Al concejal

Apreciado concejal Martínez Argüelles.

He leído sus disculpas tras destaparse por enésima vez el asunto de las dietas que cobró como consejero en Liberbank y lamento decirle que no me valen, que me ofenden. Justificar un sobresueldo de más de 80.000 euros esgrimiendo una razón tan feble como que usted ha pagado a Hacienda y hecho donativos a su partido con lo que sobró, no me vale. Los demás humanos asalariados (los pocos que quedamos y ganando mucho menos que usted) pagamos también a Hacienda, faltaría más, y hacemos donativos a algunas causas más o menos nobles porque, entre otras cosas, desgravan. No tiene mérito alguno ni justifica nada ser mejor tipo que Bárcenas.

No me vale, ni me gusta, ni me parece edificante que con lo que está pasando en la vida real de la gente el portavoz del partido más votado en Gijón y que afirma aspirar de nuevo al gobierno, dedique alguna hora de su tiempo a sentarse en el consejo de administración de un banco. Me da igual el banco que sea. No es su tarea. Si Gijón tiene que estar representada en esa entidad, mande allí a un técnico, si es posible saque del paro a un buen economista, a alguien que no tenga que dar la cara ante el electorado y que, de paso, tenga mucho más tiempo para desmenuzar los entresijos de la vida bancaria. O se es concejal o se es banquero, no hay más remedio que elegir. Y no creo que usted sea un pesetero, pero sí me parece que vive en un mundo muy alejado de la realidad, subido aún en la cátedra y sin haber bajado a la calle ni para hacer campaña electoral. De aquellos polvos vienen estos lodos. Además no es ético, ni estético, ni mediopensionista que estas retribuciones hayan tenido que salir a la luz con fórceps. Si tan orgulloso está usted de ser consejero bancario y cree que no hay nada de lo que avergonzarse, salte el primero al ruedo y diga lo que hay con pelos y señales.

“Bolsillos de cristal”, dijo el presidente Fernández que sería la norma de comportamiento del PSOE. El cristal se empaña a veces y parece que cuesta sacarle brillo para que todos veamos lo que hay dentro. Con gran disgusto opino que usted y su partido tienen un grave problema de comunicación y de imagen que, por supuesto, les aleja cada vez más de ese sector de gente que desayuna con escepticismo y cena con la idea de que la abstención es el mejor voto posible. Usted y su partido en Gijón tienen que hacer una seria reflexión de fondo y precipitar una crisis voluntaria antes de que la crisis obligada les precipite a ustedes en el abismo. Lo más decepcionante es que, como dijo aquel, a estas alturas ya no sabemos quiénes son de los nuestros, ni siquiera si nosotros mismos lo somos.

Quedo a su disposición

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Preguntar

Circula por las redes sociales este vídeo de 40 segundos que da mucho que pensar acerca del papel de los periodistas y la información sobre la crisis. Muchos de ustedes lo habrán visto; si no, véanlo. Jordi Évole habla sobre los recortes en sueldos y la desaparición de empleos con dos parlamentarias. Ignoro de qué partido. El periodista lleva la conversación a su terreno y, sin tensión alguna, sin hacerse el listillo ni mirar a la cámara para dárselas de agudo, pregunta a bocajarro a las diputadas si les parecería oportuno reducir a la mitad el número de miembros del Congreso y el sueldo de todos ellos quedara en poco más de mil euros. La naturalidad de la pregunta, hecha sin agresividad, buscando la noticia, y su oportunidad en los tiempos que corren no extraña al espectador, sólo extraña a las diputadas que, tras quedar mudas y con cara de pasmo, apenas aciertan a balbucear el típico “habría que estudiarlo” o “lo tengo que consultar con mi partido”. Sin editorializar como los santones de las tertulias, Évole desvela la realidad que tiene enfrente con la mejor arma de un periodista: la pregunta. No hay mejor escrache ni denuncia más efectiva que hacer la pregunta justa en el momento oportuno y esperar la respuesta. Preguntar y escuchar es el ejercicio del periodismo en estado puro.

