Autómatas

En California ya tienen coches sin conductor, una apasionante novedad que hace correr ríos de tinta y nos produce la ilusión de estar viviendo un mundo futurista, perfecto y tecnológico, algo impersonal y frío, previsible y aburrido, pero preciso y seguro, al parecer. Ya tenemos coches sin conductor, bares sin tabaco, bebidas sin alcohol, refrescos sin azúcar, queso sin sal y, la gran aportación española: un Gobierno sin presidente. Como lo oyen. El Gobierno de España ha logrado tal grado de automatismo que funciona solo, sin que ese autómata llamado Mariano se tenga que tomar la molestia de tocar un solo botón en el cuadro de mandos del vehículo. El Gobierno de España lleva meses demostrando ser un ente robotizado que circula empotrado en un carril, como los coches del Scalextric, y solo se detiene los viernes para escupir por la ventanilla decisiones más peligrosas que un coche pilotado por un borracho.
Nuestro Gobierno sin conductor tiene por motor un disco duro donde unos tipos que no han sido elegidos por nadie, piensan con una calculadora, ganan un pastizal y viven en Bruselas, insertan cada mañana las oportunas órdenes de navegación para que el bólido salga a las autopistas de los mercados con ese aspecto algo siniestro de los autómatas y circule en rumbo de colisión contra cualquiera que trate de interponerse en su camino. Ya sean manifestantes, parados, pensionistas, estudiantes, discapacitados o amas de casa con el carrito de la compra, el coche sin conductor se los lleva por delante porque en su GPS interno tiene un prefijado un rumbo infalible, previsible e imparable. Los coches sin conductor y los gobiernos sin presidente hacen que las autopistas y las economías estén libres de sobresaltos, limpias de vehículos haciendo eses y de obstáculos humanos pululando por los arcenes de la ruta o las cunetas del mercado. Todo será tan previsible como las ruedas de prensa de un gobierno programado para ir en línea recta, sin dudas, sin pestañear, sin vergüenza.

Anuncios

Fotos

El New York Times publica en primera fotos de españoles que rebuscan comida en la basura. Si esta es la primera repercusión de la campaña de promoción de España que pusieron en marcha don Mariano y don Juan Carlos, vamos dados. Claro que una golondrina no hace verano y un pobre no hace una recesión, pero algo de verdad hay en que una imagen vale más que mil palabras. Nosotros los españoles tampoco nos creemos que todos los yanquis sean miembros de la asociación del rifle, ni que todos los agentes del FBI son unos gilipollas arrogantes, pero tanta insistencia televisiva sobre ciertos tópicos acaba por calar. La foto de un compatriota rebuscando en la basura publicada por uno de los diarios más prestigiosos del mundo, ha sido  de difusión simultánea a las imágenes de  la tangana tercermundista que los antidisturbios y su piadoso ministro del Interior montaron el martes alrededor del Congreso de los Diputados.

El tipo que encarga el menú del día del contenedor y los guardias solmenando con la porra como en los mejores tiempos vienen a ser más de lo mismo, ambas imágenes componen una estampa que rememora una España que ya creíamos todos bien enterrada bajo toneladas de progreso, democracia y libertad. Pero no. La “marca España”, como pomposamente llamamos ahora a lo que Fraga denominó hace medio siglo “Información y Turismo”, es una entelequia que se nos cae de las manos a causa de una política económica tan represiva como la política de orden público, expresiones ambas de un concepto salvaje de la gobernanza en el que el ser humano y sus necesidades cuentan cada vez menos.

El hombre que come gaspies o la familia que espera el desahucio bancario son una parte de ese cuerpo social que se manifestaba el martes ante el contenedor (arquitectónico) donde, al parecer, reside su soberanía cuyos representantes, paradójicamente, se sienten amenazados y sacan a la policía a que los defienda de aquellos que los han elegido, pagan sus sueldos y soportan sus decisiones. El Congreso es inviolable, claro, pero no menos que nuestros sueldos, nuestras pensiones, nuestro futuro y nuestro derecho a manifestarnos antes de que el New York Times saque nuestra foto con la cabeza metida en el contenedor o molida a toletazos.

