Erratas

Llegados a este punto sólo queda despedirse y apechugar con todo. Ya no hay vuelta atrás. Sólo queda tener fe en el futuro y disculpar las erratas del pasado. Sólo queda seguir adelante, item más, aunque sea con una fe llena de erratas y tratar de que los doce meses que vienen nos pillen en estado de inspiración y nos dejen aún con respiración. Pido perdón por las erratas, los faroles, los gatillazos que también he tenido y que no sólo son cosa de la edad. Pido disculpas por lo que ustedes crean necesario que lo haga. Ruego que me perdonen por tratar de adoctrinarles, por contarles mis mentiras, por abusar de mis verdades, por usarles de frontón, por ser repelente en ocasiones, por quedarme corto, por pasarme, por pensar que esta columna era todo el Partenón sin pasar de ser un ladrillo de caseta de perro. A estas alturas del año ya nada tiene remedio, pero todo tiene futuro. Cuando se acaben los saltos de esquí que acompañan la resaca del uno de enero y deje de sonar la Marcha Radetzky, el despiadado  2013 carraspeará un poco para aclararse la voz y empezará a despachar un día tras otro.

Serán días de todos los colores y sabores, delicados o brutales en los que nacerán ymorirán justos y pecadores. Serán los días que nos volverán a pasar por la piedra sin piedad, los días que pondrán a prueba nuestra fe, desgastarán nuestra esperanza y reclamarán nuestra caridad, que dejarán al descubierto nuestras debilidades y de los que tendremos que defendernos como podamos, más que nada para seguir dando fe de nosotros mismos. Fe de aciertos y fe de erratas.

Feliz año y buena suerte

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Inocentes

Puestos a ser austeros, en 2012 podríamos habernos ahorrado el Día de los Inocentes. Este año ha sido una completa inocentada de principio a fin, sin pausa alguna, inocentada en sesión continua, así que está de más el famoso 28 de diciembre con sus bromas sin gracia. La mayoría de nosotros llevamos con el monigote colgado en la espalda desde antes del 1 de enero de 2012, siendo chuleados desde el sol hasta el ocaso por una pandilla de tipos que creen que gobernar consiste en gastar novatadas de cuartel a viejecitos, pensionistas, parados y demás caterva de contribuyentes. 365 días de inocentadas y bromas pesadas a costa de nuestros sueldos, nuestro trabajo y nuestras pensiones nos han convertido en un país poblado por seres que oscilan entre la desconfianza paranoica, el cabreo monumental y la docilidad bovina (y bobina también). Nos cuelgan el muñequito de la chepa, nos toman a pitorreo y, para colmo, dicen que no somos inocentes. Muy al contrario: nos tachan de ser los culpables de la crisis por aquello de vivir-por-encima-de-nuestras-posibilidades.

Así que siendo inocentes nos han clasificado como culpables, y nos han metido en un argumento propio de una película de Hitchcock en el que los malos parecen buenos y los buenos parecen idiotas además de ser perseguidos sin piedad y acusados de todo con muy malas artes. En medio de todo este trasiego, uno se ha levantado de la cama el día 28 con un agudo dolor lumbar que convierte cualquier cambio de postura corporal en una tortura similar a soportar una rueda de prensa de Rajoy. Era como si el cuerpo quisiera gastarme una inocentada por su cuenta. El que faltaba. El quiropráctico oriental al que peregriné con mis lumbares me ha dicho que me duele la espalda por cargar con doce meses sin tomar las debidas precauciones. Es una dolencia muy extendida, al parecer. Después de clavarme la jeringuilla hasta el tuétano, el chino me ha vaticinado que si 2012 ha sido el Año de los Inocentes, el 2013 será el de los Idiotas. Se veía venir.

