Al Capone

Si Rodrigo Rato estuviera, por ejemplo, haciendo un botellón en la plaza de Arturo Arias habría sido normalmente amonestado por un guardia municipal de Gijón y obligado a recoger las botellas vacías y los cristales rotos. Pero Rodrigo Rato hace botellón en los bancos, en despachos con suelo de mármol, paredes de madera, butacas de piel y mueble bar refrigerado, y también en los fondos monetarios internacionales, lugares muy selectos en los que las macarradas de los directores generales pasados de copas son premiados con miles de millones en dinero público, un bonus y un ascenso. Si, pongamos por caso, Rato vomitase en la calle de cualquier ciudad sería multado, pero como vomita sobre los españoles, es nombrado asesor del Santander y de Telefónica, dos entes devoradores de carne humana que pueden vomitar algunas cosas, pero que jamás devuelven nada, excepto los  favores que les hacen tipos como Rodrigo Rato. Rodrigo Rato tendría que estar en los carteles de “se busca” de las comisarías, pero está en los consejos de administración. El contable de Al Capone tuvo seguramente una carrera profesional más digna que la del ex presidente de Bankia, pero no conoció a Botín. Si Al Capone hubiera conocido a Rato, a estas horas sería recordado como un financiero de mérito, no como un gánster. Rato es al sistema bancario lo que el toro de la Vega es a la ecología, pero como el ex ministro mete los puyazos al amparo del sistema económico, sus faenas siempre reciben el aplauso de los entendidos, los amiguetes que fuman puros en los palcos de sombra y a los que el banquero brinda sus lances de cada tarde y da la vuelta al ruedo bajo una lluvia de claveles y billetes de 500 euros. Es como ser torero ecologista y socio de Greenpeace, obrero de derechas o banquero honrado. A la vista del currículo de don Rodrigo, todo parece indicar, ciertamente, que los ladrones entrarán antes que nadie en el Reino de los Cielos. Por ahora se entrenan para la gloria en el reino de la tierra. Y les va de cine. Y, por cierto, que alguien le quite ya a Rato el título de hijo adoptivo de Gijón. Adoptemos a Al Capone.

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Un pensamiento en “Al Capone

  1. Jaime, sólo te leemos a tí y a Millás. No decimos for president! por qué sería una horterada casposa en estos tiempos y no se lo merece ninguna de las dos partes. Si tú o alguien promueve plataformas de firmas pa echar abajo a todos estos, por favor haznoslo saber!
    Un abrazo
    Felipe del Campo

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