Véndovos España

He leído que el Rey y Rajoy están vendiendo la “marca España” en Nueva York. Tiene mérito ese viaje comercial porque si España es un país de marca será, como mucho, de marca blanca de supermercado, un país genérico, uno de tantos, como los medicamentos de garrafón. Antes, cuando aún vivíamos por encima de nuestras posibilidades, nos gustaban las cosas de marca, éramos como los nuevos ricos. Por querer, queríamos hasta un país de marca que mostrábamos por ahí como se muestra un Rolex de marca mientras se conduce un todoterreno de marca camino del chalé con piscina y mucama filipina. La marca España era un producto muy solicitado que ofrecía al mercado nacional e internacional todas las tallas posibles de especuladores urbanísticos, un muestrario infinito de solares y secarrales donde construir adosados o aeropuertos, así como todos los modelos y colores de chorizos con varios largos de manga por talla, con cuello duro, pelo de la dehesa o título nobiliario. Entonces sí que se vendía la marca España, había existencias para dar y tomar, nos quitaban España de las manos. Pero a fecha de hoy, en el mercadillo neoyorquino al que acuden estos días don Juan Carlos y don Mariano, España se vende como una patria de todo a cien, saldada por una monarquía en estado de putrefacción, una derecha bancaria y política engallada y faltosa, una izquierda paticorta y atrincherada y unos nacionalistas cejijuntos que han elevado la boina a la categoría de programa electoral. Igual es que el Rey y el presidente del Gobierno no se quieren enterar de que no es lo mismo la marca de un país que un país lleno de marcas, de rayazos, de golpes y de mataduras. Uno recuerda ahora cuando el Sporting vendió Mareo y hasta la propia “marca Sporting” (casualmente) cuando ya no quedaba nada que vender. Los dueños de este solar han ido a New York al grito de “véndovos España”, como el Sporting gritó “véndovos Mareo”. A ver quién nos compra sin mirar nuestra marca ni nuestras marcas. Siempre nos queda la opción de decir que somos un país de raza, aunque tampoco sabemos de qué raza.

Misericordia

La incontinencia verbal de algunos obispos es legendaria. Cada vez que hablan consiguen que más gente se plantee apostatar a gritos. El arzobispo Oviedo es uno de los más afamados cultivadores del verbo florido y fuera del tiesto. Recordemos sus emocionados llamamientos a votar a los partidos defensores de la familia (aunque sus cabezas de lista estuvieran re-divorciados), o sus diatribas contra “los de la ceja”, esos peligrosos incendiarios de templos. El jueves volvió a sacar la lengua a pasear a cuento de la muerte de Santiago Carrillo, a quien deseó que sus víctimas aboguen por él para que no pase demasiados milenios en el infierno. Don Jesús Sanz hizo una piadosa reflexión en la que contrastó la presunta “inmisericorde” vida de Carrillo con la misericordia que recibirá de Dios. Qué bueno es Dios y qué mezquino es el obispo. Lo raro es que el obispo, que es empleado de Dios, no sea capaz de ser tan misericordioso como su jefe y despida al muerto con un remedo de piedad que solo es un escupitajo destinado, una vez más, excitar los instintos de la caverna. Parece claro que Dios perdona a todos pero los obispos no están por la labor de hacerlo con algunos. Es piedad selectiva que permite hacer la vista gorda con unos pecados y no con otros, guardando silencio unas veces y no otras. Si, por ejemplo, un ilustre cadáver ha sido ministro de una tremenda dictadura golpista y hasta participó de un gobierno que firmó penas de muerte a la hora del café, ningún obispo dirá nada inconveniente cuando el noble fiambre parta a encontrarse con el Sumo Hacedor. Ningún prelado recordará sus pecados, ni rogará a los fusilados que salgan de la fosa común de alguna cuneta a acompañar hasta las puertas del cielo a quien los mandó fusilar. Si alguien cree que debe ser perdonado vale más que lo hable directamente con Dios, nunca con algunos de sus ministros. Ellos tienen el embudo estropeado de tanto hacer que determinados camellos pasen por el ojo de la aguja y ciertos cañones reciban sus necesarios riegos de agua bendita. La guerra santa no es cosa de moros o de cristianos, es un estado mental que impide la moderación y cultiva cualquier cosa menos la misericordia.

