la hace la paga y se va, y sea por voluntad propia o por obligación. Siempre se puede decir que la política en China es, propiamente, como una tienda de los chinos, donde todo es de saldo y de imitación, además de muy barato, pero hay que tener cuidado con las comparaciones simplistas. Aquí, en España, el año que termina nos ha reforzado la certeza de que la mayor parte de los políticos que nos gobiernan han adquirido sus principios y sus ideas en un chino de todo a un euro, gobiernan con la calidad de los bazares chinos, pero nos cuestan lo ismo que un Louis Vuiton del los caros y jamás dimiten. Las propuestas políticas del gobierno y de la oposición tendrían mala salida hasta en el bazar chino más tirado. A la vista tienen buen aspecto, a veces dan el pego y se parecen a los productos caros, pero con un par de meses de uso demuestran ser basura fabricada con pocas ganas y un claro propósito de estafar a los consumidores, esto es, a los votantes. Los programas políticos de los partidos españoles han sido cosidos a mano en algún sótano húmedo del sudeste asiático y comercializados al por mayor por unos individuos que en China estarían condenados a trabajos forzados tras ser destituidos de sus cargos por indeseables. Aquí, a estos estos tipos les pagamos sueldos que cobrarían profesionales de lujo aunque el contenido que hay bajo su carcasa fabricada en China no pase jamás el mínimo control de calidad. Dicho de otra forma: seguimos siendo engañados como chinos.

Gol

Menudo gol le han metido el alcalde Caunedo (PP) y el opositor Rivi (IU) a la biempensante, acartonada y encuevada “clase política” asturiana pactando que el Ayuntamiento de Oviedo tenga presupuestos municipales en 2014. Gol por toda la escuadra, sin dar tiempo al portero a reaccionar, jugando al tuya, mía, cabecina y gol de toda la vida y colocando, de paso, cinco millones de euros destinados a inversiones para los ciudadanos ovetenses. Me cuenta Chema Caso, sabio desaprovechado como pocos, que el señor Valmen, a la sazón entrenador del Sevares, había hecho su propia adaptación del llamado “fútbol total” que puso de moda la selección nacional de Holanda. Según Valmen, el míster del Sevares, el fútbol total se resumía así: “chavales, todos p´atrás a defender y todos p’alante a atacar”. La ecuación es muy simple y da la risa, pero puede llegar a ser muy eficaz para el equipo cuando no hay nada que perder y siempre se puede ganar algo. Era una estrategia muy resultadista, como dicen los entendidos, nada lucida, pero honrada: todos a por todo y que sea lo que Dios quiera. Lo que han hecho en Oviedo los de derechas y los de izquierdas ha sido fútbol total trasladado a la gestión del dinero de los ciudadanos, un partido en el que el público siempre pide resultados porque para eso vota y paga religiosamente sus impuestos. Mientras en Oviedo se gana el partido por la mínima con la estrategia del fútbol total, en los vestuarios de la Junta General del Principado se escandalizan de la estrategia carbayona, siguen haciendo fútbol de salón con todos los estrategas diplomados pintando flechitas en una pizarra, cogiéndosela con papel de furmar, discutiendo sobre el sexo de los ángeles y sin ser capaces de pactar presupuesto alguno para mejorar la vida de esa Asturias a la que todos dicen defender. Cuando el campo está tan embarrado como está el de la vida cotidiana de los asturianos, nadie espera ver fútbol espectáculo y florituras de virtuosos. Vale con un gol de penalti y en el prórroga para no perder la categoría. La política sin acuerdos y el fútbol sin goles son pachangas de aficionados que llevan de cabeza al descenso.