Verbos

Los más descreídos, rojeras protestones y recalcitrantes no se cansan de repetir que Mariano Rajoy no tiene programa, ni ideas, ni nada. Sin embargo, el presidente envía mensajes constantes que aclaran de forma meridiana cuál es su ideario y el de sus ministros. Nadie puede llamarse a engaño ante sus planteamientos. Son ideas simples, contundentes y enunciadas en infinitivo, una forma verbal que no deja margen al equívoco. Por ejemplo, el ministro Wert se decantó sin ambages a favor de “españolizar” a los catalanes. En boca del ministro, españolizar suena a lo mismo que salpimentar, sazonar o saltear: una labor previa para cocinar reciamente cualquier plato y dejarlo en su punto según la receta de la abuela. El PP lleva un año asando España a fuego lento y en su receta se subraya que el paso de “españolizar” es muy importante para que la pieza quede asada por igual, sin excepciones y sin concesiones a las cocinas autonómicas. Política a la española, como la tortilla, la paella y el tinto de verano. Mariano Rajoy no se ha quedado atrás en estos días al visitar a las tropas que ponen en peligro sus tripas en Afganistán. Dijo allí el presidente que ojalá todo el mundo trabajase en España como los militares. Wert quiere españolizar y el presidente opta directamente por militarizar. No aclara si echará mano de esta prerrogativa cuando las huelgas y las protestas callejeras se salgan de madre, o si seremos militarizados para siempre y por decreto. Estando todos los ciudadanos firmes y uniformados, con los pies juntos y el culo apretado, gobernar es muy fácil. Es cuando se puede poner en práctica la tercera máxima del PP enunciada por el progresista Gallardón: “gobernar es repartir dolor”. ¿Se puede decir más claro? Los dos infinitivos se complementan con un predicado apocalíptico que redondea una frase que bien pudiera estar en boca de Aníbal Lecter o cualquier otro torturador refinado de mente podrida. Así que nadie se llame a engaño: españolizar, militarizar y repartir dolor, los tres pilares infinitivos de este gobierno que se complementan con alguno más: encabronar, arruinar, esquilmar, desahuciar o desesperar. El verbo se hizo PP y gobernó entre nosotros.

Complot

Una de las aportaciones más sólidas que ha hecho Foro Asturias a la filosofía política es haber construido su ideario sobre el victimismo y la paranoia, una base teórica que este partido mantiene como uno de sus baluartes esenciales para apuntalar el resto de su endeble arquitectura. Es cierto que la estrategia del complot, de la reconquista pelayista, del personalismo mesiánico, dio buenos resultados a los casquistas en su primera comparecencia en las urnas, pero sus asesores en comunicación y estrategia deberían advertirles de que no se puede abusar del lloriqueo. La última martingala de esta especie de teoría de la conspiración de vía estrecha la ha formulado el avisado concejal Carlos Rubiera, compositor de muñeiras de inodoro, al denunciar que el Festival de Cine ha sido víctima de un complot. Según Rubiera, hubo ciertas “consignas” entre cinéfilos conspirativos para evitar que la gente de bien fuera al cine. Gijón es un nido de cinéfilos rojos que hacen lo que sea para dañar las estadísticas del certamen, por fastidiar a Foro, por disgustar a nuestra bondadosa alcaldesa, por arruinar el ambiente optimista de Forolandia, esta ciudad en la que no hay más problemas de los que preocuparse desde que está tan adornada con sus luces de Navidad y toda la pesca. Es posible que el collaciu Rubiera tenga razón en sus sospechas y que la cifra de 30.000 parados que arrojan las estadísticas de desempleo de Gijón sea producto también de un complot tramado entre trabajadores y empresarios con tal de jorobar a Foro. Y no digamos nada del complot de los votantes que les ha obligado a gobernar con el odiado PP haciendo de palanganero, o de la conspiración universal montada por algunos enfermos para hacer imprescindible que la doctora Moriyón siga yendo de quirófanos en horas de oficina en vez de dedicarse al trabajo para el que fue elegida. En definitiva: si a usted le parece que este Ayuntamiento está gobernado por unos señores sin proyecto alguno, sin más estrategia que estar a la defensiva y sin otra orientación que la prepotencia de quien cree que la historia de Gijón empezó con ellos, que ellos son los verdaderos amos de esta ciudad, usted está siendo víctima de un complot de su inteligencia. No le haga caso a su cerebro y escuche a Carlos Rubiera.

