Indulto

En una ciudad cuyo perfil urbanístico ha sido destrozado metódicamente por la especulación durante décadas, deberían preservarse como oro en paño los vestigios de lo que fueron sus edificios históricos como se hace, por ejemplo, en San Sebastián o en cualquier ciudad que aspire a tener clase, personalidad y calidad de vida. El Ayuntamiento de Gijón, ciudad con una fachada marítima desgraciada por infames bodrios de hormigón con pretensiones desarrollistas, ha decidido ahora meter la piqueta a un grupo de antiguos edificios de la calle Jovellanos catalogados por su interés histórico. El delito de estos tres viejos caballeros de piedra y ladrillo que han sido capaces de resistir el tiempo, el salitre y hasta una guerra, es el simple hecho de no estar alineados con los demás, de estrechar la acera, un hecho arquitectónico  que a este singular gobierno municipal que presenciamos le parece merecedor de dictar la pena capital para los tres. Al parecer, serán sustituidos por tres marmolillos de ocho pisos de alto, tres bodrios más sin alma para rematar nuestra desastrosa fachada al Cantábrico, un horror consentido durante años para permitir que llenaran sus arcas algunos especuladores muy cercanos por ideología y familia a algunas gentes de esta pulcra derecha que nos gobierna.

Uno ha tenido la suerte de conocer ciudades de la costa atlántica francesa cuyos paseos marítimos y puertos mantienen el mismo aspecto y configuración urbanística que hace siglos. Todo eso después de haber pasado, entre otras cosas, por dos guerras mundiales. Cada vez que paseé por esas ciudades lamenté aún más el caótico aspecto de la fachada marítima de la mía. A partir de ahora voy tener tres razones más para ello si este Ayuntamiento persiste en la lamentable torpeza de hacer demoler tres edificios catalogados. Mandar a base de piqueta, prohibición, recorte o decreto es fácil, como vemos de manera constante por aquí y por allá. Lo difícil es tener imaginación y la conciencia clara de que gobernar en una ciudad implica dejarla mejor de cómo se encontró y eso incluye, por ejemplo, tener capacidad de indulto para alguna de sus exiguas señas de identidad. Si estos señores quieren dejar huella en Gijón que no sea la de un dinosaurio.

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