Posibilidades

No sé cuantas veces te habrán dicho que andas por ahí blasfemando por encima de tus posibilidades, que sufres por encima de tus posibilidades, que haces que los otros pasen malos ratos por encima de sus posibilidades, que te has puesto imposible. Te han dicho que pares ya, pero tu sigues apretando el tubo de pasta de dientes en el que crees que aún están envasadas las posibilidades. Sigues apretando aunque el tubo está plano, seco, sin posibilidades de que salga de él un resto de remota posibilidad de algo diferente a todo esto. Ya sabes, porque te lo han dicho hasta el aburrimiento, que estuviste muchos años viviendo por encima de tus posibilidades, bebiendo por encima de tus posibilidades, soñando por encima de tus posibilidades, escribiendo cosas que están muy por encima de tus posibilidades, cantando en un tono que está muy lejos de las posibilidades de tu garganta. Te avisaron muchas veces que eras como el idiota del tango, aquel que alzó un tomate y lo creyó una flor. Problemas con la ginebra, avisado estabas. Te lo dijeron y tu no hiciste caso, seguiste revolviendo entre los escombros de aquellas otras posibilidades que alguna vez tuviste y que ya no están, que son rastrojos, vomitadas secas en una esquina, frases sueltas en libretitas con las hojas amarillas que encuentras ahora en cajones del sótano cuya próxima escala es el basurero. Aquellas posibilidades que, ya ves, estaban muy por encima de tus posibilidades, te dejaron secuelas parecidas a las de los muchos amores que estaban por encima de tus posibilidades. Aquellas viejas posibilidades de todo solo te dejaron una inercia de nada que no sabes a donde te lleva, pero que, te lo han dicho, no tiene posibilidades de rendir viaje en un final feliz. Ahora llegó un invierno de una crudeza por encima de tus posibilidades, en el que ni siquiera tienes posibilidades de que la leña que te queda almacenada sea suficiente para calentar este tiempo tan helado. Hace un frío por encima de tus posibilidades. Un frío que va desde dentro hacia fuera y viceversa. Has llorado por encima de tus posibilidades y, ya ves, no ha servido de nada porque cada vez que despiertas del desconsuelo el dinosaurio sigue ahí, acechando. No digas que no te avisaron. Eres un sentimental sin posibilidades, te lo dieron también, que se empecina en rascar lo que queda en el fondo de barril por ver si entre tanta mierda se da alguna flor, aunque sea de plástico. Igual hay posibilidades.

Belén

Si la Virgen María hubiera ido a Belén a abortar cuando quedó embarazada de soltera y de alguien que no era su novio, la Humanidad se habría ahorrado muchos problemas. En primer lugar, el catolicismo no habría existido nunca y, por tanto, a estas alturas de la película no habría Vaticano, ni tipos como Rouco metiendo baza en todo lo que no es de su competencia pese a que los obispos dicen, con la boca pequeña, que su reino no es de este mundo. Si la Virgen María hubiese abortado en Belén aprovechando un despiste de San José para seguir su vida de ama de casa, la Humanidad se habría ahorrado millones de muertos en concepto de guerras de religión y en cruzadas de todos los colores y en todos los siglos, cruzadas en las que la fe y la religión no movieron montañas de misericordia, sino que rellenaron cunetas con muertos cuyo delito consistió en que nunca habían ido a misa de doce. Si la Virgen hubiese decidido abortar hace veinte siglos, el género humano se habría podido ahorrar también millones de euros en indemnizaciones por delitos de pederastia, así como el sufrimiento de grandes cantidades de personas angustiadas de por vida a causa de un asunto llamado pecado, un excelente negocio que patrocina un lugar llamado infierno y que ha servido para doblegar voluntades, así como para destrozar la libertad, la creatividad, la sexualidad y la vida de personas muy valiosas a quienes la religión católica incapacitó desde su posición de permanente alianza con el poder. Y ya puestos a suponer lo que habría pasado en caso de que la Virgen hubiese interrumpido su embarazo, piensen qué gran cantidad de familias se habrían visto liberadas de los trances de las cenas y comidas navideñas, ahorrándose disgustos, borracheras y puntos del carné de conducir.

Si la Virgen hubiese abortado en Belén, el mundo seguiría lleno de gente capaz de hacer el bien respondiendo a su propia moralidad y a su conciencia, sin necesidad de seguir manuales de conducta escritos en catecismos. No sé si el mundo sería mejor, pero estoy casi seguro de que no sería peor. Pero la Virgen no abortó. Hizo uso de una libertad de elección que todos llevamos dos mil años respetando, financiando y a la que nuestra historia se ha tenido que adaptar no siempre por las buenas. A estas alturas del partido no creo que sea mucho pedir que la Iglesia y sus monaguillos del PP tengan por la libertad de las demás mujeres el mismo respeto que se ha tenido por la de quien decidió no abortar en Belén.