Curriculum

 

Se ofrece ser humano en discreto estado de conservación y mejorable estado de conversación. Se ofrece con diez quinquenios largos de actividad y recién pasada la última ITV por los pelos. Presenta abollones en el alma y ligeros daños de chapa y pintura tras sufrir diversos accidentes vitales que dejan el saldo de varios muertos, algunos heridos y cantidad de desaparecidos. Buen hablador, mal pensador, excelente comedor, mal salón de estar, bebedor esponjoso, voceras compulsivo, blasfemo escatológico, pesimista bien informado y fabulador copioso con tendencia a la vagancia prenatal. Músico aficionado, aficionado a la música, silente ocasional o cantante de bares. Cantamañanas recio si se da el caso, recto hasta que se tuerce, agudo hasta ponerse obtuso, deportista en el banquillo, mujeriego en excedencia, patriota en el exilio, abstemio entre dos copas, letrista analfabeto, poeta mal rimado, predicador sin púlpito, panadero sin masas, pescador de bajura en redes sociales, juntaletras por azar, tuercebotas del área pequeña, zampabollos ocasional, sensible como una monja o déspota como un facha, majadero por ver lo que pasa, alérgico a los pelmazos, amigo de su familia y familiar de sus amigos.

Peso máximo autorizado excedido con creces, velocidad escasa, aceleración deficiente, consumo razonable salvo excepciones, funciona con garrafón y diesel de luxe, dirección desasistida y luces escasas. Habla más lenguas muertas que vivas y pasaría antes una noche de copas con Belén Esteban que con Rajoy. Presenta ideas escasas y peregrinas, sueños migratorios, dolores pendientes, amores opacos, cornadas de doble trayectoria, muertes por delegación y sorderas selectivas. A veces se conformaría con ser el tuerto en el país de los tuertos, aunque no pasa de ser otro ciego en el país de los tuertos. Aspira cada mañana a respirar un día más, a que la muerte no duela más que las muelas, a que la vida no sea de ida y vuelta, a que no se le empañen las gafas y a que no le huela la boca ante las señoras. Y esto es lo que hay a día de hoy, uno antes del fin del mundo. Pudiera ser este el curriculum de uno. Si no les gusta no tengo otro. Lo siento.

Brindis

El domingo por la tarde me crucé conmigo mismo en el pasillo y aunque quise quitarme la cara, evitar el contacto visual y apreté el paso, no me fue posible esquivar el saludo efusivo de mi otro yo. Él iba aún borracho desde el viernes y yo seguía de resaca desde el sábado. Nunca estamos sincronizados. Él tenía ganas de charla, yo ninguna. Él quería palique y poner el árbol de Navidad, escribir la carta a los Reyes Magos y asomarse al patio de luces a mirar la lencería fina de la vecina que se balanceaba colgada en el tendedero (la lencería). “Canela fina de encaje el de esa piba, chaval”, me dijo mi otra mitad arrastrando las palabras sobre su lengua pastosa. Yo quería meterme en la cama lo antes posible a esperar que el lunes me despertase con otra granizada inclemente de noticias. Así que sin siquiera contestarle, quise hacerme a un lado y seguir mi camino, pero mi parte beoda me cerró el paso, me puso ambas manos sobre los hombros y, atufándome con su aliento de borracho, me dijo “¿qué haremos con la vida, muchacho?”. Traté de girar en redondo y meterme en el váter, como hacen los adolescentes enfurruñados para esconderse de la realidad, pero mi jodido clon alcohólico bloqueó la puerta con el pie y me dijo que estaba haciendo una encuesta y que quería saber lo que yo pensaba de él, o sea, de mi mismo. Lacónico y cabreado le dije que tenía muy mala opinión de los dos, sobre todo desde que él se empeñaba en preguntarme cada dos por tres eso de “¿qué haremos con la vida, muchacho?” y yo no era capaz de responderle nada coherente después de tantos años juntos. Me miró con lástima, como quien mira a un loco, y estalló en carcajadas mientras abría una botella de Johnny Walker (etiqueta negra). “Pero muchacho”, me espetó con los ojos llenos de lágrimas de risa, “¿crees que yo seguiría contigo si supieras que hacer con la vida, idiota?”. En la tele ponían una de los Hermanos Marx y brindamos por la vida, a nuestra salud y a la de Groucho.

