Diligencia

 

Se ha quejado un portavoz de los empresarios de que los currantes pillamos demasiados días de permiso cuando se nos muere un conocido y que andamos por ahí de viaje como si nos moviésemos en diligencia. Y tiene razón este buen señor. Es que la gente no tiene la bondad de morirse en fin de semana y a menos de cien metros de casa de uno. Al final va a ser que tenemos amigos y familia por encima de nuestras posibilidades y cuando les da por morirse tenemos que echar mano de unos permisos por encima de las posibilidades y la paciencia de este amable portavoz de la CEOE y de algún otro representante de la clase empresarial. Si los pobres tuviéramos menos parientes y conocidos nuestros compromisos funerarios estarían a la altura de nuestras posibilidades y no necesitaríamos coger tan a menudo la diligencia de John Ford para desplazarnos a las exequias de nuestros seres queridos. Hasta para morirse hay clases y niveles de dolor que terminarán siendo estipulados por la CEOE en función de la renta per cápita de cada cual. Lo que es evidente es que si tienes unos familiares muertos en Vitigudino puedes hacer dos cosas: o no vas al funeral, o te compras un coche de alta gama para que te lleve y te traiga de acuerdo con la impaciencia de tu jefe. Nada de diligencias, coches de línea o trenes (cada vez más escasos por cierto). De todas formas, cuando escuché al señor este de la CEOE decir la palabra “diligencia”creí que se refería a lo diligentes que han sido siempre en la patronal para detectar y amputar las corrupciones que se dan entre sus miembros. Pero no, ellos también toman la diligencia de John Wayne cuando les conviene ir despacio. No hace falta más que recordar los muchos meses que siguió de presidente de la CEOE el señor Díaz Ferrán, hoy en la cárcel por chorizo. Antes de proceder a darle la patada, la cúpula de los empresarios se subió en una diligencia tirada por caballos de cartón para reflexionar sobre el asunto. Y no digamos nada de lo del señor García Vigón, con un asunto abierto en la Fiscalía por pufos con Hacienda. Lo que han hecho él y sus fieles guardaespaldas ha sido atrincherarse detrás de la diligencia mientras pasan los indios que piden su dimisión por conducta poco apropiada. Pero Severino sigue a lo suyo, tranquillo en su diligencia y gozando del diligente apoyo de sus colegas de la CEOE. Ninguno ha dicho nada de que Severino tarde más en dimitir por vergüenza torera que cualquiera de sus trabajadores en ir y venir a un funeral. Aunque sea en diligencia o en un carro del país.

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