Esta refrescante lección en 40 segundos contrasta con los insoportables debates-espectáculo televisivos protagonizados por opinadores energúmenos y multiempleados que aceptan representar como caricaturas el papel que les toca en ese pim-pam-pum del guiñol mediático. Los medios buscan ahora el share por medio de estériles digresiones sin fin de tipos bastante bien pagados que hacen bolos en varios canales y que parecen más ocupados en que prevalezca su opinión y la voz de su amo que en generar algo constructivo.

La información profesional, contrastada, comprometida con la pura realidad, que pregunta lo que a la gente le interesa saber, no lo que el entrevistado quiere contestar, es uno de los clavos ardientes a los que puede agarrarse un país machacado, bombardeado por propaganda de la peor especie, que presencia ruedas de prensa sin preguntas o por circuito cerrado, y que necesita saber la verdad y reaccionar ante ella. El periodismo complaciente con cualquier otro interés que no sea la verdad y el público, es tan estafador como el médico que oculta a sus pacientes la verdad del mal que les mata.

Sin vosotros

Puede que sea cierto que el Señor está con vosotros, pero el obispo auxiliar no lo estará. Al menos no estará en Gijón, la mayor ciudad de Asturias, ya que monseñor Menéndez vivirá en Oviedo como ya hizo saber el mismo día que comparó su pasmo al saber que sería obispo con el de la Virgen al recibir a San Gabriel. Qué embarazoso. Dios está en todas partes, al parecer, pero el nuevo mitrado prefiere quedarse en Oviedo, confirmando la marcha atrás de este arzobispado inició en 2005 y en lo que a descentralización se refiere. La verdad es que a uno se le dan una higa las presencias episcopales, pero tan cierto como esto que pienso es que Gijón ha sido desde hace mucho tiempo escenario de una actividad eclesial intensa y en muchos casos inspirada por la cercanía de los católicos a la realidad social de todos los pelajes, a ese “bajar a la calle” que recomienda el Papa Francisco a sus lugartenientes. Gabino Díaz Merchán, hoy arzobispo emérito, entendió bastante bien que el papel de la Iglesia en Gijón era diferente pero importante para estar cerca de otros colectivos, no siempre complacientes ni amigables con el mensaje eclesial, pero dispuestos a dialogar sobre el presente y el futuro de la sociedad asturiana. La tertulia de los curas del Bibio, las Conversaciones de Pastoral Obrera o los Encuentros de Cristianos de Base fueron algunas de las aportaciones del catolicismo playu al cotarro eclesial astur. También lo fueron nombres propios de curas cercanos a la gente como Eduardo Gordón, José Manuel Bárcena, “El Peque”, “Pin” Fonseca, Alberto Torga, Candido Viñas, José María Bardales, José Luis Martínez, los hermanos Fernando y José Manuel Fueyo, o Chema Hevia, por citar algunos nombres. Esa fuerza propia y de intención evangelizadora aconsejó a don Gabino Díaz Merchán convenir que el obispo auxiliar de Oviedo residiera en Gijón. José Sánchez y Atilano Rodríguez, enviados luego a convertir infieles a otras diócesis de la piel de toro, ejercieron buena parte de su episcopado en la villa de Jovellanos sin descuidar por ello sus obligaciones pastorales con el resto de Asturias. Los católicos de esta ciudad agradecieron el detalle porque sintieron que lo que se hacía a este lado del Cantábrico tenía idéntico valor a los ojos de Dios y del arzobispo que lo rezado y predicado en Oviedo. Por desgracia esta sana y evangélica costumbre parece haber pasado a mejor vida, al olvido eterno, al limbo de los justos, todo triturado por la tenaz pereza de la Iglesia a innovar, a explorar territorios y realidades nuevas, a salir fuera de las murallas conocidas y recorrer los caminos en busca de los otros como hizo el fundador de esta milenaria y cada vez más cerril y lejana institución. El Señor estará con vosotros, pero el obispo estará sin vosotros.

