Los Parot

La doctrina Parot es una especie de “día de la marmota” en versión penitenciaria. Cuando el reo cree que ya ha cumplido la pena por sus crímenes se le dice que aún le quedan veinte años más, por cabrón. Y así hasta el infinito. El tribunal de Estrasburgo se ha cargado tal doctrina en medio de protestas y manifestaciones, aunque si uno mira con detalle a su alrededor ve con claridad que es casi interminable la relación de los afectados por otras versiones libres de la doctrina Parot que siguen vigentes. En España hay una tendencia de eterno retorno a lo peor de la que no hay tribunal europeo que nos libere. Haciendo memoria de lo próximo se verá, por ejemplo, que los gallegos del ‘Prestige’ deberán cumplir íntegra la pena y la vergüenza de una catástrofe en la que los únicos que han quedado en libertad han sido los culpables. Cadena perpetua de galipote para quienes nada hicieron y libertad y discursos triunfales para quienes la cagaron a modo, que se van de rositas. El de los hilillos de plastilina es presidente del Gobierno y el que era minsitro de Fomento se las da de nuevo Pelayo en Asturias donde, por cierto, hubo que gastar 8 millones de euros en limpiar el citado galipote. ¿Lo reclamará ahora en su nueva versión de adalid de lo astur? Siempre los mismos girando en eterno efecto Parot para nuestra desgracia. Y no me negarán que tiene mucho de doctrina Parot tener que soportar a diario la chulería abusiva e invasiva de Wert, Aznar o Ana Botella, la inutilidad de Rubalcaba y su peña, la memez pretenciosa de Rosa Diaz, las listas del paro, los programas casposos de la televisión, la emigración de nuestros jóvenes, ser atracados por los bancos, o la visión espantosa de nuestra cuenta corriente. No habrá ningún tribunal europeo que nos libre de cumplir todas estas penas hasta el último día, que considere que estar sin trabajo durante años, tener más de un 50% de desempleo juvenil o que se congelen las pensiones son claros atentados contra los derechos humanos a los que habría que poner fin. Y no digamos nada de la doctrina Parot inversa que convierte en perpetua la presunción de inocencia para cualquiera que lleve el apellido Borbón. Los Parot del primer grupo estamos condenados de por vida.

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