Apologías

La apología del terrorismo es un feo asunto. Y desagradable. Hacerles la ola a los que han desgraciado la vida de otros no es solo una expresión de falta de humanidad y principios básicos, sino también un delito. Por eso uno no entiende cómo es posible que el legislador no ponga el mismo celo en tomar medidas para la erradicación de cualquier expresión pública que de una forma más o menos explícita suponga la apología, el respaldo o en enaltecimiento de la corrupción, la sinvergüencería o el robo de dinero público a manos llenas. Todas estas cosas se me ocurren cuando escucho a varios altos cargos del PP (Floriano, Cospedal) poner paños calientes a la sentencia que condena a Carlos Fabra a cuatro años de cárcel por fraude fiscal, cuando evitan dar explicaciones sobre la doble contabilidad de su partido o niegan la relación con el tal Bárcenas. El enaltecimiento de los ladrones con cargos públicos mediante discursos evasivos, circunloquios, disculpas o ejercicios de escapismo dialéctico debería tener la misma respuesta judicial que las manifestaciones de quienes jalean a los terroristas del tiro en la nuca. Hay muchas maneras de acabar con el Estado y con la democracia. Puede hacerse poniendo coches bomba, entrando con un tricornio en el Congreso a dar un cuartelazo, o arruinando las arcas públicas para luego pasarse al sector privado a seguir chupando de los Presupuestos Generales.  El resultado de estas acciones impunes de terrorismo económico es el desguace de la sociedad civil, el empobrecimiento de varias generaciones y una cosecha de hastío ciudadano y desconfianza en unas instituciones que se han convertido en la madriguera de algunos corruptos muy aplicados y aún más protegidos. Por activa o por pasiva. Acabar con el enaltecimiento de la corrupción, del machismo (patrocinada por la diócesis de Granada y su libro), de la violencia contra las mujeres y desterrar todas las demás apologías a lo más sucio de nosotros mismos es aún una de las muchas asignaturas pendientes de quienes tantas explicaciones nos deben pero que tantos años llevan dedicados, en exclusiva, al enaltecimiento de sí mismos.

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Un pensamiento en “Apologías

  1. Qué razón tienes amigo. Había que crear el delito de enaltecimiento de la corrupción. Pero claro, a los que mandan y a los de la oposición no les interesa hacerlo. Porque bajo mi punto de vista, no sería únicamente el fin de muchos altos cargos del bipartidismo corrupto que tenemos en España, sino que también el de esos sindicalistas que gritaron de todo a la jueza Mercedes Alaya, el de esos de las NNGG que humillaron a los estafados por las preferentes, el de muchos periodistas mercenarios como Maruhenda, Sopena, etc. Y como no, los que estamos hartos de que PP, PSOE, IU, CIU… nos quiten derechos mientras ellos roban a manos llenas disfrutaríamos viendo como muchos de los que tengan el carnet de estos partidos serían cuanto menos tildados de sospechosos pudiendo también ser procesados aquellos que desde la calle, hagan campaña en favor de los corruptos. Pero claro, para conseguir este delito lo primero sería lograr la despolitización de nuestros órganos judiciales. Algo nada fácil mientras no cambiemos los políticos de arriba a abajo.

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