Plá

Ahora que en España somos unos palmados y tenemos que andar vestidos con ropa heredada, sacándole el dobladillo al sueldo y a los pantalones y poniendo coderas a los jerséis, van los catalanes y piden un traje nuevo. Porque ellos lo valen y se lo debemos, al parecer. Dicen que son víctimas de un estado llamado España y que no quieren seguir subvencionando a pobretes y muertos de hambre que se quedan en el paro a costa de las muchas hilaturas y botellas de cava que se producen en Manresa o en el Penedés. Ellos son las víctimas y los demás somos unos gorrones. Lo dicen en catalán, pero se les entiende muy bien porque hablan castellano en la intimidad o en el balcón cuando es menester que el mensaje circule rápido. Además, están representados por unos políticos de perfil muy fenicio que son capaces de negociar (otros lo llaman chantajear) con lo que sea y manejan como nadie la pose de dignidad herida con un cuadro de Tapies de fondo. Eso es lo que hicieron durante todos estos años: apretar la teta de los presupuestos Generales del Estado con sus votos en el Congreso, con una representación parlamentaria a todas luces desmadrada que daba mucho juego para poner contra la pared al gobierno de turno que estuviera en minoría. Así fue como Cataluña tuvo antes que nadie inmejorables conexiones ferroviarias con la meseta (Asturias aún espera por ellas), además de todo tipo de concesiones fiscales. Buena parte del progreso catalán se ha hecho con el sucio dinero de los españoles, con los currantes charnegos que trabajaron allí en lo que fuese y con una cantinela permanente de victimismo que ha funcionado hasta ahora. Lo mismo tienen razón y ellos merecen un trato mejor que el resto de los españoles. Ahora que las ubres del Estado ya no tienen nada que ofrecer a las colonias catalanas, ellos se calan la barretina y dicen que se van por donde han venido, que prefieren depender de Bruselas. Mi respeto para las reivindicaciones catalanas aunque me suenen oportunistas y alentadas a la vez por el pujolismo más rancio y un progresismo de tertulia radiofónica que aún cree que el nacionalismo es la vanguardia. Para no perderme en este cansino laberinto releo unas líneas escritas por Josep Plá en 1932. “Los políticos catalanes hacen grandes gestos, se ponen cada dos minutos la mano en el pecho, dan chillidos sentimentales y hacen unos terribles aspavientos de bondad. Todo el mundo pone los ojos en blanco, va con el corazón en la mano y canta confusas romanzas que hacen llorar”. Amén.

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