Carrillo

Cuando los políticos se vestían por los pies y eran personas antes que personajes, cuando pensaban por sí mismos y se atrevían responder a las preguntas de los periodistas en las ruedas de prensa, hubo gentes como Santiago Carrillo. Eran aquellos tiempos casi olvidados en los que el personal se sabía de memoria la alineación del Sporting y la de los cabezas de cartel de cada partido. Eran tiempos en los que aún era posible creer que la actividad política no era un nido de víboras y los ministros iban por ahí en un Seat milquinientos rescatado de los restos del Parque Móvil de Ministerios de Franco. La transición se inventó para salir de aquel pozo de miseria, ignorancia y miedo llamado dictadura y para hacer la complicada tarea se arremangaron tipos como Santiago Carrillo, llegado del bando de los perdedores, con la peluca del exilio y la dignidad blindada de quien había cancelado sus cuentas pendientes con la Historia. Sin empacho para sentarse a hablar con franquistas reciclados, tecnócratas de cuello duro y socialdemócratas de misa de doce, el diablo rojo que nos pintaban algunos curas y ciertos artistas de brocha gorda con residencia permanente en las cavernas de la carpetovetonia peluda, Carrillo se nos reveló como un paisano con un sentido común por encima de la media nacional, ganas de hablar, pactar y avanzar. Fumador impenitente y gozador del tabaco como lo fueron Tarancón, Suárez o Felipe González, Carrillo se insertó cajetilla a cajetilla en aquel proyecto de otra España que aún no se ha terminado del todo. Esos políticos que, como Santiago Carrillo, se vestían por los pies y no necesitaban asesores para protegerse de la realidad, fueron seres humanos antes de pretender ser “figuras emblemáticas de la transición”. Carrillo ha muerto consiguiendo ambas cosas y dejando un hueco enorme en nuestra capacidad nacional de reflexión, diálogo, compromiso social, ironía, altura de miras y capacidad de superar la visceralidad genética que nos empuja a guerrear a bastonazos cada medio siglo. Descanse en paz.

Democracia

La relación de candidatos a la presidencia del PP asturiano comienza a estar más concurrida que la cola de acceso a la Cocina Económica. Unos tienen hambre de poder y los otros de sopa caliente, ambos productos de primera necesidad a los que se accede con buenas dosis de paciencia e insistencia. En ambos casos la máxima es que no se juega con las cosas de comer. El caso es que en el PP se han mosqueado por que haya tantas personas dispuestas a mandar en el PP. Es como si las monjas de la Cocina Económica se enfadaran porque hay muchos menesterosos esperando acceder al comedor de caridad. Si los partidos están para administrar la democracia de todos deberían estar orgullosos de poder dar ejemplo con ejercicios intensos de democracia interna y, por tanto, a más candidatos más democracia ¿no? Las monjas que sirven la sopa a los pobres han elegido hacer misericordia, de manera que a más pobres más misericordia ¿no? Dicho de otra forma, un partido político sin candidatos es como un auxilio social sin pobres. No sé si me explico. Siempre me ha llamado la atención este temor de los grandes partidos a que se les revuelva el gallinero cuando se convoca el juego de las poltronas y hay gente con miedo a no encontrar asiento. En el PSOE quisieron ponerse al frente de la manifestación con el invento de las primarias hasta que descubrieron que las mejores primarias eran las que no se celebraban. En el PP han recurrido al “dedazo” siempre que han podido, aunque en esta ocasión no va a poder ser por si arden los postes. Hay que hacer alardes democracia abierta las 24 horas aún a riesgo de que esa invitación, hecha con la boca pequeña, empuje al ruedo a algún novillero con ganas de tomar la alterativa a costa de cortarle la coleta al matador veterano. Son los riesgos de la democracia, señores y un partido político que se niega a practicarla es como un cirujano que se niega a operar, un torero ecologista, una stripper tímida o una monja que esconde la sopa de los pobres.

