Pardo

Hablar ahora de Pilar Pardo es caer en la fácil tentación hacer leña del árbol caído y uno sostiene que las tribunas de opinión no deben ser tribunales de justicia. No es su misión. Así que aclaro desde este punto que Pilar Pardo no me cae simpática, eso lo sabe cualquiera que me conozca, pero añado que no escribo esta columna guiado por ánimo alguno de venganza hacia la ex portavoz del PP. Ni me va ni me viene si dimite o si se queda, me resulta indiferente, es un acto más de esta comedia de la derecha, y tengo claro que la decisión de Mercedes Fernández y su cuadrilla es una cacicada más que define lo poco democrática que es la vida de los partidos políticos. Por lo demás, Pardo tiene lo que se ha buscado y no siento por ella lástima alguna en lo que al aspecto político se refiere. En diez años ha jugado a todas las bazas de manera oportunista, agarrándose a todos los flotadores que caían a su alcance y hundiendo las cabezas de otros para mantener la suya por encima del nivel del agua. Aprendió bien las mañas del oficio. Ella no las inventó. Organizó purgas y persecuciones internas como la que ahora padece en sus propias carnes, y no le tembló el pulso a la hora de cortar por lo sano cualquier conato de crítica interna. No en vano ella era una reservista debutante que llegó por pura casualidad a primera línea del combate, tras beneficiarse de sucesivas carambolas, pataletas, deserciones, ejecuciones sumarias y otras rendiciones por agotamiento. Pardo tiene en su haber una resistencia que parecía inagotable. Cumplió con lo que le mandaron, fue la gran esperanza blanca hasta que dejó de serlo por hacer caza mayor sin tener munición para ello.
En lo personal Pilar Pardo me decepcionó cuando, siendo uno periodista en activo, presencié de cerca algunas de sus maneras de maniobrar que me parecieron lamentables. La vi ordenar la filtración de informaciones de contenido más que grave y tratar de luego de desentenderse de su autoría por el viejo método de matar al mensajero. Por lo demás, dudo mucho que Pilar Pardo vaya a desaparecer por las buenas del panorama político. Ha aprendido de sus enemigos íntimos que el que resiste vence. Quienes la han puesto en la calle no son mucho mejor que ella y llevan décadas agarrados a la teta del cargo público sin más mérito que perder elecciones, pero hacer lo que les mandan. Aún queda Pardo para rato. Si no es así, buena suerte y salud.

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