Fama/Fame

Oigo la radio, veo la televisión y llego a la conclusión de que la crisis ha empezado a  convertirse en un mero espectáculo. Informar a diario sobre esta interminable agonía es muy complicado, casi tanto como mantener la tensión narrativa de una serie de televisión. Una vez superados los episodios iniciales de este culebrón en los que el protagonismo fue para la prima de riesgo (actriz revelación), la deuda soberana (actriz clásica), el rescate europeo (galán maduro) los comisarios europeos (coro de malvados) y los banqueros (asesinos en serie), los guionistas se decantan ahora por las historias “humanas”, un adjetivo muy peligroso en manos de un periodista con afanes de reventar el Estudio General de Medios trimestral. Esas estrellas de la radio y la televisión cuyos sueldos anuales permitirían vivir como personas a un batallón de becarios y periodistas de infantería, dedican cada vez más parcelas de sus magazines a contar las miserias de los otros, a hacer de los dramas domésticos moneda del espectáculo informativo, un argumento con mucho más morbo que las frías cifras del Ibex 35 o las ruedas de prensa de la inquietante señora Lagarde. Cada oyente que cuenta en antena como se las arregla para pagar la hipoteca o que le fíen en la tienda de la esquina es un tanto más en el marcador de este “periodismo humano”. Entrevista a un parado a las 7:50 AM, coloquio con la madre de un niño desnutrido a las 9:15 AM, reportaje en la cola de la panadería a las 10:30 (también AM), desahucio en directo en el boletín informativo de las 11 y recetas de cocina con sobras de contenedor en el tramo final del programa. Todo ello adobado con una tertulia de “expertos” que repiten día tras días las mismas obviedades en el tiempo que les queda libre entre acudir a sus cátedras, sus consejos de administración o las otras dos tertulias en las que también participan (cobrando, por supuesto). Gracias a todos ellos, no hay que hacer méritos especiales para disfrutar de unos minutos de gloria en horario de máxima audiencia. Basta con estar en el paro o a punto de quedarse sin casa. A la fama por la fame, otro brote verde.

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