Fundar y fundir

Fuentes de alto rango y solvencia de nuestra ilustre competidora, la Fundación Príncipe de Asturias, han contactado de manera repetida e insistente con miembros próximos a la genuina Fundición Príncipe de Astucias con el fin de reiterar firmemente que nadie de esa venerable institución ha estado detrás (ni delante, ni al lado, supongo) del secuestro de nuestros dominios terminados en .es. Es más, estas mismas fuentes han asegurado que nuestra satírica tarea de juntaletras y juntarayas les hace gracia.
Suponiendo que tal neutralidad y simpatías sean ciertas ¿por qué tanto afán en hacerlas saber si nadie acusó de nada a la noble Fundación Príncipe? ¿Temen ellos o alguien que la fundación de esta Fundición pueda terminar en la fundición de esa Fundación? ¿Creen que fundamos lo nuestro para fundirles lo suyo? ¿Es que infundimos tanto miedo? ¿Es que confundimos fundar con fundir? Todo ello es infundado, me parece. Sepan quienes esto lean que fundar una fundición como esta conecta hasta el fondo con la fundada tradición metalúrgica astur, fundamento de una industriosa historia regional que, por desgracia, otros han sido quienes la han fundido en los crisoles de su ambición, su desidia, su centralismo o sus papanatismos. Lo que nosotros queremos fundir es la hipocresía rampante, el fascismo acrisolado, latente o patente, la mala hostia regional con el deseo de crear, no de destruir. Fundiendo lo uno con lo otro y con lo de más allá en los altos y bajos hornos de nuestros nobles talentos que arden en deseos de aportar algo nuevo, buscamos dar fundamento a una imagen de Asturias rebelde, creativa, madura, con cabeza y visión propia, sin doctrinas, sin presiones, sin deudas (aparte de las propias de cada fundidor de las que no nos haremos cargo), libre de idiotas, moralistas de via estrecha, lameculos de nariz broncínea, pelotilleros de palacio y otros parásitos que, amén de molestar, no pagan nunca ni una ronda.
¿Es acaso el fundamento de tanta prevención que en nuestro modesto nombre se incluya el sustantivo Príncipe? ¿Y si es el de Beckelar, felizmente reinante en sus país de las galletas de chocolate? ¿Y si es el de Sissí? ¿Y si es el de Gales con sus orejas? ¿Por qué el Príncipe de Astucias debe tener algo que ver con el de Asturias? Él mismo, el de Astucias, ha dicho que su reino no es de este mundo. No debe la Fundación disculparse ante la Fundición. Ni el Ministro Soria debe perder un segundo del tiempo que dedica a cerrar minas y encabronar mineros en ocuparse de esta modesta troupe de fundidores de palabras. Enfunden sus sospechas y sus simpatías de manual de buenos demócratas y vuelvan ustedes a sus astucias dejándonos a nosotros en las nuestras. No desenfunden tanta artillería contra este humilde taller de provincias en el que no tenemos la suerte de tener ni un vasco o un catalán en nómina para atecharnos en el hecho diferencial y pedir la independencia. Déjennos fundar y fundir con la astucia de que disponemos, esa habilidad que, entre otras cosas, sirve a unos para engañar y a otros para evitar engaños.
Suyo afectísimo.
Jaime Poncela, fundidor de tercera.

