Carta

Mi banco me manda una carta. La vieja tradición de recibir cartas perfumadas, amorosas, de discusión o de lo que fuera se ha perdido. Los únicos que nos escriben alguna vez son Isidoro Álvarez para felicitarnos el cumpleaños, y los bancos para amargarnos la vida. Mi banco me ha escrito para pedirme en términos apremiantes y expeditivos que les haga llegar de inmediato una copia de mi DNI y otra de mi nómina. La primera petición me parece absurda, ya que si ellos no tuvieran en su archivo mi número de DNI no sería yo su cliente; la segunda es más absurda aún ya que ellos ven cada mes entrar y salir mi nómina. Saben lo que gano mejor que yo y antes que yo desde hace años. Estoy a punto de lanzar el folio al saco de los papeles cuando salta a mí vista un último párrafo que me deja frío. Los documentos que tan ociosamente me reclama el banco son una exigencia que emana de la nueva normativa de este Gobierno para controlar el fraude y el blanqueo de capitales. O sea que el banco hace de correo de nuestro amado ministro Montoro para que el amedrentamiento de la clase media sea más efectivo al llegarnos la presión por todos los costados a la vez. La escueta y apabullante correspondencia bancaria finaliza con la advertencia de que en caso de que no lleve esos documentos a la sucursal en un breve plazo, la entidad ¡podrá impedir que opere con mi cuenta! Aparte de que la única operación que podría hacerse ahora con mi cuenta es una autopsia, me parece un abuso, otro escrache institucional de estos tipos que tanto se quejan, y otra vuelta de tuerca más para hacerse los gallitos con los que apenas llegamos a fin de mes. Montan ahora esta Babel con quienes no tenemos un euro después de haber actuado como un coladero con los Bárcenas, Urdangarín, Pujol, Borbón y compañía, personajes con cargos públicos o institucionales que trasegaron millones de euros por medio mundo sin que nadie se diera por aludido, ni sufriera ataque alguno de celo contra el fraude y el blanqueo. Si no fuera tan penoso todo lo que vemos a diario en este Cafarnaúm de rateros y apandadores con corbata de seda sería para tomárselo a risa, pero no quedan ya ganas de bromear. Europa se gasta 12 millones en el funeral de la Tatcher al tiempo que nos manda acudir con el carné en la boca al banco para ver si somos buenos chicos o tenemos números rojos por encima de nuestras posibilidades.

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