Ruido

Leí que se ha celebrado el Día Mundial contra el Ruido. Me parece muy oportuno tomar medidas para protegernos las orejas en tiempos tan ensordecedores como estos en los que, paradójicamente, los mensajes más estridentes, los que perforan el tímpano hasta hacer sangre, son los que vienen envueltos en palabras de apariencia mullida y susurrante, palabras precocinadas de apariencia moderada y silenciosa que, sin embargo, chirrían como el frenazo de un tren cuando llegan a nuestros oídos. Es este un tipo de ruido que se emite con sordina desde los despachos y los mítines, pero que estalla como un obús cuando llega a la calle.

Cuando un ministro dice en tono optimista que lo que hay aquí es movilidad exterior, hay media España exterior llena de emigrantes nuevos y antiguos a quienes les pitan los oídos como si hubieran metido la cabeza en una de las campanas del Big Ben. Parece un susurro de tecnócrata enteradillo hablar de crecimiento negativo, pero lo que suena realmente en nuestra cabeza con un nivel insoportable de decibelios, es que los de siempre seguiremos perdiendo empleo, sueldo y derechos. Otro ejemplo. Un ministro dice hoy en tono confidencial y neutro que no se subirán los impuestos, pero al día siguiente llega su jefe y dice que ya veremos si se subirán. Este indiferente “donde dije digo ahora digo Diego”, se escucha con el mismo desagrado que si alguien estuviera dando voces en mitad de la plaza del pueblo para despertar a los niños, o si un borracho nos gritase al oído en plena curda con el simple afán de molestar.

Alguien con muchos galones abre la boca y nos llama nazis o etarras cuando estamos en desacuerdo con todo este ruido a chatarra política, con estas caceroladas ministeriales y policiales que le hacen un chirriante paseíllo a quienes son desahuciados de su casa. Esa persona tan importante desliza ambos insultos en tono medio, con un halo culto, profesoral, institucional, preocupado, pero cuando salen de su boca hacen un ruido atronador que suena como la sirena de los campos de concentración, de triste memoria. Hay ruido, en efecto, pero el más ensordecedor no proviene de donde parece. Los gritos de quienes piden dignidad y libertad suenan a música celestial si se contraponen a los ladridos cuartelarios de quienes viajan en coches lujosos de motor silencioso, pero cuyas palabras y propuestas hacen el mismo ruido que el camión de la basura.

No leer

Tengo algunos amigos que han dejado de leer para poder beber y lo confiesan sin complejos, además de recomendarlo a sus íntimos. Es cuestión de prioridades y creo que no faltan razones para desertar de las letras y dedicarse a otros menesteres. No es malo dejar de leer y hoy es un buen día para recomendarlo. Hay personas que prefieren estar borrachas a estar leídas porque, aseguran, el alcohol proporciona la dosis necesaria de fantasía que se precisa para seguir viviendo en medio de este caos. La literatura ha perdido fuerza como sustancia alucinógena, hay más fantasía en una botella que en las obras completas de Tolkien, precisa menos tiempo para ser consumida y actúa con más fuerza. Lo que pasa es que, socialmente, beber está peor visto que leer, aunque hay más reuniones de Alcohólicos Anónimos que de Lectores Arrepentidos. Sin ir más lejos, hoy es el Día del Libro, pero mañana no será el Día del Ebrio porque quedaría muy feo y poco edificante. Sin embargo, nos empeñamos en mantener este falso montaje de una sociedad que pretende aparentar una vez al año ser amante de las letras y protectora de las artes. En nuestras calles es mucho más fácil comprar alcohol barato que libros de bolsillo, los bares están más llenos que las librerías y es normal. Para poder olvidar es más fácil beber que leer. A mí mismo, por ejemplo, me provoca mucho ardor de estómago la lectura de los periódicos durante el desayuno y necesitaría luego un buen antiácido literario que no tengo tiempo de buscar. Opto por una botella de vino y todo en su sitio.

