La huerta

Casi enfrente de la casa del cura de Vega, haciendo esquina con una caleya que se llama Camino de la Iglesia y otra que es el Camino del Cura, está la huerta de José Angelón. Él dice que ese pedazo de tierra bien trabajada es la huerta de Loli, pero Loli dice que es la de José Angelón. Queda constancia de las dos cosas. Con los años uno ha comenzado a darse cuenta de que una huerta es un paisaje perfecto para serenarse, para pensar menos en la crisis, y más en la esperanza. Una huerta es un mundo en miniatura en el que patatas, cebollas, fabes, lechugas o cebollas comparten sus respectivos espacios en paz, gobernados por personas pacientes que sudan cada centímetro cuadrado y saben apreciar lo que tienen. La huerta de José Angelón es un universo pequeño en el que las personas aún tienen fe en lo que cae o no cae del cielo y en lo que da la tierra si se sabe negociar con ella. No hay más misterio que el trabajo, la paciencia y el tiempo. Para ser un buen filósofo o, simplemente, una persona de provecho como se nos decía antiguamente, es necesario saber trabajar una huerta, saber lo que vale un pimiento, una mata de perejil o un poco de cebollino. Ser capaz de mirar a la tierra y de entenderla, es un saber que debe ser protegido para que nunca desaparezca. Los niños deberían conocer los misterios de una huerta antes de saber usar un ordenador o un teléfono móvil, porque aprender a plantar, regar, esperar, abonar, quitar malas hierbas, no fiarse siempre de las buenas, cuidar y recibir una cosecha, por pequeña que sea, es una forma de comprender lo que es la vida y como debería ser vivida.

 Las gentes que cuidan sus huertas con esmero deberían ser ciudadanos mimados por los ayuntamientos y los gobiernos porque guardan en sus manos el viejo secreto de la tierra, y la tierra y la vida deberían ser para quienes la trabajan, la entienden y la quieren. Cuando no haya gentes que sepan trabajar la huerta de José Angelón y todas las demás, el mundo será peor de lo que es.

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Un pensamiento en “La huerta

  1. Es una descripción firme, me inclino por añadirle el lenguaje con las lechugas y los fréjoles que a mí me salía cuando le daba a la fesoría y al trago del agua fresca. La identificación es un fuerte sentimiento. NATI

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