Fetal

No contento con tener empleados, amigos y colaboradores con mucho dinero en algunos conocidos paraísos fiscales, el PP acaba de crear los paraísos fetales. España es un paraíso fetal. La ley Gallardón es otra evidencia de la irritante hipocresía de quienes muestran más interés por los que aún no han nacido que por los que están vivos. Esa forma de gobierno, como el propio Gallardón dijo, consiste en repartir dolor entre quienes ya hace años que nacieron y, aún más, entre los seres vivos que están a punto de dejar este mundo por edad o enfermedad. España es un paraíso fetal donde se asegura el bienestar de los nasciturus, pero donde las putas hacen cola en las rotondas de las autopistas, los parados ante las oficinas de empleo, los arruinados en los albergues sociales y los policías nacionales ante la sede del PP buscando contabilidades corruptas por orden de un juez. Pero en medio de todas estas cosas, la condición de feto tiene importancia prioritaria para este gobierno; el feto es el sector de la ciudadanía a la que más le interesa proteger. Ahora bien, este mismo gobierno no se toma la molestia de explicarnos cómo va a asegurar la comodidad de ese no nacido una vez que ya haya venido a parar en este mundo, o de qué manera va a proteger a su madre si es soltera, si es homosexual, si no tiene recursos para mantener a su hijo, o si el recién nacido arrastrará durante su vida una brutal minusvalía. España es un paraíso fetal en el que la ultraderecha disfraza de bondad su intolerancia más profunda, viste de preocupación paternalista por la mujer su machismo más feroz y pone su mayoría absoluta al servicio del sectarismo religioso de la peor especie. Hay días en los que apetece no haber nacido en este paraíso fetal.

Chorizo

 

Es difícil vivir tranquilo en su país donde siempre hay que estar a favor o en contra de algo o de alguien. Hay que ser del Madrid o del Barcelona, de los moros o de los cristianos, del novio o de la novia, de la playa o de la montaña. La última es tener que ser de un anuncio. A saber: o eres de Campofrío o eres Loterías del Estado. Pues bien, uno lamenta decir que ambos me parecen la misma especie de bazofia ideológica metida con la ayuda de una abundante dosis de la infalible vaselina navideña, ese lubricante que hace pasar los camellos por el ojo de la aguja y los engendros publicitarios por anuncios de calidad. El de la Lotería es un monstruo publicitario casposo y polvoriento que apela a volver a la rancia Nochebuena del pueblo, con brasero de carbón y pedos sofocados en familia con el fin de juntar calor humano para ahorrar calefacción en un país donde la electricidad es un lujo. El de Campofrío es una pieza con afanes cosmopolitas y modernillos, colorido almodovareño, personajes más vistosos y menos apolillados, que reivindica lo español “manque” duela. Dirige el spot una señora que vive en Gran Bretaña. Patrocina el pincheo y la entrega de diplomas de extranjero una empresa que, como ya sabrán ustedes, tiene la mayoría de su capital en manos de inversores chinos y mexicanos. Colorines aparte, ambos anuncios se sustentan en un canto a la misma España: almorranera, cejijunta, cabreada, arruinada, pero orgullosa de su roña y sus sabañones, encantada de dar de comer a quince con la ración de tres y de poder estar hasta las mil en un bar con el suelo lleno de serrín y cáscaras de mejillones. Las dos películas cuentan la misma historia. En la primera solo faltó incluir un desfile de la Legión para reforzar más “lo nuestro”. En la segunda podrían haber rematado la faena haciendo que la Lampreave fuese en realidad una camello de farlopa que vende rayitas al personal para superar el bajón de ser español y seguir adelante. En otros tiempos las depresiones se curaban con un coñac que se llamaba “asaltaparapetos” y nosotros somos descendientes de esos recios españoles con el orgullo íntegro y los calcetines llenos de tomates. Vistos los dos anuncios en estas navidades de Bankia, Blesa, los Aznar y sus cortijos, las cuentas negras del PP, infantas protegidas y otras españoladas por el estilo, queda claro que ambas empresas buscan españoles dispuestos a presumir de vivir en un país en el que el chorizo es la seña de identidad nacional del Rey hacia abajo. Y el que sea sensible que se vaya del pueblo o se haga extranjero, coño.

Presupuesto

Pues aquí seguimos presenciando el penoso espectáculo de nuestro parlamento de veteranos tresmileuristas que será incapaz de evitar que Asturias se quede sin presupuestos para 2014. Y lo peor de todo es que uno se malicia que a todos ellos les importa un carajo que tal cosa suceda. Digamos que esta prórroga presupuestaria les va a permitir pasarse año y medio mano sobre mano, dedicados en exclusiva a preparar las estrategias electorales para las próximas autonómicas, momento en el que volverán a fingir tener un enorme interés por las cosas que pasan en nuestras vidas. Ya t’ oyí. Los ciudadanos a quien ellos dicen representar y gracias a quienes ellos viven como dios desde hace décadas, hace tiempo que nos buscamos la vida por las cunetas del sistema democrático, ajenos al discurseo de plantilla y argumentario con el que hace días tratan estos señores de explicar lo que no tiene explicación en una región con nuestras cifras de fracaso generalizado. Que un parlamento autonómico al completo viva en el país de las maravillas es sólo una evidencia más de un estado de cosas que mueve al vómito. El presidente de este Principado ha vuelto a hacer “un Fernández”, una de sus principales habilidades en política que consiste básicamente en desaparecer. Fernández el ausente  no sabe gobernar en minoría porque no sabe negociar, cosa que se le daba mucho mejor a su denostado predecesor socialista, Tini Areces. Con todos su grandonismos y  errores, Areces le dejó a Fernández el listón muy alto en toreo de salón, engatusamiento y capacidad de cesión. De la oposición hay poco que decir porque son más previsibles que un episodio de “Aquí no hay quien viva” y a todos les viene de perlas que el descojone institucional se haya hecho fuerte en sede parlamentaria. No habrá presupuesto, por supuesto, porque la capacidad de hacer política que se les presuponía a los diputados no alcanza ni para una prórroga. Su gran chapuza ya la teníamos todos más que presupuestada.

