Testamento

Ayer hice testamento actuando como notario mi perro, que ladró para dar fe. Según consta en mis penúltimas voluntades, dono mi hígado a la ciencia, mis riñones al camión de la basura, mi cerebro al  museo de los horrores y mi conciencia al diablo para que haga con ella pastillas de caldo concentrado de propósito de la enmienda. Dono mi lengua a las pócimas tóxicas de una bruja, dejo mis esperanzas a un chatarrero y ordeno la trasmisión patrimonial a mis hijos de la mayoría de mis sueños, a ver si ellos son capaces de impedir que mueran de inanición. Dejo mi vieja guitarra al carpintero de la esquina para que haga con ella un mueble bar;  lego mi metabolismo a todos mis enemigos para que se envenenen con él, mando que se entreguen mis desamores a los seguidores de Corín Tellado y adjunto remito al porvenir un inventario de dolores para que sean repartidos con ecuanimidad entre aquellos que me los causaron. Ordeno la quema de mis papeles (incluso de los que perdí en tantos años de hablar por no callar). En pleno desuso de mis facultades mentales hago trasmisión de mis insomnios y desvelos al señor Valium, de mis ansiedades a doña Benzodiacepina y declaro herederos únicos de mi angustia a todos los banqueros que han pasado por mi vida y a ciertas mujeres de cuyos nombres no puedo acordarme. Designo a Dios universal receptor de todas mis dudas para que haga con ellas lo que hizo siempre: nada. Lego mi fe a los buenos ateos y nombro albaceas de mis pecados a quienes quieran hacer uso de ellos en beneficio de su propia virtud. Perdono a mis amigos, ignoro a quienes no lo fueron, pido perdón a quienes esperaron de mi más de lo razonable y aplazo sine die el pago de las deudas que contraje con quienes me prestaron a fondo perdido más cariño, compañía y comprensión de la que les pude devolver. A estos incondicionales soportadores de mis neuras les lego el código de barras de bares que convierten en copas las lágrimas de este valle sin salida. Por último, pido que mis ideas políticas y de otro tipo (si alguna vez las tuve) sean lanzadas al aire junto con mis cenizas y las de mi hipoteca que, como dijo el poeta, polvo serán, más polvo cabreado.

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