Que lo deje

Escuché el jueves a la alcaldesa Moriyón salir en defensa de sus colegas los médicos, muy dolida por que la Administración “cambie unilateralmente las condiciones de trabajo” de los doctores, pero nada quejosa de que una huelga (cuya convocatoria ya no es unánime) esté desbaratando aún más, y desde luego de forma unilateral, las condiciones de vida de miles de enfermos gijoneses. La regidora que dice gobernar Gijón sigue sin tener claro que los ciudadanos la han elegido para ocuparse de la ciudad, no de la medicina, para gobernar, no para operar. Su trabajo es gestionar la maltrecha situación de este pueblo, no usar su cargo como altavoz para defender los intereses de un grupo de profesionales, queriendo ser juez y parte de un conflicto en el que, desde luego, quienes salen peor parados son los ciudadanos, no los médicos. Un cargo público está para mediar, conciliar y propiciar el diálogo, no para defender a una de las partes en conflicto haciendo gala de una falta de tacto e imparcialidad que sólo confirma y ratifica otras de sus rocambolescas actitudes anteriores. ¿Por qué no defiende Moriyón a los mineros en huelga contra el cierre de sus minas, o a los siderúrgicos en conflicto por la “modificación unilateral de sus condiciones de trabajo”? ¿A cuántos funcionarios municipales ha modificado ella sus condiciones de trabajo? La regidora gijonesa sigue mezclando churras con merinas y sus intereses particulares con el cargo que ocupa como cuando se iba de quirófanos en horas de oficina. No sé si estas declaraciones las hizo en “su tiempo libre”, como esas humanitarias intervenciones quirúrgicas con la que nos daba ejemplo, pero a uno se le antojan fuera de lugar y propias de alguien que parece mucho más preocupado porque nadie le quite su tostada en la sanidad pública (de la privada ya se encarga ella) que de conseguir que esta ciudad salga del marasmo, la atonía y la desgracia de seguir acumulando parados. Uno siempre creyó que la prioridad de un cargo público electo es la defensa de los intereses generales, no de los intereses corporativos de ninguna profesión, máxime si esa profesión es la suya propia y, además, si su huelga tiene un efecto directo en un servicio público muy sensible para con las necesidades de los ciudadanos. Pero ella, impasible el ademán, leyendo su discursito con el mismo tono y entonación de quien recita un trabajo escolar de fin de trimestre, lanza un sentido lamento por sus colegas los médicos y ninguno por los pacientes, los ciudadanos a quien ella tiene ahora la obligación de representar y defender. Esta alcaldesa sigue equivocada o, sencillamente, ha elegido un trabajo que no le gusta y cuya esencia no comprende. Si es así, que lo deje. La medicina y la política se lo agradecerán.

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Un pensamiento en “Que lo deje

  1. Sabes poner en tu articulo toda la indignación que produce una alcaldesa que parece que le toco el puesto en una tombola y por lo tanto no está a la altura.

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