Cuestionario

¿Por qué es tan importante la reducción de déficit público si nuestro déficit privado es ya insondable? ¿No merecemos un rescate quienes realmente estamos con el agua al cuello o los rescates son para quienes ya están salvados? ¿Por qué lo que se decide para la economía general no sirve de nada en la particular? ¿Se puede salvar a un pueblo a costa de sacrificar a todos sus habitantes? ¿Por qué se gastan millones de euros para pedirnos que votemos si nuestra opinión no sirve para nada durante los cuatro años siguientes? ¿Por qué esta gente que se llama a si misma “gente de orden” no hace más que provocar el caos en las vidas de tantas personas? ¿Por qué quienes dicen hablar en nombre de Dios provocan la blasfemia en tanta gente con su forma de actuar? ¿Por qué se nos asegura que todos estos inacabables recortes garantizan el futuro y, sin embargo, nadie es capaz de garantizarnos el presente? ¿Por qué nadie llama ultraderechistas a Gallardón, Mayor Oreja o Esperanza Aguirre cuando es lo que son? ¿Por qué se desahucia de su piso a un moroso en paro y no se juzga por desacato al obispo que se niega a cumplir una sentencia y readmitir a una profesora de religión que se casó por lo civil? ¿Y por qué es noticia que un obispo anuncie que donará parte de su sueldo y ha dejado de serlo que la Iglesia no pague el IBI como el resto de los mortales? ¿Por qué un presidente mentiroso no es inhabilitado a perpetuidad y Garzón se ha tenido que ir de España por hacer su trabajo? ¿Por qué se presume de una democracia “madura y participativa” y se temen, se reprimen o se ignoran las manifestaciones ciudadanas? ¿Cuánto tiempo podremos soportar que nadie nos conteste a tantas preguntas? ¿Cuánto tiempo habrá gente que siga viviendo gracias a la buena educación ajena?
El candidato que merezca mi voto deberá responder a este cuestionario sin creerme un débil mental. Muchas gracias.

Palabras reales

Gracias a esta debutante Fundición Príncipe de Astucias me he enterado de que el Rey de España y su séquito de mustios pelotas con dentadura de hiena sonriente expropian palabras. No se puede usar el dominio internáutico Fundición Príncipe de Astucias porque también es de ellos. ¡Qué grande es la democracia del embudo! Uno nunca tiene bastante, Majestad. Cotos de caza, tías buenas, negocios, todo pago desde la cuna hasta el panteón, chófer con derecho a colleja, mucama para los nenes, avión, palacio, palacete, yate, ya te oí, balandro, caballo para la hípica, palco, corona, prótesis de carbono (14), elefantes, osos y todo lo que se tercie alicatado hasta el techo. El mundo es suyo, Señor, y resulta que ahora usted y sus eficaces lameculos también quieren trincar las palabras de los demás, dominar hasta los dominios que son del dominio público, poner en el diccionario carteles de “prohibido el paso, propiedad real”. Como decía el clásico: “De Somió acá ye tó de mio pá. De aquí a Somió todo ye mió”. Con lo mal que se les da los Borbones hablar en público y resulta que son dueños hasta de las palabras que no les corresponden. ¿Las querrán para el discurso de Navidad?
Así las cosas, creo que Su Majestad debe ordenar a su querida nuera la periodista que haga una lista de palabras de uso regio que llevarán el marchamo de “proveedoras de la Real Casa” como quería poner en sus tabletas de turrones aquellos dos caraduras berlanguianos llamados Planchadell y Calabuig.
Por ejemplo, la palabra zarzuela queda expropiada para mención exclusiva de la residencia real. Los que vivan de las zarzuelas de marisco o de interpretar las del maestro Ruperto Chapí que se vayan buscando otro nombre para sus fritangas y sus músicas. Otrosí, nada plebeyo podrá ser calificado de real porque ese adjetivo es sólo aplicable a las personas, lugares, casos y cosas borbónicas. Quiere ello decir que el platónico y manido concepto de vida real sólo definirá la existencia de la Familia Real y allegados. Las otras vidas serán vidas a secas. Diremos, por ejemplo: “don Iñaki Urdangarín, balonmanista en sus inicios, es en la vida real un astuto defraudador”, o “don Juan Carlos de Borbón es, en realidad, hijo de un señor que tomaba güisqui en Estoril. En la vida real dedica su tiempo a la caza de elefantes”. Ahí lo ves. Y si a mi me da la real gana de decir que viva la República, deberé dejarlo en gana a secas so pena de multa y encierro en la torre de Marivent. Y las únicas reales hembras serán aquellas que pasen a formar parte de la comitiva regia. Será denunciable llamar así al resto de las señoras por muy mollares que nos parezcan. El epíteto chorizo se lo queda en propiedad don Iñaki, y Sofía dejará de ser el nombre dado a la capital de Bulgaria y será entronizado y customizado para uso exclusivo de nuestra sencilla, melómana y esquiva reina. Melchor, Gaspar y Baltasar serán Magos a secas, como Aramís Fuster, dejarán de proclamarse las reinas de las fiestas de Vitigudino, por poner un caso, y es probable que una bula papal retire a Dios el título de Señor para que sólo el Rey pueda hacer uso del mismo. En decretos posteriores se podrán expropiar y personalizar también las palabras capullo, zángano, vividor/a, trepa, papanatas o zampabollos.
En la Fundición Príncipe de Astucias queremos llamar a la generosidad de los pueblos de España para con sus monarcas y allegados. No tengan reservas, cedan palabras para uso exclusivo de la Real Casa (las de los demás están sin pagar, así que son irreales). Tal vez algún día se les haga el regalo de la última de la colección: exilio.

