Ecce país

El doctor De la Riera, buena persona y amigo a pesar de ser dentista, reclama estos días en Facebook un respeto y menos ensañamiento general para con la octogenaria aragonesa que restauró (¿?) el famoso Ecce Homo de Borja. Dice el doctor, y con razón, que la voluntariosa mujer ha dado la cara y reconocido su error estético. Ella lo hizo por bien, pero una cosa es la realidad y otra son los deseos. Y añade con razón mi amigo el doctor que en este país en el que nadie apechuga con nada, donde todo cristo escurre el bulto, la culpa es viuda y se dice que la vergüenza era verde y la comió un burro, hay que aplaudir el gesto valeroso de esta pobre anciana que confundió su buena intención con los milagros. Puede que la fe mueva montañas, buena mujer, pero por ahora no hacer surgir artistas de un bote de Titanlux. Todo se andará, si Dios quiere. Pero a quien esta señora ha retratado bastante mejor que al Jesucristo azotado, es a una sociedad que huye de los errores propios para ensañarse con los ajenos. El mismo Rajoy, por ejemplo, o cualquiera de sus petulantes ministros, están dejando España y nuestras vidas como un Ecce Homo, una llaceria, pero todavía no les hemos visto salir a pedir disculpas, a poner algún paño caliente, a templar gaitas para que los ánimos no se disparen. Rajoy cogió un retrato desconchado de España prometiendo que él era mucho mejor pintor que ZP, que la restauración sería perfecta y que nos saldría gratis, como la vieja se lo prometió al cura párroco de Borja. La diferencia es que la devota de Dios y de la pintura amateur lo hizo de buena fe y acabó pintando un solemne cagarro, mientras que el maestro Rajoy sabía de sobra que no tenía talento, ni pinceles, ni pintura para restaurar España, pero siguió adelante hasta llegar a donde estamos. Poncio Pilatos era un mandado, un burócrata que pasaba por allí y permitió que Cristo fuera golpeado hasta en el DNI. Después salió al balcón con aquel hombre hecho unos zorros, dijo en latín las palabras mágicas “Ecce Homo” (“he aquí al hombre”) y se lavó las manos mientras el reo era llevado al matadero. Rajoy,  otro burócrata con mando en plaza, hace cada viernes los deberes que le mandan los bancos y Bruselas dejando que nos forren a golpes hasta en el cielo de la boca y por encima de nuestras posibilidades. Luego, el presidente sale al balcón del Telediario, se lava las manos y dice las palabras mágicas “Ecce país”. Me quedo con la anciana pintora.

Fotografía de Poncio Rajoy con Ecce Pais realizada por Angel Heredia

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