Los adolescentes se emborrachan a conciencia mucho antes de haber perdido nunca la noción del tiempo y del espacio consumiendo dosis de Julio Verne o Jack London. Un par de copas bastan para recorrer  miles de leguas de viaje submarino al margen de la penosa realidad. Viven deprisa, y ya están tan agredidos por la vida como si tuvieran 40 años. Tal vez nunca los cumplan. Así que dejen todos de leer y pónganse a beber como locos. Si necesitan algún dato pueden consultar la Wikipedia en su teléfono o ver “Pasapalabra” en la televisión, con eso ya van servidos de cultura. Si dejan de leer podrán ser tertulianos en “Sálvame” cobrando un pastón, participarán en “Gran Hermano” y hasta podrán ser ministros de alguna cosa, diputados con mando en plaza y portavoces con el mismo salero oratorio que María Dolores de Cospedal. ¿Para qué quieren perder tiempo y dinero leyendo?

Consuelo

RASTRO

Me mandan esta fotografía tomada en el Rastro de Gijón por Miguel. Se ve en ella un revoltijo de cosas del que saltan a la vista, gracias a su vivo cromatismo, sus formas anatómicamente contundentes y familiares, cinco consoladores modestos y rotundos, de posible manufactura oriental o similar, tan elementales que podrían pasar por juguetes infantiles en vez de ser eso que ahora se llama de forma tan cursi juguetes sexuales. Como explica el tango de Discépolo, en todo rastro o cambalache las cosas se mezclan al azar, como en la vida, y puede aparecer la biblia junto a un calefón como aquí se ofrecen al público cinco modestos consoladores desembalados al sol de la mañana, junto a una caja de Farias, un banderín deportivo, un pie de lámpara, algo que parece una trampa para ratas, una cesta como de pasar el cepillo en misa, y unos periódicos viejos.

No sé si son de segunda mano estos tubos de plástico burdo con color de camión de bomberos infantil o rosa chicle de muñeca pepona. Si lo fueran, la reflexión tendría aún más complicaciones y más filón literario porque, uno piensa que si lo que se vende en el rastro es generalmente de segunda mano, lo mismo es que hay quien se desprende de sus juguetes sexuales para hacerse con unos más modernos, como el que cambia de coche, de casa o de pareja.  Podría haber al lado un aviso: “se vende consolador por no poder atenderlo. Muy cuidado, pocos orgasmos”. O “se vende consolador sin estrenar por haber encontrado antes el amor presuntamente verdadero forrado de piel humana”.

Y siguiendo por ese camino uno piensa que no sería mala idea que, en medio de tanto desconsuelo como predomina, vendieran en el Rastro consuelos de segunda mano procedentes de personas que dejan a medias sus posibilidades de disfrutar de la vida. Felicidad a medio usar de quienes ven la botella medio vacía y dejan sin consumir la segunda mitad de su contenido. Uno espera que cualquier domingo por la mañana, de la que va a dar una vuelta al Rastro y a fisgonear entre la vida pasada de fecha y los detritus de la existencia ajena, uno espera, digo, encontrar en el suelo, entre una palmatoria y una remesa de postales piadas, felicidad y consuelos de segunda mano, razones usadas o nuevas, de plástico o de látex, fabricadas en China o en Campomanes, para no empezar al lunes como el que avanza amarrado a una cuerda de presos. Supongo que es legítimo buscar felicidad aunque sea en el Rastro y de segunda mano, hurgando entre los restos del naufragio de otros.

El que no se consuela es porque no quiere.

