Horas

Uno de los fallos de la vida es que carece de servicio post venta. Si se te estropea, te aguantas. No hay piezas de recambio, ni repuestos originales, ni de imitación. La vida no tiene periodo de prueba, ni de garantía, ni te devuelven los años malos para que puedas intentar vivirlos mejor. Si un coche sale mal te pueden dar uno nuevo. Si la vida sale mal, te quedas con lo que hay y tratas de tirar con ella hasta donde puedas, haciendo solo trayectos cortos, evitando grandes recorridos por si el motor gripa por completo. Esta falta de cobertura puede deberse a que la vida se nos da de balde, aunque a mí me resulta carísimo y complicado tener que vivirla.  Supongo que a ustedes también.

Pienso estas cosas cada vez que nos quitan una hora de sueño y vida en estos extraños cambios horarios a los que nos someten cada primavera y cada otoño, y en la gran idea de los coreanos del Norte de crear su propio sistema horario. Tiene razón Kim. A mí, sin ser de Korea,siempre que cambia la hora me da por elucubrar acerca de lo que nos podría haber pasado en esa hora que nos quitaron o en el riesgo que corre repitiendo sesenta minutos que uno ya había pasado. En la hora robada lo mismo podríamos haber conocido a alguien tan interesante que cambiara nuestra vida, o haber tenido una idea genial para hacernos ricos y famosos. Lo justo sería que nos dejasen libertad para que cada cual se saltase o añadiera las horas que le parecieran convenientes y en el momento que considerase oportuno, no cuando lo manden unos tipos de Bruselas. En ocasiones hay horas y días enteros que le parecen a uno un coñazo, que se los pasaría en el limbo, durmiendo sin soñar o soñando despierto y, por la misma, hay lapsos de tiempo que uno no desea volver a repetir bajo ningún concepto.

Tienen razón los de Korea del Norte. Lo equitativo sería poder hacer los cambios de hora cuando nos viniera bien, no por decreto de los mismos burócratas que nos suben los tipos de interés cuando a ellos les parece oportuno. Para eso tampoco nos consultan. Porque, claro, alguien dirá que esa hora de vida que nos quitaron en primavera  nos la devolverán en octubre. Pero ¿y si ese día a mi me sobra con 24 horas peladas y no me apetece tragarme un día de 25 horas? ¿Y si en esa hora repetida por obligación me asesinan, me roban o me pilla un coche? ¿a quién reclamaré entonces? Si la vida tuviera un servicio post- venta como Dios manda, estas cosas no pasarían, se podrían reclamar daños y prejuicios o, al menos, echar una queja en el buzón de sugerencias para que dejen de jugar con todo lo nuestro y nos dejen, al menos, la potestad de controlar las horas que nos ha tocado vivir, horas que, por cierto, son cada vez más escasas, además de cada vez más caras. Las horas son artículos de lujo, señores. Déjennos perder o ganar el tiempo como y cuando nos dé la gana. Gracias a los coreanos por la sugerencia..

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