Puente

Antes de ahora, los puentes eran unas sólidas estructuras temporales, unas arquitecturas efímeras pero resistentes que, colgando ingrávidas sobre el rugido del cada vez más caudaloso y creciente río de la recesión, nos permitían atravesar semanas casi enteras a pie enjuto y sin dar golpe. Un puente bien colocado en el calendario laboral, con un ojo laico y otro religioso, con una pata en la Constitución y la otra en la Virgen Santa, nos permitía  disponer de unos días para ponernos camisas de leñador, botas de pocero, colgarnos la Nikon al cuello e ir a aburrirnos a cualquier aldea tan pintoresca como remota, inflarnos a fabada de lata a 18 euros la ración, y hacer fotos a piedras mohosas, ancianas sin dientes y perros durmiendo al sol. Antes de ahora los puentes estaban muy transitados por gentes que escapabamos de una ciudad saturada de turistas para hacer turismo en las ciudades de otros que, a su vez, se habían escapado a una tercera ciudad tras haber saturado nosotros la suya.

Pero ahora, con la que está cayendo, los puentes ya empiezan a servir solamente para meterse a vivir debajo de sus arcos después de haber sido objeto de un sonado desahucio. Ha pasado tanta crisis por debajo de los puentes que no estamos ya en situación de merecer, ni de disfrazarnos de exploradores de lo rural, ni de gastarnos la calderilla que nos va quedando en catar las mieles de algún balneario con puestas de sol, ni de ir a rompernos las piernas en un telesilla o echar una cana al aire en Punta Cana. (¿Este nombre es casual?). Con casi cinco millones de compatriotas haciendo un puente interminable que más bien parece un túnel,  a uno se le arruga el ánimo vacacional hasta quedar reducido a la nada y le da miedo irse de viaje aunque sea llevando de un brazo a la Constitución y del otro a la Inmaculada; a estas damas ya no las respeta nadie, no protegen de nada. Así que este puente me lo pasaré buscando comprador para la mula y el buey de segunda mano que tenía en el Belén y, si me aburro, me asomaré a sus barandillas para ver como la riada sigue subiendo y me lleva por delante antes del próximo puente.

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3 pensamientos en “Puente

  1. Da gusto leerte, escribes de miedo.No sé si es pura realidad llena de literatura o es ¿ literatura llena de realidad?. Sea lo que sea, gracias. Rosa

  2. Yo también transito, desde hace tres meses, por ese puente interminable que amenaza convertirse en túnel y he vuelto a mi remota y pintoresca aldea, aunque no de vacaciones como hacía hasta ahora en el puente de la Inmaculada Constitución.

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