Penetración

Espero que la vida sexual de los asturianos sea más activa que la de sus obras públicas. Lo digo porque si la frecuencia e intensidad con la que el personal se entrega al fornicio es similar a la que tiene la inauguración de los tramos de nuestras grandes autovías, nuestra tristeza venérea  será tan eterna como nuestra incomunicación. Que venga una ministra para abrir al tráfico nueve kilómetros de autovía que lleva quince años en obras es tal vez la única forma de que los asturianos nos pongamos cachondos durante un rato y olvidemos el abandono al que llevamos sometidos desde hace décadas. La presencia ministerial es la Viagra que trata de hacer arrancar nuestra triste vida conyugal con el Ministerio Fomento, una amante de siempre muy esquiva, dispuesta a calentarnos la cabeza con calendarios llenos de fechas excitantes pero que nos deja tirados en cuanto hay que repartir dinero con Andalucía, Cataluña, Galicia o con quien sea. Es sabido que la gente está muy deprimida si sus comunicaciones carnales son escasas y también si sus vías de penetración por tierra, mar o aire son tan revés, parciales, esporádicas y penosas como las otras. Al fin y al cabo, todo es comunicación y cuando solo hay interrupciones (ya sea en coitos, en vías o en autovías), las personas o las sociedades no se encuentran realizadas como es debido. Y no digamos nada cuando hay que pagar peaje por cualquiera de las modalidades de penetración. Asturias siempre ha sido una tierra de gente dura y dada al intercambio de fluidos que, por el contrario, se ha tenido que conformar con unas vías de comunicación tirando a impotentes y pequeñas, fláccidas y más bien tristes o de pago. En estas cosas el tamaño también importa, así que sólo queda seguir pidiendo al Ministerio menos “li, li, li” y más “la, la, la”, porque en cosa de carreteras y vías de tren también queremos presumir de tenerlas muy largas.

Tóxico

Una familia andaluza ha muerto casi al completo por intoxicación alimentaria. No habían comido caviar el mal estado en una boda, sino basura en mal estado, manjares ferrmentados que recogían de los contenedores, los excedentes de los supermercados y otras expendurías de basura que se han convertido en los Vips de los pobres modernos . En los contenedores de basura el menú del día tiene un precio muy asequible y no es necesario pasar la vergüenza de estar a la cola de un comedor de caridad antes de llenar el estómago. Tal como se están poniendo las cosas no estaría de más sugerir la creación en alguno de los canales dedicados a la cocina de una sección especializada en platos de reciclaje, como saber si el olor amoniaco de un pescado podrido puede maridar con un vino del Penedés, o si el moho de la fruta pasada puede ser asimilado al tofu de la dieta vegetariana. La especialidad en comida tóxica y caducada tiene por delante un gran futuro, ya que entronca directamente con una sociedad cada vez más intoxicada por el consumo de una dieta bastarda basada en recetas políticas y económicas podridas hace años que siguen envenenando a miles de personas. Para muestra de la extremada toxicidad de los mensajes políticos que integran nuestra dieta, sólo hubo que escuchar a la concejala de servicios sociales del pueblo de los pobres envenenados. La señora dijo que a ella no le constaba que estas personas estuvieran pasando por graves necesidades. Añadió que no se habían apuntado a ninguno de los planes de empleo municipal. No le faltó más que concluir que si comían de la basura era porque querían, que hay gente pa todo, y que los pobres que quieran ser tenidos por tales y morirse envenenados tras comer una sardina podre tienen que estar habilitados para ello por la bondadosa administración. El que no esté en la lista no es un pobre de los nuestros y su muerte por envenenamiento no compete a los poderes públicos. España se está  volviendo  demasiado tóxica. Le ha quitado la fecha de caducidad a los yogures para ponérsela a los ciudadanos. Para vomitar.