Yogures

Los yogures van a estar desde ahora más cerca de la condición humana. Al ignorar cuál es su fecha de caducidad, los yogures entenderán mejor lo que sentimos los hombres y las mujeres al levantarnos cada mañana sin saber si ese será nuestro día final. Hasta ahora uno había sentido cierta inquietud en presencia de unos yogures y hasta de unas natillas. Los veía en la nevera como quien mira a los presos del corredor de la muerte que tienen fecha fija de ejecución, y pensaba si en algún lugar del cosmos no habrá un tipo con un palillo en la boca sentado ante un ordenador gigantesco que almacena nuestras fechas de caducidad. El tipo del palillo iría dándole a la tecla de borrar por estricto orden. Desde ahora, y merced a una brillante decisión de este Gobierno tan liberal, tanto los humanos como los yogures tendremos sólo una fecha de consumo preferente basada en unos extraños cálculos cuyo método desconocemos. Para nosotros y para ellos esto se llama esperanza de vida, un concepto que nos advierte de que nuestro tiempo es limitado, pero sin la saña del inapelable sistema de caducidad. Habrá yogures griegos (pobres), con bífidos  con l-casei, de sabores, desnatados, de chocolate, con trozos de fruta o naturales, pero las clases yoguriles se acabarán ahí porque, a la hora de la verdad, la fecha de consumo preferente los iguala a todos como ocurre con las clases sociales humanas ante la guadaña final. Y como esto de la fecha de consumo preferente puede ser aleatorio y mover a fatales errores de cálculo, el círculo hombre/yogur se podrá cerrar un buen día en que cualquiera de nosotros ataquemos con la cucharilla una tarrina de dudosa juventud y estado de conservación que nos intoxique mortalmente. Ahí, en ese acto supremo, habremos llegado juntos, yogur y paisano, a la fecha de caducidad, un final muy propio para una vieja relación que empezó en lo intestinal y terminará en lo existencial. A partir de ahora el único producto de uso masivo que tendrá fecha de caducidad será la Monarquía española, lo cual es una seguridad para los consumidores de mitos y postres pasados de fecha.

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