Familias

Me alegra mucho que el Tribunal Constitucional haya ratificado la legalidad del matrimonio homosexual. Uno es de la otra acera, de la heterosexual quiero decir, pero ha cultivado y cultiva amistades y conocimientos muy agradables en el mundo gay. Así que me alegro por ellos y ellas y sus respectivas familias, y me agrada aún más que los jueces hayan  puesto en su sitio (del no se movieron nunca, por otra parte) a los profetas que anunciaron el fin de la familia tradicional, la quema de los libros de familia, y a los que vaticinaban que los heterosexuales que se habían casado  en la capilla románica de turno deberían esconderse de nuevo en las catacumbas para escapar del castigo de los sodomitas y otros “enfermos”. Es un consuelo que, para variar, la ley siga caminos separados del fanatismo político, religioso o del tipo que sea; ya es hora de que los obispos dicten catecismos y hagan homilías, no reformas constitucionales, y tampoco está de más que este país se vaya librando de tanta caspa medieval y doble moral. Ciertos integristas a quienes se les llena la boca con la palabra “familia” suelen coincidir con quienes ven muy bien una reforma laboral que manda a la calle a familias enteras, o son tipos que en el nombre de Dios han robado niños en los hospitales para entregarlos a piadosas gentes que, por cierto, no preguntaron por la procedencia del bulto sospechoso que les era entregado con las mismas precauciones que un jamón de contrabando. Y creo que es una patraña agarrase al clavo ardiendo de que un niño no puede ser educado por dos hombres o dos mujeres. Eso lo dicen quienes,a  su vez, piden la separación de niños y niñas en las aulas sin reparar en que, ojo al parche, esas aulas sean un vivero de esa homosexualidad que ellos tanto aborrecen y quieren desterrar. Cuidadin.  Hay unas cuantas generaciones de españoles y españolas que han sido educados por madres ambivalentes, es decir, mujeres que hacían a la vez de padre y de madre a tiempo completo. En este país con una historia que fabricó tantas viudas, tantos matrimonios amañados y obligatorios, y tantos abandonos por el procedimiento del “ahí te quedas” (mucho menos pecaminoso que el divorcio, a dónde va a parar), ha habido legiones de niños criados y educados con el cariño de un ser que se multiplicó por dos. Por suerte y con la ley en la mano, desde ahora habrá nuevas generaciones de españoles educados y queridos por parejas de seres que han luchando por conseguir su sitio en el mundo, por hacer reales sus deseos y sus prioridades. Que tengan el mismo sexo me parece una anécdota. Enhorabuena, familias.

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