Privatizar

Van llegando los rescates y los brotes verdes. Ya era hora. Los diputados de la Junta General del Principado son los beneficiados del primer repunte de la economía tras haber sumado 650.000 euros a los presupuestos destinados a su autoconsumo particular, sueldos, asesores y demás diezmos y primicias que se reciben por el simple hecho de ser diputados. El buen gobierno empieza por uno mismo, habrán pensado sus señorías al atizarse una propina de más de medio millón de euros. Y como puede que tengan razón, que la caridad bien entendida empieza por uno mismo, uno cree que ha llegado la hora de plantearse privatizar los gobiernos y los parlamentos para que nos salgan más baratos a todos. Si uno pide tres ofertas a otros tantos fontaneros para cambiar la taza del váter o el plato de la ducha ¿por qué no va a pedir ofertas para que le gobiernen a uno lo más barato posible, sin propinas inesperadas de 650.000 euros?

A estas alturas ya ha quedado claro que las ideologías han muerto o están muy malitas, así que cabe concluir que lo mismo dan unos que otros cuando de lo que se trata es de administrar una ruina general que nadie es capaz de parar. Pidamos ofertas, a ver quién gobierna mejor por menos dinero, quién legisla mejores leyes sin necesidad de coche oficial y dietas, y quién nos da más por menos. Si se privatizan la sanidad, la educación, el registro civil y casi todo lo demás, probemos a privatizar gobiernos y parlamentos pagando solamente por aquello que en realidad recibimos y contratando como gobernante al mejor y al más económico, no a una reata de inútiles enganchados unos a otros es unas listas cerradas que toman posesión de sus escaños legislatura tras legislatura y se suben el sueldo sin que les tiemble el pulso.

La desgraciada afirmación de que todos los políticos son iguales se confirma cuando las decisiones políticas se toman a espaldas de la realidad de los votantes. Si todos los detergentes lavan igual de blanco, déjenme elegir el más barato. Si todos las ideologías se han convertido en marcas blancas, hagan el favor de dejar de venderlas como artículos de lujo. Salen muy caras.

@Dios

 

En el nombre del Twitter, del Facebook y del correo electrónico, amén. La gracia de Internet sea con todos nosotros, @leluya, @leluya. El Papa de Roma ya tuitea haciendo gala de una voluntad irrefrenable de ponerse al día, de ser un peregrino más por la muy poblada senda de las redes sociales, un camino pedregoso que los pecadores transitamos a diario en un ir y venir comunicativo que no siempre es un camino de santidad. Benedicto XVI y sus asesores siguen condenando a los homosexuales, queriendo que se enseñe más catecismo integrista y menos integrales  en las aulas colegiales y considerando a las mujeres como la clase de tropa de la Iglesia, pero también caen en la tentación modernista de coger una pieza de fruta el árbol de la ciencia del bien y del mal. Internet es un púlpito demasiado apetecible como para no subirse en él, aunque a uno le da la impresión de que a estas alturas del partido los mensajes eclesiales que se difundan van a intentar dar solución a problemas que no tiene casi nadie ,y respuestas a preguntas que ya no se plantea ni el gato.

La Iglesia institucional no anda bien de reflejos aunque se ponga a tuitear a la hora del Ángelus, ha perdido el paso o se ha metido en jardines con una maleza muy tupida de la que salían unos pederastas con alzacuellos que, seguramente, tenían hasta un alias en Facebook con el que se hacían muy amigos de los tiernos monaguillos. Ver veremos cómo le van las cosas a Su Santidad con la arroba a cuestas camino de Emaús o de Silicon Valley. El problema principal es que la Iglesia es un todo mensaje en sí misma y que el medio que emplee para contarlo va a dar lo mismo si no se cambian los contenidos de lo que cuenta. El Espíritu Santo se parece al pajarito de Twitter, pero no conviene confundirse. Lo bueno de este salto tecnológico en la evangelización es que la gente podrá seguir dándose de baja de la fe, diciéndole adiós a Dios, aunque desde ahora será una despedida elegante, con arroba y todo: @Dios.