Carta

Mi banco me manda una carta. La vieja tradición de recibir cartas perfumadas, amorosas, de discusión o de lo que fuera se ha perdido. Los únicos que nos escriben alguna vez son Isidoro Álvarez para felicitarnos el cumpleaños, y los bancos para amargarnos la vida. Mi banco me ha escrito para pedirme en términos apremiantes y expeditivos que les haga llegar de inmediato una copia de mi DNI y otra de mi nómina. La primera petición me parece absurda, ya que si ellos no tuvieran en su archivo mi número de DNI no sería yo su cliente; la segunda es más absurda aún ya que ellos ven cada mes entrar y salir mi nómina. Saben lo que gano mejor que yo y antes que yo desde hace años. Estoy a punto de lanzar el folio al saco de los papeles cuando salta a mí vista un último párrafo que me deja frío. Los documentos que tan ociosamente me reclama el banco son una exigencia que emana de la nueva normativa de este Gobierno para controlar el fraude y el blanqueo de capitales. O sea que el banco hace de correo de nuestro amado ministro Montoro para que el amedrentamiento de la clase media sea más efectivo al llegarnos la presión por todos los costados a la vez. La escueta y apabullante correspondencia bancaria finaliza con la advertencia de que en caso de que no lleve esos documentos a la sucursal en un breve plazo, la entidad ¡podrá impedir que opere con mi cuenta! Aparte de que la única operación que podría hacerse ahora con mi cuenta es una autopsia, me parece un abuso, otro escrache institucional de estos tipos que tanto se quejan, y otra vuelta de tuerca más para hacerse los gallitos con los que apenas llegamos a fin de mes. Montan ahora esta Babel con quienes no tenemos un euro después de haber actuado como un coladero con los Bárcenas, Urdangarín, Pujol, Borbón y compañía, personajes con cargos públicos o institucionales que trasegaron millones de euros por medio mundo sin que nadie se diera por aludido, ni sufriera ataque alguno de celo contra el fraude y el blanqueo. Si no fuera tan penoso todo lo que vemos a diario en este Cafarnaúm de rateros y apandadores con corbata de seda sería para tomárselo a risa, pero no quedan ya ganas de bromear. Europa se gasta 12 millones en el funeral de la Tatcher al tiempo que nos manda acudir con el carné en la boca al banco para ver si somos buenos chicos o tenemos números rojos por encima de nuestras posibilidades.

Abortos

El otro día escuché en la radio como el cardenal Rouco Varela declaraba sentirse preocupado por los desalojos e instaba al Gobierno a tomar medidas. En mi aturdimiento matinal creí estar asistiendo a un milagro emitido en directo a través del transistor, a un efecto salvífico de la presunta liberalidad del Papa Francisco, pero me equivoqué. Los desalojos que preocupan a su eminencia no son los que se producen en los pisos de los morosos hipotecarios, si no los de los úteros de las embarazadas que deciden abortar. La Iglesia oficial tiene prioridades que no son siempre de este mundo, por eso exige a Rajoy que cambie antes la ley del aborto que la de las hipotecas. Ser embrión tiene algunas ventajas en estos momentos, al menos en lo que se refiere a ser defendido por las altas espirituales. Los embriones quitan más el sueño a los cardenales que  el desalojo por vía judicial y en contra de su voluntad de familias enteras que se han visto pilladas por la crisis. Los niños nacidos en estos núcleos familiares preocupan menos a la curia cardenalicia que los que aún no han nacido. Las obsesiones de cierto clero y sus amigos ultras se dejaban ver en aquellos multitudinarios escraches que organizaban los sábados por la tarde Rouco, Rajoy, Aznar y compañía encabezando manifestaciones a favor de la familia. ¿La familia desahuciada aunque sea cristiana no es un crimen, eminencia? La solución nos la ha dado la católica con peineta Dolores de Cospedal al explicar que hay que ser todos del PP porque ellos, antes de dejar de pagar la hipoteca, dejan de comer. El problema es cuando sigues sin comer y tampoco puedes pagar la hipoteca resulta que hay que decidir entre devorar a los propios hijos, como Saturno, o vivir fuera del útero del hogar. Además, el aborto no es obligatorio. Los desahucios sí.