Plá

Ahora que en España somos unos palmados y tenemos que andar vestidos con ropa heredada, sacándole el dobladillo al sueldo y a los pantalones y poniendo coderas a los jerséis, van los catalanes y piden un traje nuevo. Porque ellos lo valen y se lo debemos, al parecer. Dicen que son víctimas de un estado llamado España y que no quieren seguir subvencionando a pobretes y muertos de hambre que se quedan en el paro a costa de las muchas hilaturas y botellas de cava que se producen en Manresa o en el Penedés. Ellos son las víctimas y los demás somos unos gorrones. Lo dicen en catalán, pero se les entiende muy bien porque hablan castellano en la intimidad o en el balcón cuando es menester que el mensaje circule rápido. Además, están representados por unos políticos de perfil muy fenicio que son capaces de negociar (otros lo llaman chantajear) con lo que sea y manejan como nadie la pose de dignidad herida con un cuadro de Tapies de fondo. Eso es lo que hicieron durante todos estos años: apretar la teta de los presupuestos Generales del Estado con sus votos en el Congreso, con una representación parlamentaria a todas luces desmadrada que daba mucho juego para poner contra la pared al gobierno de turno que estuviera en minoría. Así fue como Cataluña tuvo antes que nadie inmejorables conexiones ferroviarias con la meseta (Asturias aún espera por ellas), además de todo tipo de concesiones fiscales. Buena parte del progreso catalán se ha hecho con el sucio dinero de los españoles, con los currantes charnegos que trabajaron allí en lo que fuese y con una cantinela permanente de victimismo que ha funcionado hasta ahora. Lo mismo tienen razón y ellos merecen un trato mejor que el resto de los españoles. Ahora que las ubres del Estado ya no tienen nada que ofrecer a las colonias catalanas, ellos se calan la barretina y dicen que se van por donde han venido, que prefieren depender de Bruselas. Mi respeto para las reivindicaciones catalanas aunque me suenen oportunistas y alentadas a la vez por el pujolismo más rancio y un progresismo de tertulia radiofónica que aún cree que el nacionalismo es la vanguardia. Para no perderme en este cansino laberinto releo unas líneas escritas por Josep Plá en 1932. “Los políticos catalanes hacen grandes gestos, se ponen cada dos minutos la mano en el pecho, dan chillidos sentimentales y hacen unos terribles aspavientos de bondad. Todo el mundo pone los ojos en blanco, va con el corazón en la mano y canta confusas romanzas que hacen llorar”. Amén.