Mara

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Abrí la puerta buscando respirar y el primer viento pegajoso de la mañana me trajo noticias de tu muerte, Mara. Hay llamadas de teléfono que suenan como campanarios que tocan a muerto y dejan a uno sin brisa por dentro y por fuera. Aparté la silla de una patada, di un manotazo al ratón del ordenador y vomité hacia adentro palabras contra el autor o autores de esta maquinaria absurda, cruel y azarosa que mata a personas como tú y deja hacerse centenarios a tipejos que no llegaron a sacarse nunca el carné de seres humanos. Sabíamos que te ibas, que ya andabas por la vida como quien cruza un río pisando los bordes de las piedras que sobresalen de la corriente, a saltitos entre la salud y la enfermedad, con miedo a un paso en falso que llegaría en algún momento. Luego pensé que, en realidad, todos andamos por la vida pisando piedras medio hundidas sobre las que terminaremos por resbalar para no volver a levantarnos. La única diferencia es saberlo o ignorarlo, Mara, y tu intuías que todo ese trajín de médicos y venenos sanadores era el primer recorrido por un laberinto de difícil salida. Y a pesar de todo y de que la sospecha del final iba ganando terreno, no dejaste nunca de sonreír agradecida a las visitas, de apoyarte en la tutela firme y amorosa de tus amigas y tu familia, de disculpar los errores y las debilidades ajenas, de esperar contra toda esperanza hasta que el proceso de destrucción acabó siendo arrasador. El tiempo mata a nuestros amigos y nos deja en medio de un camino que cada vez es más estrecho y resbaladizo, que cada vez tiene menos señales que nos orienten en la niebla y menos manos que nos aparten del precipicio. El tiempo nos ha dejado sin ti, Mara, sin tus respuestas de Mafalda despistada, frágil y bien intencionada, sin tus cigarrillos imposibles, sin tu ternura hacia nosotros y hacia nuestros hijos, sin una compañera de tertulias a la que hacíamos rabiar porque todo acabaría en risas.

Salgo a la puerta a respirar y pensarte muerta me parece ofenderte, así que ven y quédate a descansar para siempre en nuestra memoria. Un beso de todos y perdón por este artículo que nunca quise escribir.

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3 pensamientos en “Mara

  1. Xaime, nun conocí a Mara, pero el to escritu despiertó en mí el sentimientu, malpenes tapecíu pa seguir viviendo, d’una perda insoportable. Toles mios condolencies amigu.

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