Sobrevolar

Un portavoz de Iberia ha dicho que la compañía pierde mucho dinero en Asturias y que por eso nos trata tan mal. El dinero que pierde Iberia es, al parecer más importante que el dinero y el tiempo que perdemos los asturianos, o las oportunidades de traer aquí turismo, negocios, congresos… Vaya jeta. Pero no pasará nada porque, como es bien sabido, vivimos en una región escupidera, en una autonomía que ha cambiado su imagen de borracha y dinamitera (sic) por la de calladita y faldera. Ya dijo el otro día Ramón Jáuregui en una entrevista que las cosas irían muy bien en España si hubiera más presidentes como el nuestru, como Javier Fernández, hombre moderado y silente. Se supone que las ventajas de la “javierización” de España ya las estamos viviendo en Asturias, somos unos afortunados. Sin ir más lejos, el presidente anunció ayer que, en respuesta  los atracos a mano armada de Iberia, lo que hará será presentar una denuncia ante el Tribunal de la Competencia. Eso viene a ser como denunciar a la Bayern si las aspirinas no te quitan el dolor de cabeza, o llamar a tu mamá cuando te mandan al paro. En vez de poner dinero para conseguir operadores “low cost” como hacen todas las autonomías del mundo y considerar ese gasto como una inversión en promoción económica, el presidente optará por “chivarse” a los de Competencia que lo mismo cogen a los tipos de Iberia por las orejas y les obligan a regalarnos los billetes Asturias-Madrid. Muy efectivas las medidas. Ahora que han retirado del Museo de Cera las figuras de Urdangarín, Marichalar y la Pantoja, podrían colocar en su lugar las de Javier Fernández y algunos de sus colaboradores, ya que hasta la fecha han mostrado una inmovilidad estatuaria y un terror a las temperaturas altas similar al de las cerúleas estatuas. Hablando de aviones, tal parece que el Gobierno se dedique a sobrevolar la realidad de Asturias (en clase bisnes, por supuesto) sin acabar de tomar tierra. Igual es que los cien mil parados no dejan sitio para aterrizar.

Marcas

En una demostración más de su saber hacer, de su sensibilidad por los problemas de los empresarios y por la creación de empleo en la ciudad de Asturias más castigada por el paro, el gobierno forista de Gijón y sus amables colaboradores del PP, han encabronado a la totalidad de los hosteleros de la ciudad con la aprobación de una ordenanza de terrazas que, dicho por los empresarios afectados, echa por tierra las inversiones realizadas por todos ellos a lo largo de los últimos años de una manera caprichosa y autoritaria. Según la asociación de hostelería, cada terraza que se cierra o no se autoriza impide la creación de entre dos y cuatro puestos de trabajo, algo que a la señora concejala de Urbanismo, Lucía García Serrano, no le importa lo más mínimo según confesó en una reunión con portavoces de los hosteleros. Uno ya dijo desde el inicio del mandato de este  extraño gobierno, que quien es incapaz de construir se empeña en destruir. Foro y sus socios pretenden quemar cualquier rastro de los gobiernos socialistas, así en lo bueno como en lo malo, por el simple afán de demolición de lo ajeno y a falta de ideas propias. Esta extraña forma de desarrollar su programa electoral (si es que alguna vez lo tuvieron) se ha visto también en la “reforma” del logotipo que presenta a la ciudad de Gijón. Por el módico precio de 6.000 euros, el gobierno local ha aprobado un nuevo logo que se parece al anterior como dos gotas de agua. Hagan ustedes la prueba, miren ambas composiciones y díganme si son capaces de ver alguna diferencia entre ambas salvo una pequeña curvatura en la tilde que acentúa la “o”. Gran gestión, ya han conseguido dejar en la historia de la memez local un nuevo logo que es como el anterior pero con una raya cambiada. Sin duda, este es un gobierno que está poniendo otro acento a todas sus intervenciones, decosntruyendo así la “marca Gijón” hasta que sea irreconocible. La gente de derechas suele confundir dejar marcas con hacer muescas.