Tutela

A España le vendría bien un régimen de custodia compartida para tranquilizarse, como a los niños de padres separados, pero este está siendo un divorcio muy duro y por eso a los españoles se nos  está agriando el carácter y ya nos miran como a los alumnos más conflictivos del patio europeo. Los españoles nos sentimos abandonados. Nuestros padres parlamentarios ya han tirado la toalla porque dicen no poder hacer carrera de nosotros: nos echan en cara ser díscolos, gastizos y protestones. Todo porque queremos llegar a fin de mes, matricularnos en la universidad, tener las minas y los astilleros abiertos y no pagar las aspirinas. Qué familia, qué caprichosos. Además, las maternales ubres bancarias que nos dieron de mamar créditos hipotecarios de interés variable y a plazos tan masticables como un potito Bledine, se han quedado secas. No hemos terminado de crecer y nuestros padres y nuestras madres nos dicen que ya no hay dinero para comprarnos ropa de nuestra talla.

Los padres de la patria no se entienden con los hijos de la tierra que, cada día que pasa, se encierran en su habitación como adolescentes enfurruñados con tal de no ver el telediario y escuchar a los mayores discutir entre ellos y quitarles la paga de fin de semana porque no son capaces de ponerse de acuerdo ni en las visitas de fin de semana. De la pensión alimenticia, ni hablamos.

España es una jovencita con dolor de ovarios en Gibraltar, una espinilla a medio reventar en Euskadi, unas calenturas en Cataluña y unas tías abuelas que viven en Bruselas y se niegan a repartir la herencia en vida, y a soltar el aguinaldo. Son unas solteronas amargadas y tacañas con las que la quieren mandar a vivir mientras no haya un acuerdo de divorcio que ponga a salvo su futuro. Pero sus padres de la patria se han escapado con unas primas de riesgo bastante putas y la banca maternal que le dio la teta desarrollista, quiere fugarse con el primer chulo que le pague sus deudas y sus juergas. Así que no habrá custodia compartida para tí. Querida España, tus papis ya no te quieren. Hazte una minifalda con tu piel de toro y vete a hacer la calle. Es lo que te queda.

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