Afectísimo

Por fin Rajoy y yo somos amigos, o lo parecemos. Rajoy ha dicho que me quiere y me elogia porque no fui a la plaza de Neptuno ni a ninguna otra a manifestarme. Mariano me agradece que yo sea uno de esos tipos a quienes él cree unos borregos estabulados en la paz del hogar, hondamente patriotas desde su comprensivo silencio, quemados pero resignados, responsabilizados ante la hecatombe del sistema y dispuestos a morir ahogados en su propia bilis antes que salir a la calle a molestar a nuestros dignos parlamentarios, a nuestras fuerzas del orden y a nuestros astutos banqueros. Mariano confunde de nuevo la velocidad con el tocino y la docilidad con el silencio. Mariano prefiere que el árbol frondoso de una manifestación le impida ver el bosque sombrío de mucha gente encabronada que hay detrás, que no dice nada pero lo piensa todo sin que por eso sientan simpatía por usted, su gobierno y la banda que nos hace las cuentas en Berlín. El presidente quiere entretenerse en talar los árboles silvestres que crecen en la Carrera de San Jerónimo antes que internarse en ese bosque inmenso, oscuro y silencioso que le espera detrás. Ya no basta con que manipulen nuestra hacienda y nuestra vida, ahora tenemos un Gobierno que también se quiere hacer dueño de nuestras intenciones, que pretende saber por qué salimos en casa o nos quedamos en ella. Lo que faltaba, Mariano. Yo evito las procesiones y las manifestaciones, las colas para ir a la cine, al baño y todas las aglomeraciones en general. Lo hago porque tengo los juanetes muy delicados y no quiero que me pisen. Pero has de saber, Mariano, (te tuteo desde la confianza que me da el afecto que me transmites) que estoy tan hasta los juanetes de que me pisen donde no deben como hasta las pelotas de que me gobiernen como no deben, de manera que no salgo a la calle porque me duelen los pies, no porque crea que no hay razones para salir y para no volver a entrar. Lo que pasa es que yo soy un cobarde, educado para conspirar en los chigres y poco más, temeroso de la policía y del infierno, pero con un límite que espero no tener que rebasar. Otros ya lo han sobrepasado con razón sobrada aunque a ti, Mariano, no te parezcan buena gente. Así que, querido presidente, no confundas a los ciudadanos con súbditos, ni la lealtad con la fidelidad perruna y hazte mirar la intuición política y el olfato democrático porque ya pasaron los tiempos de los validos en los que Quevedo se preguntaba aquello de “¿no ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”. Quedo tuyo afectísimo, presidente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s