Cajas

La distancia más corta entre dos cajas de fruta y dos gochos no siempre es la línea recta. A la entrada de Mercasturias, la distancia más corta entre dos cajas de melocotones o dos cabezas de porcino que viajan en sendos camiones, es un guardia civil echando unas multas del tamaño del Urriellu. Esto lo cuentan veteranos empresarios de la zona, cabreados y hartos de que el acceso al polígono industrial se haya convertido en una trampa en la que la DGT recauda a talonario armado miles de euros al día a costa de mirar con lupa el mínimo desvío en la carga de los trailers que por allí pasan. Hace no mucho, un desfase de 200 kilos de fruta en un cargamento global de 40 toneladas le costó a un transportista una sanción de varios miles de euros. Y este es un ejemplo de muchos. Todo parece indicar que la orden de Delegación del Gobierno es recaudar como sea y qué mejor sitio que la entrada/embudo a un mercado central para poner el cepo lobero y pasarle la minuta al que lleve un cerdo más alto que otro, o unos tomates pasados de peso. Nadie se quejaría si la intervención de la Benemérita tuviera por objeto poner coto a algún grave delito, pero todo indica que no es así. Quienes lo viven a diario, aseguran que la mayoría de las sanciones se prescriben por nimiedades que en nada afectan a la seguridad vial, o apenas vulneran las normas del transporte y, sin embargo, causan graves daños a los mayoristas y a los transportistas. En una región en la que es cada vez más complejo ser empresario, la Administración debería ser tan diligente en tramitar los permisos de apertura de nuevos negocios, o resolver las peticiones de ayudas públicas como lo es a la hora de cogérsela con papel de fumar y clavar unas multas de espanto a quienes aún trabajan y crean algo de riqueza en este erial. Tal vez todo tenga que ver con que el delgado del Gobierno en Asturias, el locuaz Gabino de Lorenzo, fue antes alcalde de la ciudad en la que se quiere multar los mendigos. Ahora emplea su bastón de mando contra manifestantes rojeras y camioneros. El Estado debería saber que su única misión no puede ser la de hacer caja a costa de cualquiera, ya sea de los que duermen en cajas de cartón o venden cajas de melones. Cualquier buen gobernante sabe que la justicia máxima suele terminar por ser la máxima injusticia. Pero, claro, ¿hay algún buen gobernante o su trabajo consiste solo en hacernos pasar por caja tras haber pasado por las urnas? En fin.

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