Muecas

Si tuviera que opinar sobre los dos años de trabajo (sic) de la actual Corporación Municipal, tendría que someterme a un símil doméstico: una cata de sidra. Y a uno le da la sensación que esta camada de repúblicos gijoneses son todos políticos de nueva expresión, con pretensiones innovadoras pero tan aburridos e insípidos para mi gusto como la llamada sidra de nueva expresión. Ninguno de los dos productos se escancia como es debido. La sidra de nueva expresión se sirve a ras de mantel, no salpica, no se toma a la puerta de los chigres. Es tan anodina como los políticos de nueva expresión., que aparecen en el menú de las listas electorales sin saber si son carne o pescado, y que llevan dos años gobernando presuntamente y haciendo que hacen oposición con tan poca gracia como la mentada casi-sidra. Con un carril bici al que dios confunda y varias broncas de medio pelo por todo bagaje después de dos años de actividad, no se puede habar de gobierno ni de oposición. La insipidez municipal es tan manifiesta que uno echa de menos la sidra de toda la vida, la que se echaba desde arriba, y a los políticos de antes, los que tenían discurso, horas de vuelo, aciertos, errores y, sobre todo, ideas por muy discutibles que fueran. Porque un político que no se bate por los caminos es como la sidra que no se bate contra el borde del vaso. Que me perdonen los paladares sensibles. No se sabrá nunca si está para corchar, si todavía está verde, si da alegría al paladar o un cólico nefrítico. En la nueva política lleva años pasando lo que en la nueva cocina: raciones pequeñas, muy caras y con más trampas que una película de chinos. Todo es imagen y la imagen no se come. Los líderes públicos de las cosechas recientes tratan de hacerse pasar por políticos de nueva expresión, pero tienden a ser inexpresivos, poco originales, muy guapos en el plato o en el plató pero malos de tragar. La nueva política nos hace consumir vulgares menús del día con la vitola de llevar cinco tenedores y a precios de escándalo. Menuda estafa. Uno sigue pensando que la política, lo mismo que la sidra, debe ganar altura para que sepa a algo. Si no es así, lo de la expresión no pasa de ser una mueca y en este ayuntamiento llevamos dos años viendo solo muecas.

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