Intestinos

Con la ayuda de la empalagosa Martina Klein, que siempre está a gusto con la vida sin que nadie entienda las razones que hay para tal cosa, las empresas que fabrican yogures y derivados de la leche llevan décadas empeñadas en hacer campaña en favor de nuestra flora intestinal (a mí la Klein me produce ganas de vomitar, pero ese es otro tema). La preocupación por la flora intestinal estaba bien para los tiempos en los que aquí se vivía como dios y todo el mundo se saltaba la dieta cardio saludable. Había entonces un estreñimiento generalizado que era necesario aliviar cultivando la flora y los movimientos del bajo vientre Sin embargo, lo que a mí me preocupa ahora es lo que le pasa a la flora cerebral de quienes nos gobiernan. Por ejemplo, yo creo que Fátima Báñez y Dolores de Cospedal pueden tener bien la flora intestinal e ir al baño con la precisión de un reloj de cuco y, sin embargo, demuestran grandes dificultades para deponer con soltura un par de ideas sensatas al día. Decir que el paro baja porque hay 31 desempleados menos, es una muestra de tener serios problemas en el tránsito cerebral. Yo mismo, pongo por caso, como y meriendo todos los días como mandaba Sánchez Ocaña y cultivo la flora intestinal a destajo para sentarme en el inodoro sin problemas. Todo va bien hasta que veo el telediario y sale algun minsitro estreñido a cagarla con unas estadisticas del paro que son como cagarrutas de oveja. Entonces me siento cada tarde ante esta columna vacía y empujo con fuerza sobre mis hemisferios cerebrales en busca de una o dos ideas más o menos graciosas y agudas, para que ustedes tengan la bondad de leerme y olviden durante unos minutos a Bañez y la otra. Y no soy capaz porque, al parecer, mi flora cerebral no digiere ni procesa la realidad que me rodea, ni lo que dice Cospedal, ni el precio de los libros de texto y los zapatos de los niños, ni sus complicadas preguntas, ni los números rojos, ni algunos chistes verdes, ni el calendario que corre, ni por qué hay días que me cuesta tanto levantarme. En fin, que si yo manejara algún día el papel en blanco o el papel de mi vida como manejo el papel higiénico, todo sería perfecto. Tal vez esté por inventar el bífidus en champú para sanear la flora mental de los que mandan y, de paso, la flora intestinal de quienes somos gobernados. Y a gusto con la vida.

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