Humo

Llama la atención constatar que cuanto más enfermo está el sistema en general y más víctimas deja a su paso, más se empeñan los que gobiernan en que los ciudadanos estemos sanos por decreto. Será para compensar o para tranquilizar los restos de su mala conciencia. El Gobierno de Asturias, conocido por su condición de inédito o inoperante en tantas cosas, ha encontrado en las colillas de los ciudadanos su propio Gibraltar con el que entretener a la opinión pública en este verano de cortinas de humo generalizadas. En vez de salvarnos del paro sin filtro, la precariedad laboral liada a mano, de los recortes sociales, sanitarios y educativos, de los abusos de la banca y de los traficantes de basura ideológica y de todo tipo, este gobierno nos salva de la nicotina ajena, el mayor peligro al que, al parecer, nos enfrentamos en la actualidad. Entrañable intento de mostrar autoridad ante los de siempre: nosotros. Los gobiernos son incapaces de garantizar nuestra salud laboral, económica y social. No pueden, no saben o no quieren dictar leyes que prohíban la especulación, las comisiones bancarias abusivas, los tomates que no saben a nada, las carreteras que no van a ninguna parte o las mentiras con el sello oficial. Lo único que pueden hacer es que dejemos de fumar por activa y por pasiva, una prohibición que prolongará nuestra vida y permitirá que la edad de jubilación se sitúe en los 85 años con un parque móvil de currantes aún en pasable estado de revista y con los bronquios impolutos. Hace un par de días se concentraron en las gradas del campo de fútbol de Langreo muchos cientos de parados, todos aspirantes a 34 míseros puestos de trabajo. Tengo la curiosidad de saber si durante la espera pudieron fumar o lo tuvieron prohibido por tratarse aquel de un recinto semicubierto y ser además un espacio público.

Otra explicación de este afán de imponer la salud por decreto pudiera ser la de preservar sanos a nuestros queridos jóvenes para que no se gasten en tabaco el dinero de las suculentas becas, y ahorren para el billete de tren que les llevará a Alemania, o a la vendimia. Todo parece una broma, pero no lo es. Este es un país en el que se persigue antes a un fumador que a un defraudador fiscal y primero se recorta el subsidio de un parado que el sueldo de un diputado autonómico. Uno dejó de fumar hace tiempo. Si las cosas siguen por este camino también dejaré de votar, más que nada porque me parece mucho más tóxico el discurso de un gobierno incapaz que la calada de un fumador.  

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