Paz

Con media Europa en llamas por dentro o por fuera, con ciudadanos quemados hasta el filtro que amanecen con ardor de estómago y queman barricadas, los capos de la UE recogen ufanos el Nobel de la Paz, encantados de haberse conocido y de ver premiada su labor contumaz de desestabilización. ¿Qué paz han conseguido? ¿La de quién? Quienes más han hecho por  no dejar en paz a nadie, por hacer perder la calma a quienes no teníamos más meta que llegar a fin de mes, quienes pasarán  a la historia por soliviantar a medio continente, son galardonados como los ángeles que guardan las cuatro esquinitas de nuestra cama apolillada. Manda madre. Lo único que les debemos es la paz de los subvencionados banqueros, la de los de los confiados evasores fiscales, la de los eurodiputados que siguen, tan panchos, tan anchos, viajando en clase bisnes, o la de miles de burócratas que marean la perdiz entre Bruselas y Estrasburgo. Tienen en sus méritos la paz de fábricas cerradas, la de las minas clausuradas, el silencio de las obras sin terminar, la tranquilidad de las vías de trenes que no llegan a ninguna parte.

Europa descansa en paz, en efecto, gracias a la brillante gestión de estos tipos tan premiados que llevan años rematando el cadáver de todo un continente. Sus méritos como forenses políticos de la muerta Europa, sus piruetas contables como administradores concursales de una ruina que viaja en coche blindado, se ven ahora recompensados con un premio Nobel que suena a pitorreo, a galardón que hubieran decidido durante una noche de farra un montón de suecos borrachos ataviados con monóculo y pajarita. Visto lo visto, un servidor propone desde ahora instituir premios para los bomberos pirómanos, para los violadores con vasectomía; galardonar a los maltratadores que no dejan marcas en sus víctimas, a los francotiradores con mala puntería, a los ladrones caritativos, a los escritores analfabetos, a los que insultan con buenas palabras, a los infames que huelen bien o a los corruptos que usan traje de Armani. Hagan juego, hay premios para todos y paz para los malvados y los inútiles.

Mariló

Mariló Montero, la presentadora de televisión que aventuró la posibilidad de que los riñones de un asesino tuvieran alma, anuncia ahora verduras en conserva. El cambio es inquietante. Una persona que ha mostrado sus dudas sobre la posibilidad de que la carne sea portadora de restos de espíritu y llegó incluso a afirmar que al trasplantar un trozo del cuerpo de un malhechor se corre el riesgo de injertar también su maldad en el cuerpo del receptor, parece haber decidido un cambio radical en su mensaje: lo más fiable son los vegetales de la huerta. Los riñones y los hígados, los corazones y las córneas pueden tener alma, pero lo que parece indudable para Mariló es que esa posibilidad no se da en las alcachofas o los espárragos trigueros. Por otra parte, no quedaría bien que Mariló Montero fuese ahora la abanderada de una cadena de hamburgueserías o de una fábrica de chorizos, más que nada por si alguien hace preguntas incómodas sobre el alma de las terneras o de los cerdos. Es coherente. Mucho más que el hecho de que tipos como Díaz Ferrán nos hayan estado diciendo durante años que había que ser vegetarianos, comer saltamontes y vivir en el desierto, mientras él se zampaba las tajadas suyas y las de los demás. Mariló ha cambiado de bando por voluntad propia, mientras que el ex jefe de los empresarios ha tenido que ponerse a dieta por prescripción judicial. Lo mismo le pasa a De Guindos, un tipo que predica la dieta económica radical tras haber sido uno de los insaciables caníbales de Lehman Brothers, o a Fátima Báñez (¿va a al mismo peluquero que Melendi?), ministra que anuncia trabajo pero que nunca trabajó. ¿Se puede recibir un trasplante de órganos de un parado, señora ministra, o el desempleo es tan contagioso como el alma de un homicida? Todo son dudas. La próxima vez que vea a Mariló Montero voy a preguntarle si es aconsejable recibir un trasplante de órganos de un ministro o de un capo de empresarios, o si cabe la duda de que el receptor se contagie de tanta gilipollez e ineptitud. Mariló, sácanos de dudas o sácanos una ensalada mixta.